Y tú la ves y la miras y dices: «Joder, que sonrisa». Pero si está sola, andando tan tranquila y la comisura de sus labios se alza hacia arriba, entonces es que ya ha sido elegida y que, ella, también eligió.

Y tú la ves y la miras y dices: «Joder, que sonrisa». Pero si está sola, andando tan tranquila y la comisura de sus labios se alza hacia arriba, entonces es que ya ha sido elegida y que, ella, también eligió.

No me voy a arriesgar esta vez porque sé que lo perderé todo. Y lo siento, te cerré tantas puertas… tal vez tú no me querías y nunca me has querido pero tenía el presentimiento de que teníamos el mismo sentimiento. De que encajábamos. Pero ya no sé nada. ¿Y si vienes y me besas?

que un día estés aburrido en casa y te apetezca abrir el libro que te regalé. Y que, por casualidad, se te asome una sonrisa en los labios al leer mi dedicatoria, al pensar en mí.

¿Que cómo puedes llegar a su alma? Sólo besándola y curándole el corazón día a día. ¿Que cómo puedes curarle el corazón? Cuidándola. Ella te lo agradecerá con una sonrisa y te regalará todo su amor. ¿Que no tienes suficiente? Entonces, olvídate de ella.

¿Volveré a cometer el mismo error? ¿Volveré a dejar escapar un amor, no uno cualquiera, mi amor? ¿Volveré a caer? ¿Volveré a sufrir? ¿Volaré hacia ti?

Que yo lo sé, que no quieres sentir ese sentimiento y por eso te alejas. Pero de esa forma me matas. Te quiero, y me lastimas.

¿Pero quién te crees que soy yo? Que puedo utilizarte hasta despreciarte pero jamás amarte. Me fui a Marte a quererte en la distancia para, después, darme cuenta de que no vales la pena. ¿Y de qué voy? Voy de inmadura, de alocada, de chiflada. Que soy la que te torturará, hasta romperte el alma.