Categoría: Blogueando

  • Del caos, y otras sensaciones

    Del caos, y otras sensaciones

    Hoy es un domingo caótico, por dentro, siempre por dentro, porque va lloviendo a cámara muy lenta. Ese fuego parece que se incendia y resulta que arrasa y se queda. Siento mi corazón cómo levita entre las cenizas casi muertas. ¿Se convertirán, algún día, en…? ¿En qué? Solo sé que ahora son la llovizna disecada, o ahuecada. Voy enturbiada, soy la alocada. Sí, es domingo de tristeza, de ir medio tuerta y con la costilla ya rasgada. Mis pulmones se asfixian de vez en cuando. No entiendo cómo, el porqué probablemente esté cerca. El suceso aquí es que el caso se encuentra cerrado, finiquitado. Me gustaría tanto explicarle a mi yo-poético del pasado, ¿O era el del futuro? Quiero decir…, narrarle o, mejor descrito, extriparle la sintonía de la alegría infinita. ¿Me sigues? ¿Me pillas? Pues, ¿Cómo devolverle a una la vida y a la vez quitársela? Enamorándose perdida y completamente, ¿O qué?

    Continúa, el domingo, arrancando y, la melodía es concreta y precisa, y el inciso se queda estancado y yo, sin querer, sigo, porque no me queda de otro remedio que seguir avanzando aunque sea del revés o a paso medio o… Entonces, sin querer, pienso en aquel título de aquel texto aún por escribir. ¿Escribirle una carta a mi ser de los diecisiete? Es que…, no sé si sabría, porque…, porque siempre, por impulso, acabo describiéndome. Eso estoy ya haciendo, ¿O qué?

    Bueno, solo me queda agradecer, pero no así en general, ni a quien quiera que sea o que pase. Ni tampoco con tanta sensación abstracta. Toca sacarme las entrañas y sincerarme aunque sean solo tres escasos segundos o un texto que va medio moribundo. ¿Algún día iré al grano? Pues que solo queda agradecerme por el valor, el poder y la valentía que saqué un día detrás de otro de mi alma durante largos años, y daños. Lo hice con un instinto de supervivencia y un estilo muy mío.

    Aún escribo, aún me percibo. Me siento viva y vívida y colorida, aunque a veces me convierta en un atardecer casi grisáceo, porque las nubes se han paseado sobre el cielo, ya raso, que va ennegrecido, y luego estalla. Créeme cuando la luz acaba saliendo, pero en el summum, siempre en él, que frecuentemente se oculta detrás de la luna que se cree diminuta, se cree, pero es más hermosa que otra cosa. Así redonda, brillosa.

  • ¿Qué te dirías si fueras tu mejor amiga?

    ¿Qué te dirías si fueras tu mejor amiga?

    Absolutamente nada, empatizaría. ¿Después? Le regalaría una pizca de sabiduría. Sí, y me acurrucaría a mi lado, me abrazaría tiernamente, después de suspirar algunas veces, me miraría y me sonreiría agradeciendo el simple hecho, el mísero, el único…, por estar existiendo mientras levito en ese infierno. La vida es complicada, ¿Sabes? La muerte es muy sencilla porque una vez pasa, arrasa y ya. ¿Y qué me dices de vivir muerta? De deambular por esos días, pasando por los segundos, que traspasan, se aceleran y te aprietan, ahí, en la garganta. “Aguanta”, grita tu otra mitad, reflejada en el espejo, quien intenta, por unos escasos minutos, sostenerse. Luego se cuestiona por qué hay que ser fuerte, es decir, ¿Para qué? ¿Con qué finalidad? La sombra, oculta y bien encendida, va detrás de esa queridísima herida, porque, niña, no queda de otra. ¿O sí? No lo sé, el caso es que abunda un poco de fe… en comparación con los daños atrás acaecidos. “Son buenos tiempos, estos”, suelta la muñequita un poco menos dolorida, con chispazos de alegría y alguna esperanza, aunque, de vez en cuando, deshecha.

    Entonces, paso por aquella tienda casi abierta, y me miro en el reflejo del cristal. Y, sin querer, me digo “Eres guapa”, pero ni me asemejo a esa modelo. Y, de repente, escucho a mi mente, bastante demente, por cierto, y se atreve a decirme que si yo fuera mi mejor amiga, es decir, mi propia amiga, debería apreciarme y tratarme un poco bien, ni mucho ni poco, sino adecuadamente. Y empezar a cuidarme, porque, fíjate todo lo que has vivido, por donde pasaste y lo que te acuchilló. Ahora, ahora, aquí sigues: vamos a recordar lo que conseguiste y lo que persigues.

    Cabe destacar que te levantaste, después de varios intentos por querer morirte. ¿No es un logro, ese? La voluntad y, por encima de todo, esa valentía que llevas día a día, ¿No es de admirar? “¡Amiga, mírate!”, grita mi oreja izquierda muy risueña. “¿Que me mire el qué?”, se va preguntando mi lóbulo derecho, intrépido, intentando interpretar. Ahí se queda la duda, levitando en un vaivén irremediable, ¿O sí? No otro suceso, si no hecho, te quiero contar: que ya te estás queriendo en este gerundio, y punto. Además, te has descrito escribiendo la novela. Vaya chillido, sale de tu instinto, el mismo que tiene unas ganas inmensas de arrasar a cámara lenta y disfrutar de esa vitalidad. ¿Te sientes vívida? Deberías, chiquitita.

    Quítate las etiquetas, las bombillas, las flores marchitas y las comillas, quiero decir, o escribir, que te desalojes de ti misma, que te vacíes. Creo que ya lo hiciste… El plumazo que te diste, vaya, fue algo así como un escopetazo, ¿No? Un balazo detrás de otro, para, al fin estallar dentro de tu propia y mísera soledad. “Soy todo lo que he querido ser hasta este preciso instante”, suelta el bombazo. “Pero quiero lograrlo, quiero ser mejor que mi yo de ayer”, va concluyendo mi cerebro ya no tan malherido.

    ¿Sientes que no tienes amigas y que estás sola o cero acompañada? Pues salúdate desde el otro hueco y comienza por mirarte a los ojos. Luego, obsérvate un rato más. Intenta sonreír y, si no, sácate la lengua, seguro que te ríes, feliz, de lo blanda que eres cuando crees que puedes ser de hierro contigo. Créeme, eres fuerte, y también de cristal. Está bien romperse el corazón y que te lo quiebren y querer desterrarse de una misma en varios momentos el mismo día. O caerse por las noches en tu agujero inédito. Al día siguiente, ese sufrir deja de doler. Al día siguiente, o al cabo de unos cuantos años, una brilla. No, no por ponerse purpurina en las pestañas, que sé, soy consciente, que de allí salieron varias lágrimas. Quiero decir, que una se convierte en la mujer que ya se quiere, cuando no quiere y porque sí y sin querer.

    Así que, amiga mía, florece, crece, muere, vuelve a nacer, y quiérete con intención, aunque el pulso se sienta como un impulso fosforescente, se siente.

  • El compromiso a sentimiento exacto

    El compromiso a sentimiento exacto

    Estaba leyendo a un blogger, bueno, a un artista, ¿Supongo? El caso es que…, hay que tener fe, sí, no porque se pierda, sino porque siempre está dentro de tu ser. Así que, créeme, la volverás a sacar y a acurrucar y arropar entre tus manos, ahí, justo en tus costillas. Y tu pecho florecerá, solo necesitas creer en ti. No hay más, ni tampoco menos. Sencillamente es así. Porque después de que una se muera varias veces, créeme, ella misma encuentra esa esperanza, porque abunda mucha en su ser. Solo necesitaba creer y crearse y recrearse en esa tan lejana y, a la vez, queridísima, fe.

    Así que, sin querer, pero con ímpetu, me comprometo conmigo. Me elijo, después de apreciarme, y me planto aquí, en ese invierno del dos mil veinticinco, y le digo a mi dedo pequeño, el más cabezón de todos, que sí, que allá voy. De hecho, ya estoy yendo, siempre en gerundio, porque así avanza el tiempo, corriendo, o caminando, pero yendo. ¿Sabes qué te quiero decir?

    Desde el veintitrés de marzo que debía escribir eso, ¿El qué? Pues exactamente no lo sé. Realmente sí: es el texto, que fuera de contexto, parece loco. Lo que tengo a sentimiento exacto es que mi pecho ya está floreciendo, y vaya acto tan hermoso. Ni roto ni doloroso, sino que, lleno, ensanchado, de florecillas. Soy, no ahora, pero sí en este tiempo verbal presente…, soy, soy y soy un jardín que va creciendo el son del viento. Me pertenezco. También me recreo, lo sé.

    Sé que este post es algo extraño, aunque muy directo. Bastante preciso, ¿Quizás? El caso es que estamos a sábado veintisiete, y vaya siete, ¿Eh? Que lo entienda quien quiera, a quien le apetezca. Sé que está cogiendo una forma rara, que me pierdo un poco entre palabra y palabra y me vuelco y, queriendo, regreso al principio.

    ¿Debía describirme? Ya lo hago, ¿No? No es que vaya a comprometerme, así, de cara a un futuro. Es que ya lo he hecho. Me quedo en este florecimiento, que parece efímero, pero, por favor, que sea eterno. Gracias, y adiós.

  • Mi poemario «¿Te puedo escribir algo?» ahora está GRATIS

    Me apetece compartir algo especial: mi poemario ¿Te puedo escribir algo? está disponible gratuitamente por tiempo limitado.

    Es un universo donde recojo fragmentos, cicatrices y desamores. Si te gusta la prosa poética que suelo publicar por aquí, este libro es un pedacito más de mí.

    Descárgalo gratis aquí

    Si lo lees, me harás completamente feliz. Y si te apetece dejar una valoración, una estrellita o un comentario, estarás apoyando muchísimo mi camino como escritora.

    Gracias por leerme,

    Nos abrazamos, aunque sea desde la distancia.

  • Mi relación con la escritura: de la inseguridad al amor propio

    Mi relación con la escritura: de la inseguridad al amor propio

    Durante años, con bastantes daños, escribía sin saber que me estaba describiendo. Así que la escritura ha sido un refugio para mí, además de un proceso de autodescubrimiento y reconstrucción.

    Desde pequeña que plasmaba mis sentimientos en diarios y, al cabo de tres años, me aventuré a escribir historias que puedes encontrarlas en Wattpad. Allí, en aquel espacio, que aún está presente, habitan todos mis orígenes: las semillas de lo que ahora está llegando.

    Burlando el tiempo es una obra que simboliza ese cambio, que es un antes y un después en mi carrera como escritora. Con esa breve novela entendí que no escribía solo historias, sino versiones de mí misma que iban sobreviviendo sin querer. Por tanto, es importante mirar hacia dentro a través de la escritura. A mí me ha permitido sanar, comprenderme y quererme mejor.

    Actualmente escribo desde otro lugar más maduro y más compasivo porque el acto de escribir significa dialogar con mi ser interior, sin miedo al error ni al juicio. Y ese acto es liberador porque una escribe sin pretensiones y sin buscar la perfección, tal como puedes entrever en mis líneas en Ixent.

    En resumen, escribir es una manera de reconocerme, de volver a ser. ¿Y tú, lector, qué relación tienes con aquello que creas?

  • ¿Por qué escribo?

    ¿Por qué escribo?

    Me describo por necesidad de sacar lo que llevo dentro -esa miseria negra, oscura, disecada- y, sin querer y, con un gran impulso, me encuentro en otro domingo, que parece no ser el mismo, pero que se va cayendo a pedazos, como las hojas otoñales, que dan señales, aunque no sé muy bien de qué ni para qué. El caso es que se van resquebrajando, crujen, se hunden entre mis raíces y cicatrices, y mis costillas, aún doloridas, intentan salir de sus huecos: se perciben escasas y pequeñísimas florecillas todavía ennegrecidas.

    Si ves, si miras, si observas, a través de mis letras, quizás encuentres, o no, lo que perdí hace tiempo: a mi yo del pasado risueño, perdido y deambulando entre sueños inéditos y nubes de algodón, que me encantaría alcanzarlas y saborearlas. Entonces, queriendo, ahora, porque remonto, salto y (me) recuerdo, allí, en aquella imagen grisácea, muy vívida, y curiosa, donde vuelvo a ser la niña de nueve años. Sin reflejarme ante el espejo, por fin se me remueven un poco las entrañas, porque aparezco: un yo bastante poético.

    Con un documento en blanco, con el cursor botando nervioso en la pantalla y algunas palabras brotando de mi ser interior. De aquella forma, para mí inconsciente, difuminada, se inició mi carrera (de fondo, pero pisando el acelerador cada dos por tres) como escritora, o algo similar.

    Así que sí, comencé a plasmar mis sensaciones por una necesidad de escribirme y, con un cúmulo de emociones indescriptibles, he acabado creando un espacio caótico de sentimientos. Con ya varios diarios personales, muy míos, muy íntimos, que se van acumulando in crescendo, y unas cuantas obras literarias, voy a lágrima muy rota, y transformándome, pasando por distintas metáforas o personificándome en algunas, me percibo tan muerta que culmino en un nuevo inicio: la página en blanco, que es un vicio sin fin, ya que permito vaciarme a bocajarro, siempre, desde una inercia extraña y larga.

    Escribo, pues, para ir desgarrándome en esta existencia vital.

  • Un poco de mí

    Un poco de mí

    A veces no se llega a todo, así que me paseo por aquí para agradecer que me leas. Es un placer leerte en comentarios o desde mensajes que me van llegando de vez en cuando.

    En esta entrada me describiré, aunque no tan exhaustivamente como lo hice en Burlando el tiempo, publicada el 2024. Justamente anoche me escribió una lectora, quien se había perdido con una de mis breves historias HORAS (publicada en Wattapad hace ya daños) que escribí a mis quince. Aquel mensaje provocó que volviera a releerme aquellos textos tan intensos, agudos y oscuros. Y, entre otras sensaciones, me dio un subidón: nunca me he considerado escritora aunque lleve escribiendo desde los nueve años.

    El hecho es que me hizo ilusión, porque aquí donde me lees, detrás de la pantalla, hay una mujer hecha y derecha, con varias emociones entre sus manos, y con una evolución y trayectoria interesantes. Una mujer que antes fue niña, una chiquilla a quien se le quedaron varias ilusiones colgando, porque el milagro no aparecía hasta que estalló ella y acabó derrumbándose para luego lograr salir a flote, para culminar en un quererse sempiterno, en un gerundio eterno. Así que, bueno, a pesar de toda la miseria, aquí sigo, como la protagonista de Burlando el tiempo: autobiográficamente casi rota, o algo así. Ahí lo dejo, a tu libre interpretación.

    Soy consciente de que esta vez no he ofrecido gran cosa, solo una de mis obras.

    Pd. Únete al caos,
    Y gracias por estar.

  • ¿Cómo uso Pinterest para inspirarme como escritora?

    ¿Cómo uso Pinterest para inspirarme como escritora?

    1. Introducción: Pinterest como fuente de inspiración creativa

    Para mí Pinterest es una red visual, un catálogo inmenso de ideas. Se distingue de otras redes sociales porque se enfoca en la inspiración visual y organización. Una de sus ventajas es que permit recopilar imágenes, frases i recursos en un solo lugar.

    2. Crear un perfil enfocado en la escritura

    Para tener éxito en tu vida como escritora es esencial que configures una biografía con interés en la literatura y la creatividad. Para ello es importante que sigas tableros de escritura, de poesía, de libros y de inspiración visual. Así que el primer paso que te recomiendo es que crees un feed personalizado que alimente tu proceso creativo.

    3. Tableros para organizar ideas

    Para organizar las ideas deberías crear tableros temáticos según tus intereses como, por ejemplo, sobre personajes (su vestimenta, gestos, arquetipos), escenarios (ciudades, naturaleza, interiores), paleta de emociones (imágenes que transmitan tristeza, alegría, misterio…) y recursos de escritura (técnicas narrativas, prompts, consejos). Y, con ello, hay que cuidarlos, así como colocando títulos claros y mantenerlos ordenados.

    4. Búsquedas útiles para escritoras

    Las palabras clave son importantes. A continuación te doy unas cuantas: writing prompts, aesthetic inspiration, fantasy world, character desing, dark academia, etc. Es muy importante usarlas tanto en inglés como en español para ampliar resultados. Y, además, combinar conceptos como «romantic rainy night», «misterioso bosque medieval».

    5. Inspiración visual

    De la inspiración visual a veces nace la escritura creativa. Usar imágenes como disparadores creativos sirve para formar una historia, así como conectar una emoción con una escena visual o explorar estéticas narrativas como, por ejemplo, dark academia, cottagecore, cyberpunk, etc. Recomiendo crear moodboards para proyectos específicos (novela, cuento, poemario).

    6. Usar Pinterest sin perderse en el scroll

    Hay que ser consciente del tiempo de uso de las redes sociales, por eso mismo, es recomendable definir un tiempo concreto para explorar (entre 15 o 20 minutos). Y guardar solo lo que realmente conecte con tu proyecto, incluso revisar periódicamente los tableros para depurar y reorganizar.

    7. Conclusión: Pinterest como aliado creativo

    En resumen, es cierto que Pinterest no reemplaza la esritura, pero sí ayuda a encender la chispa inicial, incluso a organizar ideas dispersas. Permite visualizar mundos, personajes y emociones y, en definitiva, es un recurso práctico para superar bloqueos y expandir la imaginación.

  • Mis rutinas creativas: qué hago cuando soy un caos

    Mis rutinas creativas: qué hago cuando soy un caos

    Ser creativa es algo mágico y la mayoría de veces contiene muchísimo desorden, porque hay momentos que mi cabeza está a rebosar de ideas, de listas pendientes, de emociones encontradas y, por si fuera poco, ruido externo. Sin embargo, en medio de ese caos, voy encontrando pequeños rituales ya adaptados a mi rutina diaria que me devuelven a la vida y también a la muerte y al ir sobreviviendo entre palabras y, gracias a ello, saco lo que llevo dentro y me voy describiendo. Al fin y al cabo, una escritora termina plasmando su ser, su esencia más interna. Por eso, hoy te cuento cuáles son estos procesos que parecen inéditos, pero que están muy presentes.

    1. Ponerme en modo «observadora»

    Cuando necesito inspiración, sin querer, observo, analizo mi alrededor, a las personas, a las situaciones…, voy divagando en un mundo distinto, el mío, porque me invento cómo sería yo en otros contextos convirtiéndome en la protagonista de mis propios sueños. Por eso, escucho breves diálogos de conversaciones ajenas, me fijo en los gestos pequeños, en los detalles inéditos…

    2. Tener siempre a mano una libreta

    Como el caos no avisa y tampoco las buenas ideas, siempre llevo entre mis manos una libreta (y el móvil) listos para anotar cualquier frase, palabra o imagen mental que me inspire.

    3. Micro-rituales para calmarme e inspirarme

    Cuando estoy nublada mentalmente, dibujo flores enredadas, y así regresa mi inspiración, de esta forma relajo a mi cerebro, le ayudo a sacar lo que mi corazón parecía estar ahogando, aunque siempre terminan brotando los sentimientos.

    4. Escribir sin juzgar

    Para juzgar ya estoy yo, que desde años me he dicho internamente que no soy escritora cuestiónandome qué es la buena literatura y qué está bien escrito. Así que con esa ínfima aunque imensa presión que llevo encima desde hace tiempo, mi meta es escribir algo y, luego, perfeccionarlo, adecuando los verbos a mis tempos emocionales. De eso se trata escribir, ¿No? De derramarlos todos, soltando la miseria a bocajarro como si te fuese la vida en ello y, más tarde, quizás un año, o tres absurdos segundos, editar el texto sin tanto pretexto.

    5. Aceptar mi propio caos

    Al final, todo lo que me toca el alma, lo que me confunde o me desordena se convierte en historia, personaje, metáfora o novela. El caos podría ser molesto, pero es lo único (perdóname por encajar en una caja muy pequeña tal adjetivo), que me ayuda a crear. Y de aquí, de mi corazón que bombardea vívido, van sangrando mis textos.

    ¿Te lanzo un secreto? Cuanta más contradicción interna, más arte abundará en tu literatura, porque de este detalle nace la honestidad conjugándose con tu verdad.

    Pd. ¿Y tú, qué haces para crear cuando tu mundo está desordenado, desubicado y enturbiado?

    Cuéntamelo en los comentarios, me encatará leerte.