Cuando intentas convencerte de una sola manera y de una única forma tan real y latente, significa que la frase que parece inédita ha sido transformada, sí, descolocada, conjugada, borrada y reescrita varias veces. Jamás podrás ocultar o cambiar el qué, el cómo quizás, pero la realidad escondida detrás y dentro de la verdad es la sinceridad completa, exacta, perfecta. Sí, la maldita y embrujada sentencia: que te sigo queriendo, que a pesar de todo te quiero, y hay un pero, y vaya si es jodido. ¿Dónde está el truco? ¿Eres el mago? Seguramente la magia la puse yo, de primera mano, con tanta ilusión que se incendió, que estalló el infierno de donde chispeaban brillando todas las estrellitas eternas, efímeras, encendidas, y muy enrojecidas, como mis costillas.
Autor: perezitablog
Las semillitas florecidas
Las palomas van suspirando, te busco entre las semillas de mi corazón que ya va sanando, a ver si te encuentro en aquel escondrijo, el huequito. Cómo duele y, al mismo tiempo, escuece, la rosa que parece que se sonroja, pero ya estalló sacándose de la herida la última, marchita. El caso es que está sangrando, intentando aguantar las ganas y los colores en los pétalos muertos. ¿Sabes qué pasa? Que se descosen, cada vez van menos deshilachados. «Es el proceso», dicen. «Trascender a otro ser, transformarse», dije yo. Para luego estancarse, ahí, en la misma miseria, aunque el bucle esté roto, quebrantado, se precipita por la escalera desde arriba y se va cayendo mientras se golpea al vaivén del querer quererse. Si en eso consiste la vida, me aptece seguir, por y para mí, desde dentro, siendo feliz.
Desbloquéate
Hola, ¿Cómo estás? O, mejor cuestión maldita: ¿Cómo te sientes? ¿Y hacia dónde te diriges? Pues me estoy yendo de mí, aunque me van brillando los ojos, dicen. ¿Será de tristeza, de amargura eterna o de ambas? Las pisadas las voy colocando del revés, pero no pasa nada, hasta que la patada alcanza el alma y, entonces, el balazo estalla y se estampa. Solo me paseaba por aquí para preguntarte, y he acabado cuestionándome. Siempre me rebota la miseria, la sombra, la duda inédita y tan extraña de ella que, bueno, se estrella, y se queda: se ha posicionado, está mirándome, y arrugo la frente, pestañeo tres veces. Detente, muere. ¿Y por qué no te desvaneces reflejo de mi queridísimo espejo? Oyes sin escucharte, sin siquiera percatarte de que ya vas tarde, porque el proceso de quedarse hueca, ¿En qué consiste? ¿En describirse en una novela, o algo así, y luego adueñarse de una misma y acabar desterrándose? Te comparto mi novela que se desgarra por si misma…
¿O sí?
Después de la herida, la semilla. ¿Cuándo cambiaré de registro? ¿De qué manera? Los pies y las corazonadas despedazadas, sin esperanzas, se me solapan. Estoy, de hecho, voy triste, y enloquecida por la rosa marchita. Me gusta el monstruo, y de la sombra que atrasa y arrastra, ¿A qué se dedicará? ¿Con quién insistió tanto en un pasado? Me arraigo, me enredo, me atrapo, porque mis pensamientos bailan al son del viento muy espeso. Si hablo del enamoramiento…, se difuminarán las luces creando un cielo. Anoche vi las estrellas que me remontaron a la tristeza más inédita; la mía. Aquellas, tan bellas y eternas, eran todas las bombillas petadas. Estallaron de toda la soledad que fueron llevando. Cortando de raíz se me ha disecado la cicatriz. Y perdí la última perdiz, pues ya no hay un final feliz.
Ilusiones, y mucho café
Un café, y a seguir escribiendo o describiéndome del revés, porque ir del derecho ya ni sé. Me descosí tantas veces que solo me queda huir (de mí). Y sí, quizás me reí. Y no, tal vez no me quiera así, aunque permanezco -en vano- para sobrevivir. A qué es una muy buena cuestión. Pensé y dudé y me retiré, y te pillé observándome mientras mi corazón sintió un pellizco de dolor. Puede ser que en un pasado intentaras llenarme de color en mi interior. Dije puede, porque instantáneamente me fotografiaste y todavía, toda yo, voy queriéndote, ingenua de mí… agarraste el horror estampándomelo a cámara lenta con mucha intención. Quedé estrellada, tan enamorada, hasta las trancas, que me chirrían las escamas de mi corazón amargamente roto, pero estoy aquí: otra vez intentando silenciar cada uno de mis latidos, pero si me captas los suspiros, si me los pillas al vuelo, verás mis reflejos de donde mis miradas irán saliendo los destellos. ¿Sabes qué son? Mis sueños rotos. Obsérvame, ya que mis ojos van cojos, también rojos. Después de los infiernos solo queda florecer y créeme, lo sé, culminaré en aquel arte tan abstracto de ser: volver a nacer, crecer, romper y etc., porque, bueno, a posteriori aún abundarán los cielos enngrecidos, el carbonizarse el alma porque sí -por ti-, el acto de sobrevivir. ¿A qué sí? Déjate de tantas cuestiones, incondicionales paranormales, de tiempos verbales atrasados y hombres raros. Arréglatelas tú sola aunque vayas bailando en ese gerundio. Un día la guerra estallará, lugar donde seguramente serás la menos coqueta, aunque de tierna, hecha y un poco entera, pues yo qué sé. ¿Estaban bonitas las heridas que te comiste? A mí me continúan escociendo, y sobretodo aquellas desilusiones.
La frase que escuece
Por tu culpa se me ha escapado la frase, ¿O es que ha huido como yo? Cobarde de mí. Voy con las ojeras metidas en las orejas. De las costillas ni me hables, déjalas. Luego sácate las entrañas, ¿Me extrañas? Estoy cansada de que tus suspiros le roben alas a mis latidos, porque se mueven, se van desgastando, marchitando. Marchando a otra estación, estancionarse o quedarse de pie para después envejecer y renacer del revés. ¿Sabes qué? La frase sigue estancada, arraigada y enturbiada en el pasado reciente No está mal, tampoco bien, porque sencillamente se pasea relamiéndose entera. Las letras, las heridas y las tiritas tiritan, ¿Sabes? Se repiquetean. Serán las tostadas, o los portazos, del ayer enjaulados en muchos tipos de amanecer y terminar en el mismo quehacer. ¿Me permites este baile? Y todos los que continuarán… chocamos nuestras miradas, a ver si nuestras hadas se unen al unísono y comparten el mismo tono. Aunque de tonalidades grisáceas hay tantas que abundan, y amargan esa rara esperanza. ¿Te apetece colorearlas?
Amor encallado
A veces me siento cansada de mente y de alma. ¿Con qué finalidad bailamos en esta existencia vital? ¿De verdad vamos danzando o solo es un simple juego? Será la muerte que se asoma y se expande haciéndose grande. Serán mis latidos ya pequeñísimos, casi inéditos, pero muy perceptibles. Me duele, me repiquetea la cáscara. ¿Cuándo se romperá la máscara? ¿Y mis ojeras, cuándo piensan marcharse? Tal vez si con amor las tratase. Bueno, siempre, sin quererme, acabo hundiéndome en mi propio y abstracto cuadro despintado, y despeinado. Ando, ardo: surfeo, temblando; me he pellizcado. Consistía en sembrar la semillita… ¿Ya florecida? En pasado, ¿Estoy narrando? El después nunca llega, ni quiere aparecer porque se esparcen. Te estoy describiendo las piezas de mi corazón marchito, maldito, torcido, quebradizo y enfermizo. Ya no sé ni qué he escrito, pues me he relamido tantas veces la misma, tan precisa, herida, que queda pasearse, pasarse de la línea divisoria e invisible que separa, que traspasa el papel con las gotas de las lágrimas que van cayendo del infierno del cielo. Me quiero, pero detesto el hecho de ir tan solitaria. Quiero que me quieran legendaria, convertirme en la leyenda de mis distintas batallas que forman la única guerra: del amor al dolor hay un sutil latido de donde arranca el bombardeo para que a posteriori arda el sufrimiento. Te estoy queriendo, aunque me encuentro en la otra cara de la moneda, de la decisión oculta, del condicional sin ningún plato opuesto. Te quiero, ¿Pero yo más me quiero? Y si me quedo. ¿Será porque te aprecio con una pizca de miedo? Te elijo, pero como me priorizo, me respeto, te saco de la ecuación ilógica y te sigo queriendo en aquel gerundio sempiterno que se quedó atrapado en el viento.
¿Qué te escuece ahora?
Actualmente me duele un poco la costilla izquierda, aunque voy bien derecha y estoy entera. ¿De qué no te has enterado todavía? La noticia se da por sí sola, pues Burlando el tiempo es mi última breve novela. ¿Cómo definirla? Supongo que ya se ha descrito por ella misma solo con el simple hecho de ir escribiéndola. Supongo que yo fui la narradora y la escritora, o ambas, el caso es que es complicado encajarla en un único cajón, pues podría interpretarse desde varias perspectivas o desde una sola, ¿Te animas a descubrirla?
Me apetece destacar que ha sido una de las más íntimas, sí, por su necesidad, es decir, por mi urgencia de ir sacando y soltando lo que tenía dentro, pues iba tan arraigada al pasado a mi ser interno…
Comprendo que estoy ensombreciendo aún más el tema, que estoy descosiendo o pintando a pinceladas cada vez más alocadas, el intento por esclarecer. ¿El qué? Ya ni lo sé, pero, bueno, siempre puedes preguntarme y, probablemente, te resuelva tus dudas o inquietudes.
Nos vamos leyendo, que abunde el amor propio, y que sea tan sano que te haga florecer.
Punto, ¿y seguido?
Es hora de colocar el punto y seguido, seguro que es más sencillo, o no. Con los intentos fallidos de dejar de quererte, cada vez me desvanezco más. Ahora suena una de las muchas canciones que hiciste sonar en tu coche. Sí, eres un todoterreno, pero te quiero lejos porque me dueles, me dueles y, entonces, concluyo, que eso no es amor sino otro tipo de color: el dolor, pero aquí zanjo la cicatriz. Ayer, cómo me mirabas, maldita sea tu mirada, que me corta la vena aorta, que me hiela la sangre entera. Creía ser eterna: soy más efímera que mi propia miseria. Así que si me permites, me elijo de entre todas mis raíces y me planto aquí, no sin antes desvivir mi proceso, mi duelo, mi sufrimiento. ¿Que te quiero? Demasiado, pero, despreocúpate, porque con ese «yo me arreglo», aún sin tener un tipo de celo ni pegamento ni tampoco una pizca de vitalidad, pues me construyo. Del desamor nacerá la rosa, dicen, ¿No? Pues yo narro plantando mi título marchito que soy yo, que siempre lo he sido. Permíteme dar el paso, que ya estoy arrancando del suelo los pétalos muertos. Crujen, crujían y crurjieron. Quizás se cruzan o se mezclen entre la hierba mala, y tanto que nos la acabamos tomando y terminamos, así, descosidos. O torcidos o agarrados de las manos, pero muy separados. Y el texto, es uno de carácter personal, uno de los que he escrito. A leguas se ve tu pescuezo y me quedo sencillamente con mis quehaceres, con los placeres de esa monotonía sempiterna, lo único que queda será esa pequiñísima semillita ya florecida, porque de la flor herida siempre vuelve a nacer, a crecer una más bonita.