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  • Cómo encontrar inspiración en lo cotidiano: cafeterías, trenes y conversaciones

    Cómo encontrar inspiración en lo cotidiano: cafeterías, trenes y conversaciones

    Hay días en los que abrir el ordenador para escribir se siente como una batalla perdida antes de empezar. La página en blanco me mira como si supiera algo que yo no, y cualquier distracción parece más atractiva que enfrentarnos a ella. A veces la verdadera chispa creativa está justo afuera: en lo cotidiano, lo que damos por hecho.

    Inspiración en cafeterías: personajes, emociones y diálogos reales

    Las cafeterías son una fuente inagotable de escenas e historias internas. Si observas con atención, cada mesa es un pequeño universo, incluso la tuya, o la mía. Parejas que discuten en susurros (entre silencios), estudiantes que se consuelan con croissants, señoras que comparten charlas con amigas de toda la vida.

    Aquí no se trata de espiar, sino de abrir los sentidos, y los sentimientos. Escuchar frases sueltas, imaginar qué hay detrás. A veces solo anoto una palabra, un gesto, una emoción o nada. Otras, una conversación fugaz que se convierte en el punto de partida para una escena o un relato.

    Tip: Lleva siempre una libreta o usa la app de notas del móvil para registrar impresiones rápidas. Lo cotidiano huye rápido si no lo atrapamos al vuelo.

    Encontrar ideas mientras viajas en tren: el arte de observar en movimiento

    Hay algo especial en escribir o pensar mientras vas en tren. Es como si el mundo se deslizara ante ti y, con él, las ideas fluyeran más libres. Quizás es porque estamos en tránsito, y en ese espacio intermedio, los pensamientos se ordenan.

    Los trenes son ideales para imaginar vidas ajenas. ¿Quién es esa persona con una maleta vieja? ¿Por qué alguien se baja con prisa sin despedirse? ¿Qué historia podría empezar justo aquí?

    Además, son perfectos para conectar con una misma. Pensar, sentir y escuchar tus propias preguntas…, eso también es una forma de inspiración.

    Escuchar(te): las conversaciones interiores también cuentan

    No todas las fuentes de inspiración están fuera porque muchas veces lo que más me mueve a escribir nace de una conversación, de una cuestión extraña, conmigo misma. Reflexionar sobre algo que me tocó más de lo que esperaba, entender por qué una escena me dejó huella o preguntarme por qué me cuesta escribir justo esto, es decir, sentirme en un bloqueo y convertirme durante unos escasos segundos en la «tabula rasa».

    Así que escribir es una forma de conocerse y cuanto más conectada estás contigo, más auténtica será tu voz interior.

    Cómo entrenar tu mirada creativa en lo cotidiano

    • Observa sin juzgar, como si fueras directora de cine en busca de escenas.
    • Anota frases sueltas que escuches en la calle y, luego, las desarrollas en tu mente.
    • Mira a tu alrededor con varias preguntas como: «¿Qué historia podría haber aquí?», «¿Qué sentiría yo en ese lugar?»
    • No subestimes lo pequeño porque, a veces, una servilleta escrita o una mirada intensa es suficiente para crear una historia completa.
    • Y, sobre todo, no esperes que la inspiración llegue perfecta, solo siembre, y tu jardín interno ya crecerá.

    Conclusión: la inspiración está más cerca de lo que crees

    No necesitas grandes ni largos viajes ni tampoco musas caóticas. A veces, basta una tarde (o varias) en tu cafetería favorita, un viaje en tren de veinte minutos o una charla silenciosa contigo misma para volver a conectar con tus ganas de escribir. La inspiración ya está aquí, en lo simple, en lo real, en lo que vas viviendo cada día sin darte cuenta.

  • ¿Aún no me lees?

    Hoy me paseo por aquí porque la noticia es que dos de mis libros están gratuitos actualmente.

    ¡Echa un vistazo en mi perfil de Pinterest!

    Pd. Gracias por leerme, nos leemos.

  • Un estado que me define hoy

    Hoy es un día de no hacer absolutamente nada. Voy cansada, estoy agotada. Me pica la pereza, abunda, resplandece por y para ella. Es uno de los domingos, de los que una se queda en el sofá leyendo Virginia Woolf o algún poema de Shakespeare. O leerme a mí mientras estallo al son de varios balazos que van sangrando después de dejar que se desvanezca mi ansiado corazón. Lo quiero arropar durante este vaivén, que pase la tormenta. Estoy tan deshecha. Metida en mi melancolía, se me peta el chispazo de alegría, revienta, se quiebra. Aunque mi enemiga, ella, se cuelga la fe de la oreja izquierda, y le soplaría hasta que saliesen las estrellas y le brindaría unos cuantos destellos de ellas, y de sencillez y un tempo sólido para darle poco al coco. La voz se me ahoga dentro de mi mísera razón, y la patata palpita con rapidez, así, yéndose borracha, dando la lata. Es tan veloz… y, yo, tan absurda e ingenua.

  • Una lista de cosas que necesito soltar

    Algo que necesito transformar es a mi ser del pasado. Semilla a semilla lo voy cambiando, porque estoy floreciendo, y es un proceso hermosamente roto porque va doliendo. Aunque si debo enumerar de una forma menos metafórica, podría escribir que…

    • …dejo atrás el dolor, aceptándolo y superándolo.
    • …dejo de exigirme y presionarme por querer hacer las cosas perfectamente, sin ningún fallo.
    • …dejo que mi día a día vaya según algunos imprevistos, porque siempre pueden surgir, aunque ya haya planificado anteriormente mi semana.
    • …dejo ir a las personas que no me aportan, así que me aparto y continuo.
    • …dejo de evadirme y empiezo a expresarme con los seres a los que sí les importo.

    En resumen, ya me empiezo a apreciar, a querer y a amar y, por eso mismo, me estoy cuidando, pues estoy viviendo y expresando mis sentimientos, pongo límites a mis pensamientos negativos y hago nuevas actividades saliendo de mi zona de confort.

  • Mi hogar es este texto, y los demás

    Veo los números, aquí, que me van repiqueteando la cabeza, cuestionándome qué carajos plasmar. Entre cartas huecas, borradores sin ideas y frases inéditas, empiezo, pongo un pie detrás de otro, me recoloco, colocándome de la forma más correcta posible y, bueno, me caigo, aunque comprometiéndome. Qué gran novedad, ¿Verdad? Antes, hace escasos minutos atrás, ¿Me describí, quizás? ¿O escribí? Un popurrí, eso sí. Espera, dame diez segundos que recupero el domingo de hoy, momento en el que me encuentro (habla el reflejo de mi espejo). ¿O era al revés? El caso es que ya llevo dos minutos, y se van solapando las tristísimas horas, aunque un poco dicharacheras. Me vibra el ojo derecho, me pica la costilla izquierda, justamente la del medio. Me rindo: no sé escribir si tengo un pretexto, algo ya preestablecido. Así que resisto. ¿Esto no era un lugar seguro para redactar? Nada, aquí oculto mis sandeces y, oye, gracias por estar leyéndome. Manifiesto, definitivamente, que el texto escueto, la imprecisión, una gigantesca impresión y la caótica imperfección…, son algunas de las características de mis cosquillas: las mariposillas ya sueltas. En resumen, si se pudiese precisar algo, que entre palabras es donde me siento en libertad  para poder narrar mientras voy sintiendo. Si me permites, te concedo este baile.

  • Desbloquéate

    Hola, ¿Cómo estás? O, mejor cuestión maldita: ¿Cómo te sientes? ¿Y hacia dónde te diriges? Pues me estoy yendo de mí, aunque me van brillando los ojos, dicen. ¿Será de tristeza, de amargura eterna o de ambas? Las pisadas las voy colocando del revés, pero no pasa nada, hasta que la patada alcanza el alma y, entonces, el balazo estalla y se estampa. Solo me paseaba por aquí para preguntarte, y he acabado cuestionándome. Siempre me rebota la miseria, la sombra, la duda inédita y tan extraña de ella que, bueno, se estrella, y se queda: se ha posicionado, está mirándome, y arrugo la frente, pestañeo tres veces. Detente, muere. ¿Y por qué no te desvaneces reflejo de mi queridísimo espejo? Oyes sin escucharte, sin siquiera percatarte de que ya vas tarde, porque el proceso de quedarse hueca, ¿En qué consiste? ¿En describirse en una novela, o algo así, y luego adueñarse de una misma y acabar desterrándose? Te comparto mi novela que se desgarra por si misma…

  • ¿Qué te escuece ahora?

    Actualmente me duele un poco la costilla izquierda, aunque voy bien derecha y estoy entera. ¿De qué no te has enterado todavía? La noticia se da por sí sola, pues Burlando el tiempo es mi última breve novela. ¿Cómo definirla? Supongo que ya se ha descrito por ella misma solo con el simple hecho de ir escribiéndola. Supongo que yo fui la narradora y la escritora, o ambas, el caso es que es complicado encajarla en un único cajón, pues podría interpretarse desde varias perspectivas o desde una sola, ¿Te animas a descubrirla?

    Me apetece destacar que ha sido una de las más íntimas, sí, por su necesidad, es decir, por mi urgencia de ir sacando y soltando lo que tenía dentro, pues iba tan arraigada al pasado a mi ser interno…

    Comprendo que estoy ensombreciendo aún más el tema, que estoy descosiendo o pintando a pinceladas cada vez más alocadas, el intento por esclarecer. ¿El qué? Ya ni lo sé, pero, bueno, siempre puedes preguntarme y, probablemente, te resuelva tus dudas o inquietudes.

    Nos vamos leyendo, que abunde el amor propio, y que sea tan sano que te haga florecer.

  • Entre líneas y un poco de vida

    Después de charlar de forma distendida e inusual conmigo, con el reflejo y perderme y encontrarme y verme cicatrizada, me visualizo, me acepto, me aprecio y me estoy queriendo. ¿Sabes qué? Que ¿Te puedo escribir algo? estará gratuito. Léeme y, quizás, te hundas un poco más. Fueron momentos intensos, llenos de suciedad, quiero decir, a rebosar de mierda y miseria que, fíjate tú, ya he salido de esta, o sea, de mí.

    Continúa siendo complicadísimo resurgir entre la negrura espesa y mirarse de frente… estrellarse y convertirse en una estrella, bella. ¿En serio aún te crees destello?

    Bueno, a posteriori del susceso, del muermo cayéndose al suelo, rompiéndose, pues sí, pero, oye, viniste aquí a ser feliz. Sencillamente, yo, me paso por aquí tarareando una de las muchas canciones que me dedicaste para recordarme que sigo más translúcida que cuerda que, aunque sagra el corazoncito, sucede para transmitirse a una misma, comunicarse desde dentro, que hay que seguir vívida y existir y quererse. Porque de heridas habrán siempre: ponte la sonrisa, alza la vista y desvístete por sonreír que te queda bien esa actitud, te sana, te cura el alma y la mirada, y además, inquieta a la tristeza, la que hace conjunto con todas tus facetas y que debería ir alejándose.

    Asústala con tus carcajadas a pulmón abierto, a costillas sin tanto miedo. Vaya domingo, qué hermoso está acabando.

  • ¿Lugar dónde me he sentido querida?

    Abundan los lugares donde me he desarmado, momentos en que me he soltado el pelo y sacado la coraza, y todo para nada, justo cuando se me ha roto la esperanza. Mirándome en el espejo, después de enfundarme en aquel vestido de un color morado oscurecido, semejante al amor descosido, y ennegrecido… Descolorada voy, sonrojada vengo. Luego me quedo latiendo solo con mirarte: se me ha estrellado la cotidianidad, y las estrellas que chispean, que chispean, han estallado. Entonces culmino narrándome, describiendo metafóricamente la forma, espesa que pesa, que mis latidos se han convertido en pétalos ya marchitos, muy muertos, derretidos. Mi otra yo, la poeta real, ha decidido colocarse, y descolocándose, los tacones, enchufarse a la música más rompedora y sanadora, y profundizarse, hundiéndose en aquel texto jamás verbalizado, aunque cicatrizado en el pecho izquierdo. Me van doliendo las costillas, pues se repiquetean tanto entre ellas, que no alcanzan a transmitir las mentiras más honestas. Así que, sencillamente cabe destacar que me he sentido menos querida, incluyéndome y, también, excluyéndome con un pesimismo abundante, y redundante. Y, precisamente, Burlando el tiempo, es un sitio donde ya no resido, o quizás aún sigo conviviendo con ese hueco. Bueno, me desvanezco.