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  • A veces…

    A veces no sé ni qué escribo. Otras, me leo un libro. Qué pesadez y cuanta sutileza en las palabras. Cuanta delicadeza.
    Créeme,
    siénteme,
    miénteme.
    Cuando me digas que me amas y me estés queriendo.

  • Cosiéndome las heridas

    Fui,
    yo,
    aquel sastre que se cosió la herida.
    Que le dolió más cuando se cerró
    que cuando estaba abierta.
    Porque nunca llegó a cicatrizar.
    Seguía sangrando,
    llorando.
    Y, arrasando el suelo,
    (la herida)
    sufrió más que amó.
    El peso del corazón,
    del amor,
    fue un calvario.

  • Vaciándome

    Imagínate,
    el acto,
    el bombardeo,
    la escena.
    Que parece ser buena,
    pero es más desastre
    -arte-.
    Quiero decir;
    tu un cuchillo en la mano izquierda
    ensangrentado
    y,
    yo,
    con el corazón fuera de mi pecho,
    hueco y deshecho.
    -A eso me refiero cuando digo que estoy vacía-.

  • A tiros con mi sombra

    Me lié a tiros con mi sombra.
    Y tanto,
    que ella se fue dejándome tirada,
    ahí,
    con el corazón en mano,
    sangrando
    y viviendo
    a tiempos iguales.

  • Tiempo perdido

    Cuando tienes que sacar de tu ser más interno la esperanza, el valor y la confianza para seguir. Para creer en ti misma cuando nadie ha creído en ti. Sí, porque ya es hora de empezar a creer y crear. A dejarse fluir y a arriesgar. Porque luego, cuando el logro sea un hecho, vendrán a buscarte, a quererte. Pero creéme que ya no habrá vuelta atrás ni tiempo que recuperar.

  • Complicaciones

    Soy complicada, lo sé.
    Y se me complica la vida, también lo sé.
    Pero la vida son dos segundos,
    tres cigarros
    y cuatro estaciones
    que en todas ellas pasa el amor.
    Para irse
    y no regresar.
    Porque las casualidades son momentáneas,
    efímeras.
    Si te encuentras con una de ellas,
    hazme un llama cuelga que,
    quizás,
    y sólo quizás,
    nos besamos mientras pasa el tren
    porque de antemano lo hemos alcanzado
    antes de que se vaya por el andén.

  • Adiós inspiración

    La inspiración ya no está, se ha caído, desvanecido, marchitado.
    Me encuentro aquí,
    queriendo florecer,
    renacer.
    Y duele no saber de qué escribir, no poder hacerlo.
    Porque… se fue.

  • La última curva

    ¿Ves la rotura al borde de la costura?
    Está rota y,
    o la cortas
    y muere
    o se va deshilachando,
    desangrando.
    Es mejor quitar el dolor de raíz que dejar que vaya rompiéndose.
    Así estoy yo,
    siendo la segunda opción.
    La mujer de la herida que sangra,
    con la cicatriz abierta
    y el corazón partido
    por la mitad.
    Intentando agarrar de frente la última curva de la carretera
    para luego estrellarse y matarse
    a cámara lenta.
    Pero, aún así,
    morir en el intento
    sin haberlo intentado.