Categoría: Escritos

  • Querido amor mío,

    te escribo esta carta por algunos recuerdos que me vinieron a la mente, justamente de aquellos primeros días donde nos estábamos conociendo.

    ¿Te acuerdas de aquel día justo cuando la noche empezó a amanecer? Que estábamos en el Parque de pie, tú a punto de irte y yo, con ganas de más. Y te dije, agarrándote delicadamente el brazo: «No, espera.» Justo ahí nació un sentimiento extraño en mi interior y, por eso mismo, mis impulsos salieron a luz mientras que mi mente se quedaba en blanco completamente.

    Porque gracias a ti volví a sonreír.

    Fue una época dura, comencé una nueva tapa y, con ella, un nuevo mundo. Todo se torció a mediados de Noviembre. Fue aquel momento de duda e incerteza donde todo cambió dando un giro radical.

    Aquel chico tan idiotizado desapareció de un segundo para otro y, tú, apareciste, teniéndome presente constantemente, durante aquellas tres semanas.

    Llegó el quince de Diciembre y con ello una claridad profunda. La oscuridad desapareció.

    Y, yo, acojonada al amor, al sufrimiento y al dolor. Y, tú, creando actos de valentía en mí, reconstruyéndome del poder de morir en un intento suicida de fe. De creer y no ser, y ser.

     

    Gracias por ser conmigo,

    te quiero para amarte.

  • Telarañas

    A veces me dicen lo típico de: «No te veo muy ilusionada con él». Y yo me pregunto: «¿Pero te lo tengo que demostrar a ti o a él?»
    Porque no se trata de sentir con la mente y en otra parte, sino con el corazón y en su arte. Que a veces te añoro, entonces me entristezco y me pongo melancólica. Y por eso mis ojos se ausentan y se hunden en la miseria del dolor.
    Ellos, ellos no me ven, no nos ven. No están, y mucho menos, no son con nosotros. Es relación de dos, y no de tres o más. Así que menos hablar y más sentir.
    Que los pulmones los tengo llenos de rosas florecidas y aunque tengan espinas, se enternecen al primer segundo de verte. Y respiran, respiran paz.
    Y, y me cuestiono: «¿Qué van a saber ellos?»
    Luego, dentro de mi caos y locura, me enfrío y muero en soledad por pensar cosas que no son. Y me ensombrezco ocultándome, escapándome de la realidad e inventándome películas que son demasiado cuento.

  • Inundación

    Escribir es de sangre,
    es el arte.
    Escribir sale del alma,
    surge de la mirada.
    Es ser caos en un mundo desigual, injusto e irregular.
    Escribir es matar el cuerpo y desangrar el corazón.
    Agarrar el dolor y mirarlo de frente. Afrontarlo,
    y quererlo amar.
    Porque es difícil y cuesta entenderse, pero nunca hay que rendirse.
    Sumérgete y, luego, flota en la deriva, porque, escribir, es volar aun estar ahogándose.

  • Instantánea

    Tú no me ves pero cada vez que me encuentro contigo se me escapa una sonrisa de oreja a oreja.
    O más de una.

  • Panorámica

    Lo bonito es inspirarse con otros libros, paisajes o personas. Emocionarse en otras estaciones y culturas. Sobrevivir en una instantánea y emerger de una lágrima. Y ser, y volar. Cantar a todo pulmón con un suspiro. Chillar hasta explotar por haberlo hecho hacia dentro. Y morir antes de saltar. Y que la boca del lobo te coma antes de que entres en ella. Ver el precipicio del revés porque al ir hacia él, este, cambió la perspectiva.

  • Suspirar

    Chillar con suspiros.

  • Florecí

    ¿Tú sabes lo que es la soledad? ¿Y sentirse solo? ¿Y sientes el dolor?
    Hace tiempo me sentía sola rodeada de personas que eran multitud. Y yo, desolada. Sentía el dolor, era una flor marchita a punta de morir.
    Entonces llegó él, apareció como la luz al final del túnel.
    Y fue florecer,
    enternecer el alma
    y renacer.

  • Llueve alegría

    En esos días de lluvia es cuando más te echo de menos. Porque es un día de soledad, de encerrarse en uno mismo y pensar. Reflexionar sobre la vida y darse cuenta de que gracias a ti soy mejor y más persona. Que estando a unos cuantos quilómetros de distancia, te sigo sintiendo tanto, aquí, en mi corazón.
    Y es felicidad.

  • Desorden sentimental

    Quiero expresarme pero no sé cómo.
    Soy nube, soy aire.
    Y no sé si seré alma.
    A llantos lloro y a sonrisas sonrío.
    Hay mucha niebla en mi vida, y el caos empieza a amanecer justo al levantarme cada mañana. Porque me ducho y el agua que resbala por mis poros se queda endemoniada, y yo muy endulzada. Nunca consigo reencarnarne en otras pieles; empatía.
    Intento vencerme, superarme día a día. Me resbala la simpatía, no soy capaz de seguir la vía, la línea, de la buena vida. ¿Y qué es? No hay una normativa, ni una regla, por eso me salgo de ella.