Categoría: Escritos

  • A vivir

    ¿El amor existe?, Me cuestiono. Y lo afirmo, pero luego pienso que no es para mí. Que nunca ha sido bueno conmigo y que; o espero o me forjo un futuro yo sola.
    Y luego lo que venga.

  • El final

    Entre mis inseguridades,
    mis cicatrices
    y mi pasado,
    soy menos persona
    y más arte.

  • A veces…

    A veces no sé ni qué escribo. Otras, me leo un libro. Qué pesadez y cuanta sutileza en las palabras. Cuanta delicadeza.
    Créeme,
    siénteme,
    miénteme.
    Cuando me digas que me amas y me estés queriendo.

  • Cosiéndome las heridas

    Fui,
    yo,
    aquel sastre que se cosió la herida.
    Que le dolió más cuando se cerró
    que cuando estaba abierta.
    Porque nunca llegó a cicatrizar.
    Seguía sangrando,
    llorando.
    Y, arrasando el suelo,
    (la herida)
    sufrió más que amó.
    El peso del corazón,
    del amor,
    fue un calvario.

  • Vaciándome

    Imagínate,
    el acto,
    el bombardeo,
    la escena.
    Que parece ser buena,
    pero es más desastre
    -arte-.
    Quiero decir;
    tu un cuchillo en la mano izquierda
    ensangrentado
    y,
    yo,
    con el corazón fuera de mi pecho,
    hueco y deshecho.
    -A eso me refiero cuando digo que estoy vacía-.

  • A tiros con mi sombra

    Me lié a tiros con mi sombra.
    Y tanto,
    que ella se fue dejándome tirada,
    ahí,
    con el corazón en mano,
    sangrando
    y viviendo
    a tiempos iguales.

  • Tiempo perdido

    Cuando tienes que sacar de tu ser más interno la esperanza, el valor y la confianza para seguir. Para creer en ti misma cuando nadie ha creído en ti. Sí, porque ya es hora de empezar a creer y crear. A dejarse fluir y a arriesgar. Porque luego, cuando el logro sea un hecho, vendrán a buscarte, a quererte. Pero creéme que ya no habrá vuelta atrás ni tiempo que recuperar.

  • Complicaciones

    Soy complicada, lo sé.
    Y se me complica la vida, también lo sé.
    Pero la vida son dos segundos,
    tres cigarros
    y cuatro estaciones
    que en todas ellas pasa el amor.
    Para irse
    y no regresar.
    Porque las casualidades son momentáneas,
    efímeras.
    Si te encuentras con una de ellas,
    hazme un llama cuelga que,
    quizás,
    y sólo quizás,
    nos besamos mientras pasa el tren
    porque de antemano lo hemos alcanzado
    antes de que se vaya por el andén.