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  • Corazón roto

    No sé, a veces tengo dudas;
    si me quieres o no.
    Porque nuestros recuerdos me remontan al pasado,
    a aquel concierto que tocó mi alma.
    No sé la tuya,
    pero a mi me vibró
    -me latió-
    el ritmo cardíaco a mil por hora.
    Y en la calle no, no lloré de milagro.
    Aunque en casa…
    en la madrugada
    acabé explotando,
    llorando.
    Dolor, amor.
    Fue una herida que se ha quedado abierta y no cicatriza.
    Y duele,
    porque,
    no se cierra.
    -No se cierra-.

  • Quiero ser caos

    Pues yo quiero ser caos, otra vez.
    Meterme en un lío, o dos o tres -muy míos- y salir herida. O tuerta. Llena de muecas y cicatrizando el dolor, y el humor muerto.
    Que ya no quiero ser coherente, no.
    Quiero lo fugaz, lo amargamente dulce y, feliz. Que me mato, sí, me maté. Y no tirándome por un precipicio sino caminando sin rumbo a pasos limpios. Premeditados y calculados.
    No me vaciles. Quiero más. Volar y estamparme. Arrasar el suelo; caerme.
    Y caerme.
    Una
    y otra,
    y otra
    vez.
    Porque quiero, porque ya no puedo seguir siendo lógica, eso me está volviendo loca. No quiero la sensatez, la calidez de un día normal y corriente. De una monotonía tan -tan- monótona.
    Me estoy volviendo sensatamente muy lógica.

  • Libros que más me gustaron

    Las temáticas de libros que más me gustan son: thriller, realidad, fantasía, novela negra y novela romántica. A continuación os dejo una lista de libros que me marcaron al leerlo, que provocaron algo -un sentimiento- dentro de mí.

    Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago

    Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago fue un libro que me marcó y que se quedó dentro de mi corazón para el resto de mi vida. Me lo recomendó mi padre y acertó. Es un libro distinto, peculiar, que te hace reflexionar. ¿A quién se le ocurre escribir sobre algo así? A Saramago. Épico. Tenéis que leerlo, es brutal.

    4 3 2 1, de Paul Auster

    4 3 2 1 de Paul Auster es un libro largo que disfruté saboreando cada párrafo. Devoré cada página como si fuese la última del libro. Porque cuenta no una sino varias historias de personas -vidas de humanos-.

    Fue algo, un click hizo mi cerebro, y mi corazón. Se sintonizaron. Y qué bonito. Porque me hizo reflexionar, cuestionarme ciertas cosas e incluso me colapsó la mente dejándome pensativa no con uno sino con varios temas.

    Una corazonada me llevó hacia Auster y necesito más de ese escritor tan él con todo su ser. -Peculiar y que escribe desde su alma-.

    Flores en el ático, de V.C. Andrews

    Flores en el ático de V.C. Andrews me marcó fuertemente. Porque me lo leí a mis diecisiete años y en una época que, posteriormente, dejaría una huella imborrable en mí.

    Absorbí cada palabra, pensamiento e idea. Me quemó la cabeza, y el corazón. Me introducí en un mundo ajeno a la vida porque quería leer y no podía detenerme, evadiéndome del mundo y sumergiéndome en Flores en el ático.

    Se lee rápido y es fácil de entender, por eso mismo se puede leer en cualquier momento. Ya sea entre semana, durante un finde o en vacaciones. Lo más probable es que os quite el sueño y necesitéis devorarlo y no podáis parar.

    Trilogía de Jojo Moyes

    Esta trilogía de Jojo Moyes me cautivó enamorándome y rompiéndome el corazón en pedazos a partes iguales.

    Es importante leerlo porque de él se aprenden valores los que no te enseñan en la escuela y los aprendes sin querer a lo largo de la vida.

    Es una historia hermosa, que no decepciona y donde abunda una tristeza profunda, llena de caos, inseguridades, certezas y confusión.

  • Días de sol

    Días de sol
    y esa lagrimilla que cae.
    Un poco de corashe roto,
    sombra y luz
    y en blanco y en negro.
    -Vintage-.

  • Corazón roto y partio’

    Me parto el corazón por ti,
    estoy aquí
    rota y llena de heridas.
    Salí en busca de un pedazo tuyo
    y acabé desgarrándome entera.
    Te esfumaste
    perdiéndote en aquel par de ojos
    -no míos-
    sino de ella.
    Aquella jovenzuela,
    ahora,
    convertida en mujer.

  • Ansiedad

    Sé lo que se viene, la detecté tres años atrás y, bueno, ahora la llevo dentro y duele. Como cuando te arrancan el aire y te quedas sin respiración no un segundo, sino un minuto. Como cuando te presionan el pecho con preocupaciones sin sentido que van pasando por tu cabeza constantemente. Y donde está tu corazón se empieza a vaciar toda la sangre. Ahí, a pedazos, comienza el hueco. -El vacío-. Ansiedad, bienvenida. Te abro las puertas a mi vida. Te quiero, a ver si así te vas. Y se va, pero poco a poco va aprisionándote los pulmones. Las rosas que salían de ellos ahora son piedras grandes y pesadas. Que pesan, y pesan.
    Pensar y sentir. La tristeza llega apoderándose de todo tu ser y, luego, el llanto que es como que quiere salir y no puede. Se queda estancado en la garganta. Y es cuando comienza el caos emocional. Uno que no tiene marcha atrás. Que aunque lo eches, regresa. Porque sí, por amor al arte todo esto te supera. Intentas respirar, -intentas-. No puedes. No, no puedes. Querer quieres. Y tiemblas de temor. Y sigue, sigue, sigue asfixiándote. Sea el tiempo que sea lo estás sintiendo con todo tu ser: alma, mente y cuerpo.
    No te mueres porque ya lo estás, y del milagro -susto- sale tu mirada angustiada que se pasea por las calles con la alerta activada. Que ya no vive calmada. Que la sensibilidad arranca y no para, no para.
    Todo pasa, sí, y vuelve (a pasar) arrasando.

  • ¿Por qué?

    ¿Por qué lloraste el otro día?
    ¿Qué fue?
    ¿Rabia?, Fiera acumulada.
    O dolor, o temor.
    Puro desamor. Triste querer y no poder. Y hacer errores, serlos.
    Que la vida, -la vida- está llena de miseria. Y créeme: podrás.
    Con esto y todo lo demás.

  • Días primaverales

    Me estoy imaginando a mí en el mar con aquel vestido rojo de flores que ya no tengo, que se encogió en la lavadora. Como la vida misma -que se encoge y ya no vuelve-. El tiempo, los días, minutos y segundos se van. Se van diciéndote «adiós». Y tú ahí sufriendo por si eso o por si lo otro. Oye, escúchame. Levanta esa cabeza y camina. Cantando o llorando, es igual, pero avanza. Y aunque pienses -y sientas- que retrocedes, no te detengas.

  • Gracias, pero no

    Estoy mal, no hace falta que preguntes pero gracias. Por tu amabilidad, por tu cordialidad, por tu interés. Ha sido muy descortés y desolador. No me preguntas nunca y, justo esos días, te pica la curiosidad.

    Mira niña -o mujer- la vida no funciona así, bueno, no debería. Porque son tres copas de vino con tus colegas o un JM con tus seres más queridos. Que sí, que la vida es un «emborrachémonos», una resaca de medio día y una muerte de mierda, inesperada. Como todos los sucesos que van y vienen consecutivamente. Créeme cuando digo que no quiero, que no me apetece o que, simplemente, no.
    Y llueve,
    llueve
    y llueve.
    A cántaros y cantando.
    Que duele;
    más a mar que a río. Es decir, hacia dentro y en bucle. A tornados y a remolinos sin fin.