Fuiste el poeta de mi versos,
el constructor de mis suspiros.
Y ahora estoy hartada de que me cortejes sin dejarme una salida.
Me estoy yendo allá, al cielo.
-Al cielo-.
Y no soy,
voy, voy.
Vuelo.
Y no es justo porque cuando desaparezcas dejando huella en mí moriré.
Moriré.
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Cicatriz abierta
-Me ahogo-
Asfixia,
de ti,
de mí.
Me duele la garganta de gritar tantos silencios,
en llantos,
en alientos.
Mata,
la vida mata.
Muérdeme el alma y,
luego,
vete.
Que te alejes dejándome destruida
siendo pasillo sin salida,
será como huir sin piedad.
Aferrarse a tu corazón como quien se agarra al dolor porque sí.
Estoy dolida,
demacrada
y el insomnio se pasea por mi habitación a partir de las doce de la madrugada.
Entra sin llamar,
ahogándome al mar.
-Ahogándome al mar-.Fuiste
Fuiste una escopeta,
una bala intacta.
Una flor marchita
llena de espinas.
La chimenea llena de cenizas,
una copa de vino tinto rota.
Fuiste;
en pasado e irregular.Ausentándome
Vaya sobredosis de tristeza,
ponme un tequila
que me agarro a la vida.
-Me agarro a la vida-.
Qué mirada maldita,
qué crueldad.
Tú no me has visto,
no me has visto.
¿Me alcanzas aquella copa y un cigarrillo?
La ceniza,
y yo.
La muerte,
y ellos.
Uno al lado de otro en la cuerda floja,
afloja, nena,
afloja.
¿Y quién me habló del dolor?
Con sólo un latido de mi corazón,
con uno sólo ya entendí.
Comprendí que no, no.Perdiéndome
Llorar sosteniendo un bolígrafo y con el alma perforada luego de haber plasmado todas las lágrimas en el papel. Surfear entre ahogos y suspiros que se quiebran. Sentirse náufrago dentro de un océano perdido por el mundo.
No poder seguir; romperse.
Torcerse,
salirse del camino.
Rebelarse y, después, estancarse.Grieta
Y sí, es la una de la madrugada y estoy aquí sola, llorando desconsoladamente y sin fe.
No tengo a nadie que me acaricie y me arrope en su pecho haciéndome sentir bien. Demostrando que soy querida.
Ya nadie está conmigo.
Porque dejo de ser perdiendo el norte. Y es triste y desolador.
Y el dolor me invade.
Vuelve ésta soledad en mí. Me estremece arrancándome la carne del corazón.
Soy vacío.Amándote
Y ya lo sé que con palabras no se enamora uno, pero yo soy más de acto de valentía que de fe. Porque hay que demostrar cuando estás y ser a momentos y espontáneamente.
Demostrar siempre no es necesario, sólo lo es cuando eres con alguien en aquel preciso instante.
Y ya lo sé que muchos hablan y pocos hacen, pero hay que sentir con el corazón y hablar con suspiros.Deshojándome
Y es que a veces uno se agarra al dolor, que se engancha sin querer en el corazón, incrustándose sin ton ni son.
Lo siento, amor, pero soy de las que quema el libro directamente hasta hacerse cenizas. De las que mira a los ojos al miedo y se lo come a bocados. Porque muchos hablan de desamor y pocos lo sienten, pero yo, yo no voy a tolerar ni a consentir.
Te voy a dejar sentir que ya no eres sin mí, pero si vas a alejarte dejándome aquí sola, plantada como una rosa roja, mejor agárrate fuerte porque va a dolerte.Querido amor mío,
te escribo esta carta por algunos recuerdos que me vinieron a la mente, justamente de aquellos primeros días donde nos estábamos conociendo.
¿Te acuerdas de aquel día justo cuando la noche empezó a amanecer? Que estábamos en el Parque de pie, tú a punto de irte y yo, con ganas de más. Y te dije, agarrándote delicadamente el brazo: «No, espera.» Justo ahí nació un sentimiento extraño en mi interior y, por eso mismo, mis impulsos salieron a luz mientras que mi mente se quedaba en blanco completamente.
Porque gracias a ti volví a sonreír.
Fue una época dura, comencé una nueva tapa y, con ella, un nuevo mundo. Todo se torció a mediados de Noviembre. Fue aquel momento de duda e incerteza donde todo cambió dando un giro radical.
Aquel chico tan idiotizado desapareció de un segundo para otro y, tú, apareciste, teniéndome presente constantemente, durante aquellas tres semanas.
Llegó el quince de Diciembre y con ello una claridad profunda. La oscuridad desapareció.
Y, yo, acojonada al amor, al sufrimiento y al dolor. Y, tú, creando actos de valentía en mí, reconstruyéndome del poder de morir en un intento suicida de fe. De creer y no ser, y ser.
Gracias por ser conmigo,
te quiero para amarte.