Autor: perezitablog

  • Espejismo

    Espejismo

    Traumas, traumas y más traumas, y abrir el ordenador para nada. Se me olvidan las palabras, los sucesos se solapan y la verdad, que parecía mentira, se asemeja a otra nueva realidad. Dejo de estar cansada, sonrío como si hubiese algo. ¿El amor es algo embarazoso? Quizás está lleno de pausas inéditas, quizás las rarezas se vuelven bonitas. ¿Y si la alegría consiste en saltar y nunca caerse? Serán, tal vez, chispazos, pues mis alas, de una forma extraña, se abren, se abren, y acaban por no detenerse. Entonces…, me miro sin querer en el reflejo de mi propio espejo: me piropeo y, escasos segundos después, se me rompe a pedazos la autoestima. Entro y me veo y me quedo porque, aunque todo (mi vida) sea absolutamente un desastre y, a la vez, me haya convertido en el caos personificado, vale. Esto vale. A lo que iba…, que voy con la ironía puesta de cara y, parece que, queriendo, ya no me escupe en esta. ¿Será que me habré hecho amiga de ella? Sólo sé que voy y vengo y voy y escribo y también me describo. Sólo siento y me toco las pestañas, ya caídas y, esta vez, me formulan frases. Serán más o menos exactas, imprecisas o con pocas coletillas. Las semillas del pasado ya han florecido, el espejismo es mío, muy vívido, muy íntimo. Se me escapan las colillas, quiero decir, se van correteando por el pasillo de la amargura. ¡Qué agridulce esa locura, qué sabor, qué fantasía! Me quedo, me quiero quedar, incluso, créeme que quiero quererme. Bueno, ya estoy en ello, en ese asunto, en ese momento, en ese verbo, en ese hueco interno que se pasea por aquel recoveco cogiendo un poco de aliento.

  • Descuélgame esta

    Descuélgame esta

    De existencia vital en existencia vital y tiro porque se me descuelga la fe, otra vez. Me vuelvo a describir, me vuelco en ese hueco y, sin querer, me pierdo y me encierro y me envuelvo en esa nube grisácea que no se sacia. Me encataría romperla, que estallase la ilusión esa fea, pero miro hacia delante… la imaginación va que vuela, desacelera y, a veces, frena. Yo solo imagino un océano lleno de piedras y a rebosar de olas coléricas, muy quietas, y llenas de ausencia, de cal y mucha arena. Si hace falta, cuélgame esta, y la otra, que se van cayendo, se van deshaciendo. Ya no sé qué quiero, desconzco las formas inéditas, aunque las gracias estén presentes. Tengo, aquí, dentro de mi pecho, tantos pendientes, que parece que me vaya a estallar la costilla izquierda, y también la vena aorta, que este, mi cora’, parece que arranque, pero no, no hay manera de quitarse la abstractez de la cabeza. Entonces, la quietud se me coloca detrás de la oreja quedándose, así, inaudita, inaccesible e inestable. Ya no soy tan, tan, invisible, porque me viste, sí, me observaste con un interés extraño. ¿Significará eso que se inicia la chispa de la admiración, de ti hacia mí? ¿O será que el chispazo, fugaz, de mi ilusión que se ha incendiado para siempre que, quizás, ya no hay vuelta atrás?

  • «Extraña forma de vida», de Enrique Vila-Matas: una novela sobre la identidad, la ficción y el vacío existencial

    ¿Hasta qué punto la realidad y la ficción pueden confundirse?

    Enrique Vila-Matas es uno de los escritores españoles más originales de las últimas décadas. En Extraña forma de vida, publicada en 1988, construye una novela donde la memoria, la identidad y la literatura se mezclan continuamente hasta hacer que el lector dude de qué pertenece a la realidad y qué forma parte de la imaginación del protagonista.

    En esta reseña comparto mi opinión sobre una obra que combina ironía, introspección y metaliteratura para reflexionar sobre las contradicciones del ser humano.

    Ficha del libro

    • Título: Extraña forma de vida
    • Autor: Enrique Vila-Matas
    • Publicación: 1988
    • Género: Novela contemporánea
    • Editorial: DeBolsillo
    • Número de páginas: 144

    📚 Puedes conseguir este libro aquí

    ¿De qué trata? (Sin spoilers)

    El protagonista de Extraña forma de vida aprovecha una conferencia para reconstruir distintos episodios de su pasado y reflexionar sobre las decisiones que han marcado su vida.

    A través de recuerdos, anécdotas y confesiones aparentemente inconexas, el narrador habla de su matrimonio, de sus relaciones personales, de la figura de su padre y de personajes que han dejado una huella en su memoria. Poco a poco, esos fragmentos terminan componiendo el retrato de un hombre que intenta comprender quién es realmente y cómo ha llegado hasta ese momento.

    Como sucede en muchas novelas de Enrique Vila-Matas, la frontera entre realidad, ficción y autobiografía permanece deliberadamente difusa.

    Mi opinión

    Lo que más me ha gustado de Extraña forma de vida es la forma en que Enrique Vila-Matas convierte una historia aparentemente cotidiana en una reflexión sobre la identidad y la escritura.

    La novela avanza mediante recuerdos y asociaciones de ideas que, en un principio, parecen dispersas. Sin embargo, conforme se desarrolla la lectura, todas esas piezas comienzan a relacionarse y adquieren un significado mucho más profundo.

    También me ha resultado especialmente interesante el tono irónico con el que el autor aborda cuestiones como el fracaso, las relaciones sentimentales, la incertidumbre o el paso del tiempo. Vila-Matas consigue que el lector sonría en algunos momentos y, al mismo tiempo, se detenga a pensar sobre las contradicciones que acompañan a cualquier vida.

    Es una novela que no busca ofrecer respuestas cerradas. Al contrario, invita a convivir con la duda y a aceptar que la realidad, muchas veces, es tan extraña como la propia ficción.

    Los grandes temas de la novela

    La identidad

    El protagonista intenta comprender quién es a través de sus recuerdos, sus relaciones y las decisiones que ha tomado a lo largo de su vida.

    La metaliteratura

    La literatura ocupa un lugar central en la novela. Vila-Matas reflexiona constantemente sobre el acto de escribir y sobre la estrecha relación entre la vida y la ficción.

    La memoria

    Los recuerdos aparecen fragmentados y reconstruyen poco a poco la historia personal del narrador, mostrando cómo la memoria también transforma el pasado.

    La incertidumbre

    La duda está presente en toda la obra. El protagonista vive atrapado entre distintas posibilidades, sin encontrar nunca respuestas completamente definitivas.

    La soledad

    Bajo la ironía y el humor característicos del autor se esconde una profunda reflexión sobre el vacío existencial y la dificultad de comprenderse a uno mismo.

    Sobre Enrique Vila-Matas

    Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es uno de los escritores españoles contemporáneos más reconocidos internacionalmente. Su obra se caracteriza por la experimentación narrativa, la metaliteratura y las constantes referencias al mundo de los libros y de los escritores.

    Entre sus novelas más conocidas destacan Bartleby y compañía, El mal de Montano, París no se acaba nunca, El viaje vertical y Extraña forma de vida, todas ellas marcadas por una mirada irónica y profundamente reflexiva sobre la literatura y la existencia.

    ¿Recomendaría este libro?

    Sí, especialmente a quienes disfrutan de las novelas introspectivas y de los autores que juegan con la estructura narrativa y con los límites entre realidad y ficción.

    No es una novela convencional ni especialmente lineal, pero precisamente ahí reside buena parte de su atractivo. Enrique Vila-Matas propone una lectura pausada que invita a interpretar los silencios, las contradicciones y las múltiples capas de significado que aparecen a lo largo del relato.

    Mi valoración

    Extraña forma de vida es una novela inteligente, irónica y profundamente literaria. Enrique Vila-Matas demuestra una vez más su capacidad para transformar los recuerdos y las dudas del protagonista en una reflexión sobre la identidad, la escritura y el sentido de la existencia.

    ¿Merece la pena leer Extraña forma de vida?

    Si disfrutas de la literatura contemporánea y de las novelas que invitan a reflexionar, la respuesta es sí.

    Más que contar una historia convencional, Extraña forma de vida explora la memoria, las relaciones humanas y la dificultad de comprender quiénes somos realmente. Enrique Vila-Matas construye una obra donde la ironía convive con la melancolía y donde cada recuerdo plantea nuevas preguntas sobre la identidad y el paso del tiempo.

  • El florecimiento

    El florecimiento

    Con el alma arrugada, voy escopeteada y agotada. ¿Dónde cabe, en esta mísera vida, el sentido común? La perspectiva cambia cuando las palabras andan. De mientras el vaivén de un ser roto, que se queda quieto, casi muerto, frena. No logra acelerar, se ha detenido. Por un momento pensé que las subordinadas, en este preciso texto, sobraban, pero va y saltan y se solapan y, ahora, las teclas van saliendo a bocajarro de mis entrañas menos ensangrentadas. Se están secando, se están secando. ¿Cuándo? Se pregunta mi aleteo izquierdo. ¿Cuándo, el qué? Se vuelve a cuestionar mi inseguridad que va deshaciéndose a ras del suelo, o del cielo. El hecho es que ya me he acostumbrado tanto al infierno que voy, voy, y vuelo, aunque sea entre verbo y verbo. Aunque sea estrellándome con la metáfora, o la realidad. La moraleja… ¿Cuál era? Inexistente, se encuentra. Bueno, yo sólo intentaba describir ese movimiento, sí, justamente el extraño, pero resulta que se ha equivocado. ¿Quién: yo o el milagro? Perdona, quería concretar, supongo que encajar esa lógica…, en un diminuto hueco. Resulta que este se ha ensanchado y de él van naciendo sin parar, de las raíces, las ramas y, de las semillas, las flores ya no tan marchitas. Entonces, se me caen todos los placeres. Se mantiene el sujeto tácito, que tiene una estrategia que ni te imaginas. Mira, mira cómo aletea. ¿Quién? Volverá a incordiar la irracionalidad. Luego se girará, quizás, la sombra inédita concluyendo que siempre ha estado, aún así percibiéndose ausente. Como tu frase estrella, que era mía de hace ya unos largos días… Que aquí lo importante es tu presencia. Definitivamente, eres el capullo que, siendo consciente y a ciencia cierta, me ha causado el florecimiento interno, el que me ha regalado el jardín entero desde dentro. El mismo que me ha dotado del momento más mágico de mi vida, justo donde ya me estoy apreciando los recovecos, más o menos editados, o abstractos, pues, no sé de qué manera, ya me estoy queriendo en este gerundio sempiterno. Te quiero.

  • Nos estamos queriendo

    Nos estamos queriendo

    Abundaban las nubes grisáceas, llenas de un algodón raro. También caían las pestañas, y los milagros se iban deshaciendo con el paso del tiempo. Los segundos son eso, segundos. Quiero olfatear esta existencia vital, de otro tipo de color, con otra perspectiva, pero solo se pasa el tempo, que grita y baila y se queda detenido en su propio hueco. Voy…, de hecho, estoy ya cansada de esta existencia vital. Son las cuatro pasadas, otra vez, y ya desconozco si quiero seguir o reseguir tu cuerpo con mis labios humedecidos. Aunque, bueno, sencillamente, si eso fuese sencillo, si fuese capaz de entrar en esa brevedad tan intensa, pues te descubriría, y me relamería entera la certeza. Después me tomaría la cerveza para celebrar el pastel de nata con cerezas de hace cuatro años más atrás. Por allá en el dos mil veinte y tanto, pero no tantos, se incendió un tipo de embriaguez… que, ahora, es una locura escondida en otra vida. De repente, miro hacia mi derecha y el título del libro me llama, sí, me grita que me quede. ¿A dónde? ¿Con quién? Se cuestiona mi mente, burlona. Solo queda despedirse del reflejo del espejo. ¿Te canto un secreto? Resplandecía demasiado. Y, sin querer, mezclo la incertidumbre porque me salen escopeteadas las palabras. ¿Y las adecuadas, dónde están? Perdidas entre la abundancia. Admírate, Anna, que esto ya se acaba. Esto ya se acaba. Hace daños, y escopetazos y portazos, que me marchité y no sabía, no sabía, cómo florecer, pero es que… ¿Hay que saberlo? Quiero decir que una renace cuando le sale y no cuando quiere que le nazca, porque si no sería todo muy artificial, antinatural y poco arbitrario. Para el carro, descuélgame esta y vente conmigo a vivirnos. Expliquémonos, así, narrándonos sin tantos pretextos y sin mirarnos tanto el pescuezo. Descríbeme a literatura cierta, al ritmo de mi novela, que sé que ya te la estás bebiendo a sorbos lentos. Perdóname si se me resbala la penúltima pestaña, estaba bailando a propósito de ti, queriendo quererte. Estaba pidiendo el último deseo que parece ser que va llegando aunque a cámara muy lenta. Va arrasando, el suelo, y también llorando, con el infierno que es otro tipo de juego lento, pero estratégico. ¿Nos estamos queriendo al mismo tiempo?

  • De golpe, y portazo

    De golpe, y portazo

    Y me cuestiono, así, como si nada pasara… ¿Culminará la novela de alguna manera? La fe desacelera, frena. Me quedo quieta, inédita y muerta, sí en ese miedo inherente. Saldrá de mi mente. ¿El qué? Se va preguntando el reflejo de mi otro espejo que se convierte en algo. Quizás es un verbo o la explosión del deseo, seco. Vuelvo a ir tarde, ¿Pero a dónde? Si la vida es esta, si la vida se parece a eso. La caída…, vaya forma de colgarse… Eso, que son tres escasos segundos. Y yo, yo, ya estoy harta, y voy saciada o, mejor descrito, muy cansada. Me quedaré en la línia final o al principio desde donde se vislumbra, en la lejanía, la meta. ¿Consistía en ir o en hacer la paralela? Bueno, pues, qué pena, nena, porque voy haciendo eses con creces. Desconozco y lo vuelvo a conocer absolutamente todo. Me vuelco en ese hueco, es decir, en el mío. Cómo admiro ese vacío, cómo lo admiro. Realmente…, lo detesto. Luego voy y la fastidio, porque no me queda de otra. ¿O sí? ¿Qué será? ¿Qué será de mi existencia vital? Solo siento que voy tarde a algo o, sencillamente, que remonto al pasado y cuando me veo en este presente, uf, me quedo tan ausente. Ese segundo que levita entre la neblina espesa que pesa…, ha retrocedido, pues se quiere tan mal y del revés. ¿Ves? Qué vicio, es bucle. Me engancha, me confunde, me distorsiona la realidad. De golpe, como si la nada aún pudiese convertirse en algo menos destacado, se posiciona delante de mi ser, pero yo, yo dejo de ver porque la mirada se me ha cristalizado.

  • La fe sin nombre

    La fe sin nombre

    Va lloviendo, mis ojeras se despellejan y, el que parecía que aparecería, no llega. Se ausenta o se oculta entre las sombras más inéditas. Me quería ver muerta, pero las lágrimas arrasan. Entonces me encuentro vívida. Me quedan tres días contados… ¿Para qué? Se preguntará el del otro lado. Me duele el costado izquierdo y cada una de mis costillas que aprietan. Voy sangrienta, y soñolienta. Hace dos noches atrás, ¿O fue anoche? Bueno, el caso es que tú estabas dentro de mi ensueño, allí, recreándote, pavoneándote indirectamente y, mientras él me susurraba en mi oreja derecha, que tú estabas preparando mi aniversario… De golpe y porrazo me sonó un estallido alarmante: tocaba levantarse. Mi cuestión es porqué te metes en mi mente cada dos por tres. ¿O es que nunca sales de ahí? Se me enfrían los dedos de los pies. Vuelve a llover. Me da miedo…, de hecho, me acojona no saber salir corriendo cuando es lo más necesario en ese o aquel momento. Me aterra desconocer cómo colocarme para poder dispararme impulsivamente hacia otro lugar. Cierto, de intensa, lo soy, de vez en cuando. ¿Tendré la capacidad de deshacerme de ti cuando no pueda más? ¿O es que ya nos hemos unido tanto que…? ¿Tan entrelazados estamos? Vaya, veo que sí. Y solo quería echarte a un lado, pero resulta que si te despacho de mi vida, también me condeno a mí misma: ambos vamos al unísono de nuestros latidos, que van perdidos entre unos sentidos dignos de admirar. Te quiero, te quiero nombrar. ¿La fe se apellidará?

  • El vacío existencial

    El vacío existencial

    Vaya desastre: mis sentimientos se van…, se quedan en el garete, y se ahuecan todavía más, como si fuese posible, y levitan en una bruma espesa, llena de suciedad ennegrecida. ¿Serán los recuerdos que vienen en forma de versos? O, simplemente, que yo los descuartizo a cuchillazos y se convierten en varios pedazos y se quedan deformados, y deshinchados? Me gusta tanto ese vacío mío, que no hay quien me lo quite de encima. ¿Será que si me enamoro de él, posiblemente se descuide de mí? Mi miseria rota ya ha dejado de ser vida. Voy menos vívida. Me gustaría sentirme querida, bien querida. ¿De dónde proviene la herida? Pues de una misma, que se creía, se veía, entera, pero, resulta, que se siente superflua. Vaya mierda. Quítame esa pereza…, mi destreza ya no sirve, pues es inútil escribir cuentos que acaban con finales absurdos. Incluso describiéndome, culmino perdiéndome una y otra vez, así, ausentándome, intentando, adueñándome de mi no tan queridísimo ser interno, que se encuentra bastante enfermo. Late, late. ¿El qué? El pescuezo, o mi pie derecho. Me levanté mal y luego me caí. ¿Realmente resolví? Bueno, me concluí. O quise hacerlo y desconocí cómo. La forma a conjunto con las maneras… nunca se coordinan. Jamás irán de la mano, porque una va de lado y, la otra, de costado. Se desdibujan incongruentemente. Seré yo, será el mar o la poesía que aún debe salir al exterior porque está tan escueta, tan quieta, que no sabe de qué manera verbalizarse: quiere saltar de la palabra a otro espacio estelar y estallar y brillar y…, y quedarse soñando en la mente de aquel que la lee, pero, vaya, se siente enferma, muy, muy, enferma por un desamor inmenso que naufraga entre las corazonadas de su ser interior perdido, que palpita dentro de una tarde de un café ya frío y efímero.

  • Los tiempos

    Los tiempos

    No sé, a veces me pierdo, me descuelgo, y deambulo entre los verbos. El suceso es otro caso inédito y hay otras veces que se me caen los tempos. Van, vienen, se deshacen. Luego, coserse las heridas, es otro estado mental, y emocional, de un calibre bastante personal. Quizás consista en profundizarse aún más, como si fuera posible. Se me va cayendo la vida a pedazos. Perdóname por colocar un gerundio por aquí, que, normalmente, se queda estancado y no quiere avanzar ni tampoco hablar. Supongo que si lo descuartizo un poco, quiero decir, si deshilacho ese, el maldito verbo compuesto, que está bastante descompuesto, y le pongo un chispazo de cariño… A cámara muy lenta, pues, posiblemente se recree, o me acabe describiendo en un acto impersonal. La acción de ir muriéndose una misma en esta vida… ¿Cómo se determina? ¿Y cómo culmina? Quizás en carne viva, y vívida. Será un tipo de sabor con olor a hedor. Me voy explicando, o no. Al final no habrá un final, solo un texto indeciso. Ya me muevo, ya me muevo… Me estoy yendo, sí, a otro espacio estelar: quiero volar y jamás aterrizar. Bueno, primero tendré que despegar, desenganchar todas las coletillas, y hacerlas mías.