Categoría: Recursos para escritores

  • Proceso creativo de “Aurora”

    Proceso creativo de “Aurora”

    Escribir Aurora fue un proceso intenso y exhaustivo que contuvo un proceso creativo bastante largo lleno de cambios, de irregularidades y descensos. Y ahora que me pongo aquí a describir aquella experiencia, aquel proceso creativo, me quedo hueca de mente, así, en blanco, siendo la tabula rasa, porque se me escapan las palabras. Supongo que arrasan o quizás se difuminan o nunca llegaron a aparecer.

    Entonces, se soltaron o cayeron a borbotones. ¿Quizás de golpe? No lo sé. Tampoco recuerdo bien cómo se inició aquel bocajarro de miseria rota, solo sé que de una herida, casi imperceptible, se incendió la llama de un vacío existencial: un fracaso monumental.

    ¿Qué pasa cuando toda tu vida es una fantasía ilusa? Cuando lo que creías real se convierte en irreal y a la inversa, entonces… ¿Hacia dónde te diriges? ¿Y cómo te mueves? ¿Por impulso del declive? Ir cayéndose mientras, una misma, se va creyendo y creando… ¿Pero el qué? Quizás, era, sin querer, tu proceso emocional, ese in crescendo del “voy viendo”. Ese que estabas esperando, sí, te llegó y de un portazo te reubicó, te plantó aquí dentro, en este presente que parece tan ausente…, pero que es real, que es tu pura y cruda y dura realidad.

    Así que si te apetece hundirte en otro hueco extraño y bien amargo, léete Aurora. Quizás te reencuentras en otras formas abstractas, o no. ¿Quién sabe?

  • Proceso creativo de “Descendent”

    Proceso creativo de “Descendent”

    Descendent es una obra en catalán, una de las primeras de las cuales me aventuré a escribir. Iniciada por allá en el dos mil dieciséis, editada dos años más tarde y, finalmente, publicada en el dos mil veinte. Fue, y sigue siendo, una de mis historias favoritas, no por cómo está escrita, sino por lo que viví, por lo que sentí en aquellos años tan intensos y extraños. Al fin y al cabo, todo lo que escribo, o describo, se centra, se fundamenta, en mis sensaciones ya sean más o menos verdaderas, aunque todas son, destacadas, básicamente, por su honestidad y no con los demás, no, pues cuando coloco palabras que se van entrelazando entre ellas, queriendo y sin querer, lo hago partiendo de mi ser interior, sí, desde mi corazón que va sangrando a herida o carcajada abierta. ¿Me explico?

    Cabe precisar que orgullosa de mi pluma, por aquel entonces, no lo estoy, y nunca lo estaré, pues los escritores, al igual que los seres humanos, crecemos y vamos evolucionando, transformándonos. Así que, tal como florezco y me marchito, así nacen y se van yendo mis textos: avanzando, retrocediendo, queriendo o dejando de quererse. Quiero decir, que de alguna forma, ya sea más o menos abstracta, se van construyendo y, al mismo tiempo, destruyendo. Perdóname si con ello acabas de perderte… Es lo más común, o no.

    Por aquella época, bueno…, no me recuerdo entera ni tampoco derecha. Me visualizo, desde un cariño extraño, como una niñita enferma, tocada de pies a cabeza por un delirio de grandeza. Y, de allí, de aquellos sueños sombríos nació la novela…

    Adjunto el prólogo, que dice así:

    Vull desaparèixer. Vull marxar, lluny d’aquí. Anar a un lloc, aquell que només existeixi per a mi i per a ningú més. Allà, enmig de la soledat. On ningú em pugui trobar, on no pugui trobar a ningú. Vull perdre’m, perdre’m per un temps infinitament infinit. Vull no tornar mai i quedar-me allà per sempre més. Vull anar en un món on no hi hagi ningú que et critiqui, ni que et jutgi pel que fas o el que dius, on puguis ser tu mateix i oblidar-te de tothom. I també vull plorar sense parar. Que per cada gota que caigui dels meus ulls s’esborri una tristesa, un mal moment i així successivament fins a poder oblidar tot el meu passat sencer. Per poder començar de nou una nova vida i tornar a ser jo, la que era fa temps. Però no vull tornar aquí, en aquesta merda món, sinó en un altre, en aquell on només existeixi jo. On pugui fer qualsevol cosa en qualsevol moment sense preocupar-me pel que puguin dir els altres. Que pugui ser feliç cada dia, sent jo mateixa, amb tots els meus defectes inclosos. Que hi hagi derrotes i victòries per igual. On la felicitat sigui necessària per viure i on la tristesa sigui un delicte.

    Y mi cuestión es la siguiente: ¿Puede alguien, en su sano juicio, expresar de forma fiel y literal lo que va saliendo en sus pesadillas? Quizás sí, o quizás… Bueno, lo dejo en el aire.

    Pd.: Gracias por leerme, por estar y por ser conmigo.

  • Proceso creativo de “Horas”

    Proceso creativo de “Horas”

    Me recuerdo a mí, no en mi época quinceañera, si no en mi faceta de ir describiendo cómo me sentía por aquel entonces. El insomnio era más grande que yo, por eso ese título tan preciso, bueno, así fui denominando cada texto: antes de plasmarlo, escribía la hora en la que lo empezaba. Y de ese barullo apareció Horas. También me recuerdo a mí en aquel dilema y dentro de aquella naturaleza. ¿Sería el verano del dos mil y poco? Allí, en Asturias, fue donde se incendió, y me ahogó, la oscuridad, y una tristeza inmensa. Dicen que de esta nace el arte, dicen. Y, yo, digo, una verdad, muy mía, sí, que fue uno de los instantes en que me morí en vida. ¿Qué significará cuando una se siente sumida y perdida en su propia miseria? Que, quizás, se muestre vívida, aunque descolorida y a rebosar de sombras grisáceas. Cierto, por aquellos días fui incapaz de percatarme y ahora que me pienso, en un pasado ya efímero, me agradezco. Aún así, sigo recreándome en ese sentimiento tan intenso. La adolescencia te hará más fuerte, si no te asesina antes. A mí me salvó, un poco, el acto de escribir, de poder, después de sentir, narrarme a mí. El posteriori, sin querer y a cámara lenta, va apareciendo, para hacerte ver la realidad, ya sea mirándola de reojo o chocándote contra el suelo. Parecerá la úlitma vez, pero no lo será, porque te caerás otra vez, y otra, y otra. En eso consiste ir escribiendo.

    Y, hablando del después, cabe aterrizar, aunque una acabe del revés, en el preciso momento cuando se saca toda la miseria del corazón y, decide, definitivamente, publicarlo. Desde mi perspectiva, cuando sale el texto, cuando ya ha nacido, crecido, brotado, fallecido…, cuando ya ha sido reescrito, eliminado, borrado o fulminado…, o todos a la vez, pues a la escritora en sí le pertoca liberarse. En eso consiste, justamente, publicarse: en librarse. Mostrarse al exterior es un acto de fe deshecho, pues con ello estarás mostrando tu interior. Si lo hiciste con un impulso intermitente y, además, desde tu más querídisima sinceridad, lo lograste: ya puedes seguir odiándote. Qué pena que los verbos sigan inertes moviéndose en esa quietud tan candente. Sé que es raro.

    Una vez más me he vuelto translúcida entre las palabras, pues he intentado… yo lo he intentado, y al final, me he metido en la metáfora, personificándome. ¿Cómo me voy? ¿Cómo me despido de ella? Espera, si soy yo misma: la poeta, la bucólica. ¿O la qué? La nada, tal vez. Bueno, pues en eso consiste ir armándose entre coletillas y pausas y acentos mal puestos. Todo se adecua en este contexto tan inédito.

    Resumiendo, como si eso fuese posible, que no lo es…, una vez más no sé hacerme publicidad. Tan sencillo como explicar un proceso creativo y estar creando algo extraño. El caso es que si te viene a la mente tu imagen, tu panorámica de tu yo-poético roto y lleno de ensueños, paséate por mis escritos y me cuentas qué te han producido.

  • Lo que he aprendido sobre mí misma cuando escribí “Burlando el tiempo”

    Lo que he aprendido sobre mí misma cuando escribí “Burlando el tiempo”

    Absolutamente nada. Durante el proceso de escritura creativa, de sacar la miseria y lo que llevo dentro no he aprendido nada. Ha sido después, el posteriori, precisamente los momentos en que, por arte de magia, o de casualidad, he decidido leerme. Cuando una escribe, se está describiendo varias veces y es una inconsciente, pues su mente, demente, y sus emociones, están tan a flor de piel, a rebosar, que van surgiendo a bocajarro o de vez en cuando. Si no me explico, ahora te lo preciso: para poder intentar entenderse a una misma es muy necesario releerse, seguidamente de que el corazón se dedique a bombardear y a ir estallando. La picardía llega más tarde, y el acto de encajar las piezas, de un ser que parecía extraño, del yo-poético, y metafórico, arrasa siempre, al cabo de, aproximadamente, un daño, o varios. Y ese proceso, ese transcurso largo, va acotando, donde las coletillas, y las colillas, quiero decir, las comillas, colisionan entre ellas y deciden, no sé cómo, deslumbrarse, pero hasta cierto punto, pues si estallan demasiado, luego el milagro se distorsiona, de tanta ilusión. Luego es complicado explicarse. Narrarse es otro asunto.

    Cierto, he escrito muchísimas palabras, todas sacadas de mis corazonadas, más o menos, qué más dará. Y a raíz de estas he creado, también eliminado, y he regresado para plasmar. ¿El qué? Te preguntarás, ¿Verdad? Ni yo quiero saberlo. El suceso acaecido por allá en el dos mil veinte, y tantos, porque aunque la cosa llena de letras, ¿qué será exactamente? El tema es ese, justamente, una caja que parecía muy cerrada, imposible de abrirse, pues se fue abriendo, tan temerosa, tan delicadamente rabiosa, que me hundí, que caí, otra vez, en aquel agujero oscuro. Me delató la mirada, la mía. Lo que decía, que nació Burlando el tiempo, y allí, en aquel vaivén, entre las nubes grisáceas y los atardeceres de colores indescriptibles, me quedé.

    Entonces llega el ¿Y luego qué? Que pude descifrar, y definirme. Bueno, considero que no soy solo un yo, sino varios y, que, en esta existencia vital, seré muchos más y he dejado de ser otros. En esta escasa novela puedo concretar dos: el inédito y el editado, el real y el surrealista y, entre todos ellos, cabe destacar el núcleo principal: cómo me derrapa la ilusión, la hermosa metáfora, para luego dejarme la cara y las manos ensangrentadas de purpurina dorada. Por eso es tan deliciosa, por eso es tan querida, por eso viene con las ansias y las malditas ganas de dejarte con más.

    Ahora soy yo, ahora estoy aquí, en una pequeña fotografía, en una instantánea momentánea. Estoy dentro del proceso, ni el del futuro ni tampoco el del recuerdo, sino el mío, el del presente. Y quizás, solo quizás, así defino o dejo de definir Burlando el tiempo. No es que sea complicado, es que, sencillamente, he pasado, me he traspasado (a mí misma) y he arrasado, porque me he convertido y me he transformado después de ir herida, de ser la herida, en la florecida. Gracias, querida, por ser tu misma.

  • El modo, por Gérard Genette

    El modo, por Gérard Genette

    Introducción

    Gérard Genette en el «Discurso del relato», nos explica cómo funciona el modo. En la entrada anterior hemos introducido los conceptos sobre el orden, la duración y la frecuencia del relato, pero nos faltaba el modo. Así que, a continuación, nos centraremos en desarrollarlo.

    1. ¿Qué es el modo?

    Para empezar, el modo es el verbo, que cambia según el punto de vista. Cabe destacar que el objetivo del relato es contar una historia.

    En el relato, la narración tiene diferencias graduales, que son expresadas por la variación de modales. Entonces depende de distintas perspectivas.

    2. Las tres clasificaciones

    A lo largo de la historia de la literatura, surgieron varios problemas para explicar e intentar agrupar los modos narrativos. Así pues, hay varias clasificaciones. Explicaremos tres: según Platón, según Bertil Romper basada en la tipología de Stenzel, y una última, simplificada en tres términos.

    La primera clasificación, la de Platón, se centra en relato puro versus la mímesis.

    • El relato puro es la narración donde el poeta habla en su propio nombre siendo él. Depende de la relación entre emisor-receptor. Y consiste en decir lo máximo con el mínimo de palabras posible. Por tanto, es un relato de sucesos.
    • La mímesis (imitación) es la narración donde habla el personaje a través del poeta. Se trata de una imitación absoluta. Consiste en ofrecer la máxima información con el mínimo informador. Para ello, hay tres estados del discurso:
      • El discurso narrativizado que es el discurso relatado. Se caracteriza por narrar un suceso puro.
      • El discurso transpuesto al estilo indirecto que es aquel discurso donde el lector lo puede interpretar a su libre albedrío. Por tanto, es poco fiel.
      • Y el discurso mimético, metodología rechazada por Platón, que es donde el narrador cede de forma literal su discurso al personaje. Ejemplos claros son la epopeya y, a posteriori, la novela moderna. Dentro de la mímesis, en el género dramático, de finales del siglo XIX, surge la «mímesis de doble grado», es decir, la «imitación de la imitación». Así pues, en aquella época de finales de siglo la escena novelesca se consideraba como la «copia de la escena dramática». Lo podemos denominar como «monólogo interior» o, mejor escrito, como discurso inmediato.

    La segunda clasificación por Bertil Romper en 1962, basada en la tipología de Stenzel, la cual retoma, se divide en varias perspectivas.

    • El relato con autor omnisicente, donde el narrador lo sabe todo porque conoce los pensamientos, sentimientos y acciones de todos los personajes, incluso los hechos pasados y futuros.
      • Ejemplo: el narrador de Los Miserables de Víctor Hugo.
    • El relato con punto de vista, donde el narrador limita su conocimiento a la perspectiva de uno o varios personajes. Por tanto, narra lo que ese personaje ve, oye o siente, creando un efecto de cercanía y subjetividad.
      • EjemplO: en Madame Bovary, la narración se filtra mediante la mirada de Emma y su entorno.
    • El relato objetivo, donde el narrador actúa como un observador externo porque describe solo lo que puede verse o escucharse, sin acceder a la mente de los personajes.
      • Ejemplo: en varios cuentos de Ernest Hemingway, el narrador relata acciones y diálogos sin entrar en pensamientos.
    • Y el relato en primera persona, donde el narrador participa en la historia y la cuenta desde su propio punto de vista («yo»).
      • Ejemplo: en El guardián entre el centeno Holden Caulfield narra su propia experiencia.

    Y, la tercera clasificación, es la simplificada en tres términos.

    • La perspectiva subjetiva es donde el narrador sabe más que el personaje.
    • La perspectiva neutra es donde el narrador sabe lo mismo que el personaje.
    • La perspectiva objetiva es donde el narrador sabe menos que el personaje.

    Finalmente, las focalizaciones, un recurso retórico, son una de las subclases dentro del mundo del discurso del relato. Hay tres tipos:

    • El relato no focalizado o con focalización cero. Se encuentra en el relato clásico.
    • El relato con focalización interna. Se encuentra en la novela de carácter espistolar.
    • El relato con focalización externa. Se encuentra en la novela histórica.

    Además, las focalizaciones pueden alterarse, porque son «infracciones aisladas», según Gérard Genette. Hay dos tipos: la paralipsis y la paralepsis.

    • La paralipsis es la anticipación del «héroe focal«, donde el narrador lo disimula al lector.
    • La paralepsis es el «exceso de información y consiste en la incursión de «la conciencia de un personaje (…)»

    3. ¿Para qué sirve el modo?

    El modo es otra de las características que sirve como forma de análisis del relato desde el enfoque teórico basado en Gérard Genette. Por tanto, es útil para analizar cómo se cuenta una historia.

    Mientras el tiempo organiza los hechos (orden, duración, frecuencia), el modo determina la forma en que esos hechos son percibidos: qué se muestra, qué se oculta, desde qué perspectiva emocional o cognitiva se filtra la narración.

    4. ¿Cómo aplicarlo a la escritura creativa?

    En la práctica, el modo narrativo es una herramienta fundamental para construir la voz y la experiencia del lector:

    • Permite decidir desde dónde se cuenta la historia (narración omnisciente, interna, objetiva o en primera persona).
    • Ayuda a controlar la distancia narrativa: si el lector está dentro del personaje o si observa desde fuera.
    • Facilita crear efectos de empatía, misterio o tensión, según la información que se ofrece o se retiene.

    Por ejemplo:

    • Un modo omnisicente puede generar profundidad moral y amplitud temporal.
    • Un modo interno o con punto de vista intensifica la identificación emocional.
    • Un modo objetivo produce realismo o frialdad deliberada.

    Conclusión

    En resumen, el modo es una de las categorías fundamentales de análisis narrativo según el enfoque teórico de Gérard Genette, junto con el tiempo y la voz.

    Y además de su valor analítico, es una herramienta práctica de creación, porque conocer el modo te permite elegir cómo contar para lograr el efecto que buscas en tu lector.

  • El arte de contar: orden, duración y frecuencia del relato

    El arte de contar: orden, duración y frecuencia del relato

    Introducción

    En la siguiente entrada nos centraremos en el ensayo «El discurso del relato» de Gérard Genette, teórico literario francés del siglo XX, quien se enfocó en explicar la narratología desde un punto de vista formal, porque se centra en el formalismo ruso y el estructuralismo francés.

    El formalismo ruso fue el movimiento que inauguró la teoría literaria del siglo XX, aunque fue breve, a causa de motivos políticos.

    El estructuralismo francés fue la escuela dirigida por Ferdinand de Saussure, posteriormente desarrollada por Lévi Strauss. Básicamente estudia varios sistemas divididos en elementos que están relacionados entre ellos.

    Así pues, aquí no explicaremos de dónde proviene la literatura si no que ofreceremos varias herramientas para poder comprender, analizar y aplicar en nuestro discurso narrativo, desde una perspectiva objetiva.

    1. Concepto del relato (3 sentidos principales)

    El relato se puede utilizar en tres sentidos principales: desde un uso común, desde un uso corriente y desde el uso más antiguo.

    En el uso común relatar consiste en enunciar narrativamente donde el relato se va construyendo por un suceso o diferentes sucesos. Un ejemplo es «El relato de Ulises» en la «Odisea».

    En el uso corriente el relato está formado por una sucesión de acontecimientos ya sean reales o ficticios. Un ejemplo son las aventuras de Ulises tras la caída de Troya.

    Y, en el uso más antiguo, relatar significa narrar, donde alguien cuenta algo. Ese acto es una enunciación narrativa. Como ejemplo tenemos a Ulises relatando sus aventuras ante los feacios, que eran aquellos pueblos con ciudades amuralladas y campos cultivados.

    2. Objeto de estudio: discurso narrativo

    El escritor y crítico francés del siglo XX, Marcel Proust, importante revolucionario de su época en la literatura, la filosofía y la teoría del arte, analiza el discurso narrativo clásico y su funcionamiento. Para ello estudia el discurso en sí, es decir,  el texto narrativo: los acontecimientos que se relatan, relaciona el discurso con su producción y desarrolla tres conceptos clave (historia, relato y narración).

    En primer lugar, el discurso narrativo está enlazado en cómo se produce tal texto. Entonces, esta producción se presenta o de forma real o de forma ficticia.

    • Producción de forma real: cuando alguien cuenta como, por ejemplo, Homero recitando en la «Ilíada».
    • Producción de forma ficticia: cuando dentro del propio texto el personaje es quien narra. Por ejemplo, cuando Ulises cuenta sus aventuras en la «Odisea».

    Cabe destacar que en ambos casos lo importante es el acto de narrar.

    En segundo lugar, los conceptos clave de la realidad narrativa son la historia, el relato y la narración.

    • La historia es el contenido narrativo, es decir, lo que sucede dentro de la narración. Corresponde a la diégesis, que son los acontecimientos, los personajes, los lugares y las acciones. Por ejemplo, cuando Ulises hace el viaje desde Troya hasta Ítaca, superando varias pruebas y aventuras.
    • El relato es el discurso, el significante de la historia, es decir, lo que la caracteriza. Por eso mismo, incluye la organización de los hechos, su orden, sus pausas… Por ejemplo, cuando Homero narra los sucesos de forma anacrónica y, para ello, va introduciendo analepsis y prolepsis.
      • Analepsis: retrospecciones. Es un recurso narrativo que interrumpe la historia para regresar al pasado y contar hechos anteriores al momento principal del relato. Por ejemplo, contar un recuerdo de la infancia del protagonista. (Salto al pasado).
      • Prolepsis: anticipaciones. Es un recurso narrativo que adelanta los hechos futuros respecto al momento de la narración. Por tanto, anticipa lo que va a ocurrir después. Por ejemplo, un narrador que anuncia el destino final de un personaje. (Salto al futuro).
    • Y la narración es el proceso en sí de contar, es decir, de narrar. Puede ser real o ficticio y, por tanto, se produce el discurso.

    En resumen, la historia es lo que sucede, el relato cómo se cuenta la historia y, la narración, es el acto de contar. Estas tres formas unificadas son el núcleo del análisis narrativo.

    3. Categorías narrativas, según Tzvetan Todorov (1966)

    Según Tzvetan Todorov, teórico literario búlgaro de los años setenta, quien se nacionalizó en Francia, define las categorías narrativas, clasificándolas en el tiempo, el aspecto y el modo.

    • El tiempo son las relaciones que hay entre el tiempo de la historia y la del discurso. Por tanto, son cómo se ordenan, alargan, acortan o repiten los acontecimientos en el relato. Un ejemplo es cuando Ulises cuenta retrospectivamente (analepsis) sus aventuras después de la caída de Troya. En este caso, el orden es anacrónico: la cronología de los hechos es irreal.
    • El aspecto es la forma en la que se percibe la historia por el narrador. Tiene relación con el punto de vista, es decir, lo que se narra y lo que no y desde qué perspectiva. Por ejemplo, en «Madame Bovary» de Gustave Flaubert, los sucesos son vistos desde la protagonista Emma, por tanto, son hechos subjetivos, vistos desde una mirada romántica y frustrada.
    • Y el modo es el tipo de discurso del narrador que abarca los distintos grados entre el narrador y lo narrado. Por ejemplo, en «Crimen y castigo» de Dostoievski, el narrador va alternando entre el estilo omnisciente (modo directo) y la introspección psicológica de Raskólnikov (modo cercano al personaje).

    Así pues, el orden, la duración y la frecuencia equivalen al tiempo. El tiempo y el modo equivalen a la relación entre la historia y el relato. Y la voz es la relación entre la narración, el relato y la historia. Resumiendo, el tiempo es cómo se organizan los hechos narrados, el aspecto cómo son presentados y, el modo, cómo se expresan.

    4. Orden narrativo

    La relación que hay entre el tiempo de la historia y el tiempo del relato incluye el orden, la duración y la frecuencia. Para ello se utiliza el recurso narrativo denominado como anacronía, un recurso literario tradicional. La anacronía es la alteración entre el orden de la historia y el relato. Hay dos tipos: la analepsis y la prolepsis.

    • Analepsis (retrospección), que consiste en mirar al pasado, que se subdividen en grupos: la interna, la externa y la mixta y en si son completas o parciales.
      • Analepsis externas: sin interferir a la acción principal.
      • Analepsis internas: interfieren. 
        • Analepsis internas completivas: rellenan espacios en blanco.
        • Analepsis internas repetitivas: reiteran lo ya narrado.
    • Prolepsis (anticipación), que consiste en mirar al futuro.
      • Prolepsis externas: anticipan hechos después del final.
      • Prolepsis internas: cruzadas con la acción principal.
        • Prolepsis internas completivas: llenan espacios en blanco del futuro.
        • Prolepsis internas repetitivas: anuncian qué va a pasar.

    5. Competencia del lector y del autor

    En definitiva, el lector debe ser capaz de identificar anacronías, reconocer anticipaciones y retrospecciones y, por tanto, saber descifrar el código narrativo que organiza la historia. El autor, por su parte, tiene la libertad de jugar con esas expectativas, porque puede manipular la narración, crear falsas pistas o incluso engañar deliberadamente al lector mediante recursos narrativos. Concluyendo, el lector es quien interpreta y reconstruye, y el autor, en cambio, quien manipula y conduce.

  • ¿Cómo caracterizar a un personaje?

    ¿Cómo caracterizar a un personaje?

    1. Introducción: la importancia de la caracterización

    Para empezar, caracterizar significa construir la identidad de un personaje, que va más allá de la descripción física, porque incluye su personalidad, sus motivaciones, sus relaciones y su evolución. Así pues, gracias a la caracterización se pueden crear personajes verosímiles.

    2. Tipos de caracterización

    Hay dos tipos de caracterización, la directa y la indirecta. La caracterización directa, es aquella donde el narrador, incluso el propio personaje, ofrece información explícita sobre el personaje. Por ejemplo, «Era una mujer introvertida, creativa y con tendencia a que su mente se fuese por las nubes constantemente». Las ventajas de la caracterización directa son la claridad y la rapidez, porque se expresa sin tapujos y sin irse por las ramas. Aunque los riesgos que tiene son el poco dinamismo y exponer demasiado al personaje que se está describiendo.

    En segundo lugar, la caracterización indirecta, es aquella donde el lector tiene la capacidad por deducir los rasgos del personaje descrito a través de acciones, diálogos, pensamientos o reacciones. Un ejemplo es aquel personaje que mira detenidamente y anota en su libreta informaciones que para este son relevantes. Eso significa que es un personaje observador e introvertido. Las ventajas de la caracterización indirecta son la naturalidad, porque así el lector está implicado dentro de la narración, aunque podría llegar a ser demasiado sutil si no se equilibra bien y, entonces, el lector podría llegar a perderse.

    3. Técnicas según tres enfoques teóricos

    Según el primer filósofo, Aristóteles, representado por la teoría clásica, expresa en su obra la Poética, que en el drama los personajes son definidos por sus acciones, es decir, por lo que hacen y, consecuentemente, así son.

    Se basa en cuatro cualidades que son la bondad, la adecuación, la verosimilitud y la uniformidad, que sirven en la trama para manifestar la decisión que escoge el personaje ante varias situaciones y complicaciones.

    Según el escritor inglés Edward Morgan Forster, su teoría narrativa se fundamenta en dividir los personajes en planos y redondos. Los personajes planos son los sencillos porque carecen de contradicciones y solo tienen una única idea central. Así pues, no cambian, no evolucionan en la trayectoria de la narración.

    En cambio, los personajes redondos son los complejos porque poseen distintas características y matices en su personalidad, provocando verosimilitud. Así pues, cambian, evolucionan en el transcurso de la narración.

    Por tanto, los personajes planos se equiparan a los «personajes secundarios» y, los personajes redondos, a los «personajes principales».

    Y, por último, según la psicología narrativa actual, varios teóricos contemporáneos argumentan que, cuando un personaje tenga más conflictos internos, contradicciones y evoluciones, significa que más creíble es. Uno de los ejemplos sobre un personaje verosímil es la protagonista de «Ha anat així» de Natàlia Ginzburg, una obra ejemplar, quizás poco conocida, que recomiendo encarecidamente leerla.

    4. Recursos para caracterizar a un personaje

    Para caracterizar a un personaje es imprescindible la descripción física y la psicológica, el entorno y su contexto, el lenguaje y su comportamiento y varias técnicas narrativas específicas, tal como explica Gérard Genette, que profundizaremos en su teoría en otra entrada.

    5. Metodología para construir un personaje

    Para construir un personaje se pueden usar varios trayectos como una ficha base con datos físicos, biográficos y psicológicos; la historia personal como su pasado, sus heridas emocionales y sus motivaciones; relacionar el personaje con la trama, es decir, cuestionarse qué papel juega en la historia; crear contradicciones entre lo que quiere y lo que teme y, finalmente, crearle una voz propia (cómo piensa, habla y actúa).

    6. Conclusión

    Desde mi punto de vista es interesante aplicar la teoría, aunque en la práctica, es decir, a la hora de escribir y de describir, no se usa, sino que la teoría se aplica a posteriori, una vez analizas lo que has narrado. Y, aquí, es justo el momento de editar, de reescribir, basándose en algunas de las teorías literarias y escogiendo varios recursos morfosintácticos y léxico-semánticos, además de figuras retóricas. Es divertido observar cómo una escribe y buscar similitudes o diferencias mientras te vas leyendo y te comparas entre otros escritores.

    En resumen, escribir significa soltar sentimientos y sensaciones a bocajarro, así que déjate llevar por tus emociones, luego ya borrarás y volverás a escribir y a eliminar y, probablemente, a empezar y nunca terminar. Saca lo que tengas dentro de ti, que luego ya tendrás tiempo de aplicar un poco de raciocinio.

  • Entre lo que piensan y lo que dicen: personajes con vida propia

    Entre lo que piensan y lo que dicen: personajes con vida propia

    1. Introducción: la profundidad del personaje

    En primer lugar, todo personaje realista va más allá de la descripción física. Para que sea rico son muy necesarios tanto los pensamientos como las contradicciones y las emociones con el objetivo de que el lector sienta que está frente a una persona viva. Así que cuanto un personaje és más incoherente, es más real, más humano, porque así somos, ¿No?

    2. El monólogo interior

    El monólogo interior son una serie de pensamientos y emociones internas. Tiene varias funciones: mostrar dudas, miedos y deseos ocultos; contrastar lo que el personaje piensa con lo que dice y hace (si es coherente o no), y crear intimidad entre el lector y el personaje.

    Básicamente, si se quiere usar esa técnica narrativa es esencial utilizar preguntas retóricas («Por qué sigo aquí?»), imágenes sensoriales (memoria, recuerdos) y, por último, la fragmentación, las repeticiones (de palabras, frases, ideas…), y los silencios (las eclipsis) que sirven para crear suspense o que el lector interprete a su libre albedrío.

    • Fragmentación: hacer saltos en la historia, explicar los sucesos de forma no cronológica, sin un orden líneal.
    • Repeticiones: volver a escribir palabras, frases o ideas.
    • Silencios: ecliplsis, saltos en el tiempo de la historia, para agilizar la narración y centrarse en lo esencial.

    3. Los diálogos externos

    Los diálogos externos son las interacciones con otros personajes. Tienen también varias funciones: mostrar cómo se construye la identidad frente a los demás, revelar sensaciones entre lo que se piensa y lo que se dice y dar dinamismo narrativo.

    Para ello se usan varias técnicas como el subtexto, el choque entre expectativas y respuestas y, también, el lenguaje corporal y los gestos que acompañan. Por ello es importante definir la caracterización de un personaje: características físicas, rasgos psicológicos y emocionales, comportamiento, habla y discurso, contexto social y cultural.

    4. La consciencia de sí misma (autoconciencia)

    Cabe destacar que el personaje siempre reflexiona sobre su propio ser porque reconoce sus contradicciones, se juzga, se cuestiona, se justifica y, además, busca un sentido, para él único, a lo que va viviendo. Así pues, la consciencia del personaje crea efecto en el lector porque humaniza al personaje, genera empatía y conecta emocionalmente con este y lo vuelve tridimensional (que tiene varias dimensiones), alejándose de todo arquetipo, aunque los cánones se repitan continumente siglo tras siglo.

    5. Integración de las tres dimensiones

    Las tres dimensiones necesarias para que un personaje sea completo son el monólogo interior, los diálogos externos y la autoconciencia. Sin ellos, el personaje se queda cojo. Por ejemplo, si el personaje piensa una cosa, dice otra y luego se reprocha a sí mismo… ¿Dónde está el conflicto interno? Pues el conflicto interno se refleja en la forma de hablar, de actuar y sentir.

    6. Consejos prácticos

    Así pues, es importante no revelar todo de golpe sino dejar espacio a la ambigüedad, usar contrastes entre pensamiento y acción, mostrar evolución (cómo se va transformando la voz interior con la historia) e ir revisando si el personaje se siente real, contradictorio. Aunque si escribes desde tu interior y con emoción, ya sabes lo que saldrá, ¿No?

    7. Conclusión

    En resumen, un personaje profundo es imperfecto, es decir, que es contradictorio, siente y se equivoca como todo ser humano. Así que el lector siempre conectará más con la vulnerabilidad que no con la perfección. Por tanto, la clave es darle voz interna, voz externa y voz consciente de sí mismo.

  • ¿Cómo escribo mis textos?

    ¿Cómo escribo mis textos?

    Pues, básicamente, dejando que el corazón vaya sangrando, brotando, latiendo al son de mis sentimientos.

    1. Punto de partida: la experiencia personal

    Para empezar, lo primordial es ir observando ya sea el entorno, a las personas, incluso a mí misma (parte bastante complicada) y a tus propios pensamientos… Para ello es necesario recordar sensaciones, imágenes, sonidos, olores y gestos.

    En segundo lugar, es esencial escoger una vivencia con carga emocional ya sea intensa, sutil o ambigua. Por ejemplo, un momento especial, un instante vivido con esa persona a la que quieres.

    Y, en tercer lugar, decidir cómo vas a narrar el texto si en primera o tercera persona, si desde un narrador omnisicente o desde tu yo-poético.

    2. Conexión emocional

    La conexión emocional es también importante: identificar qué emoción es la central (amor, dolor, tristeza, felicidad…). En mi caso, la identifico después de escribir el texto, justo cuando decido leerlo y analizarlo de forma superficial. Cabe destacar que soy una persona que no me gusta criticar a los de mi alrededor, por tanto, hacer autocrítica es lo que más me cuesta.

    A parte, abundan otras emociones que van completando la atmósfera y, muchísimas veces, se mezclan entre ellas, porque pueden haber dos, tres o, incluso, cuatro emociones. Por eso mismo, consiste en explorar la emoción desde matices y contrastes.

    3. Lenguaje poético

    Respecto al lenguaje poético hay que tener en cuenta las imágenes sensoriales (vista, oído, olfato, tacto y gusto), las metáforas y símbolos para dar profundidad a la vivencia y colocar ritmo y musicalidad, es decir, usar el recurso retórico de las repeticiones, las pausas, las aliteraciones…, y jugar entre frases cortas para crear tensión y, también, frases largas (subordinadas) para provocar fluidez.

    En mi caso, describo mis sentimientos más íntimos de forma poco realista. Eso significa que voy conjugando las palabras con las ideas a través de las metáforas. Esta forma de escribir no ha sido de un día para otro, sino de años de ir plasmando mis palabras en libretas y diarios personales hasta acabar formando este blog e ir creando alguna obra literaria, que actualmente tengo cuatro.

    4. Transformación en texto

    En este punto es recomendable revisar el texto, que se puede hacer justo después de haberlo escrito (como yo hago la mayoría de veces con mis textos de prosa poética del blog), porque así está recién sacado del corazón, es decir, en caliente, y las ideas y sensaciones aún están flotando por el aire, intentando retenerlas.

    Aunque también se puede transformar el texto a largo plazo. En este caso, es mejor hacerlo con textos más largos como los capítulos de las novelas. ¿Y por qué? Porque hay que dejar reposar tanto el texto como las ideas que van surgiendo y, luego, aplicarle un poco de lógica, la máxima que se pueda y quepa.

    Así pues, a la hora darle forma al texto es más importante expresar la emoción indirectamente, porque pierde toda la magia si se describen las acciones, las imágenes y las sensaciones de forma literal.

    La perspectiva temporal es otro de los aspectos, pues es distinto narrar desde el momento vivido, que desde la memoria. Se pueden alternar ambas situaciones (flashbacks y analepsis).

    5. Construcción de la atmósfera

    Para construir un ambiente hay que elegir el tono (melancólico, luminoso, introspectivo…) En Burlando el tiempo el tono es de carácter introspectivo, demasiado, creo yo.

    El espacio y el tiempo deben ser extensiones del estado emocional, es decir, que deben estar presentes de forma palpables, porque si no el lector se pude perder. Y, con ello, usar detalles concretos para enlazar la emoción con lo tangible (espacio-tiempo).

    6. Revisión y pulido

    Hay quienes dicen que leer en voz alta puede ser un buen método para ajustar el ritmo y la sonoridad. Sinceramente, yo nunca lo he hecho. En este punto hay que eliminar palabras planas o redundnates, incluso cambiar algunas en concreto para que el texto tenga una coherencia entre la emoción principal, la imagen y el tono.

    7. Proyección literaria

    Pero como todo escritor, y tal como es la literatura en sí, siempre se pasa de la experiencia a la obra donde la emoción inicial se universaliza, se globaliza, para que el lector pueda reconocerse en las letras del escritor, así como espejo y reflejo. Por tanto, el yo-poético es ese espejo donde el lector conecta con las letras del escritor proyectando sus propias vivencias.

    Mi recomendación es dejar espacios de silencio (elipsis) y algo de ambigüedad para que cada quien interprete a su manera, y de ahí surja la magia de la escritura creativa.

    En resumen, mi consejo es dejarse llevar por los sentimientos y, así, las palabras saldrán solas. A posteriori ya se le inyectará al texto la sabiduría que le caracteriza y necesita.


    Pd. Gracias por leerme,

    Nos leemos.