Autor: perezitablog

  • Después de

    Después de tanta soledad e ir solitaria, de convertirme a la vez en loba, luna y miseria… después de quererte y estrellarme, que me salgan por las orejas las estrellas, solo queda, habita, entre estos latidos, un tú y un yo sin estar unidos, así, separados, malditos. Porque a posteriori de tantas pausas -del suicidio en vida, del Paréntesis y la metamorfosis del revés- un, dos, tres, ¿Me ves? Chasqueo los dedos o la lengua, o ambas, y sigo aquí quieta. Mi sangre está cada vez más espesa, se estresa, bombardea y continúa inédita. Me gustaría arrancarme la piel del caparazón, pero el corazón ya se encarga solo de ir despedazándose, de enredarse aún más al vaivén de como van cayéndose los hilos descosidos. Y gracias, queridísimo mío, que nunca lo fuiste ni lo serás, ojalá te pierdas y te hundas en ese jamás como yo -años y daños- atrás. Tantos asuntos pendientes, métete en los tuyos. Creí, tan ingenua de mí, que compartiríamos, así, al unísono, el latir genuino de una forma de querernos, la nuestra, ¿Sabes? Y pensé que tenía ovarios, pero se ve que las temáticas en relación con el amor, me acojonan más que el morirse en vida. Aunque resulta que todo, los hilos rojos y enrojecidos, están en el mismo anillo, en la misma punta del cuchillo, de donde luego le resbala la antepenúltima gota ensangrentada. Era que te estabas queriendo en un gerundio muy intenso y en un pasado plusquamperfecto, y vaya si fue imperfecto.

  • ¿Lugar dónde me he sentido querida?

    Abundan los lugares donde me he desarmado, momentos en que me he soltado el pelo y sacado la coraza, y todo para nada, justo cuando se me ha roto la esperanza. Mirándome en el espejo, después de enfundarme en aquel vestido de un color morado oscurecido, semejante al amor descosido, y ennegrecido… Descolorada voy, sonrojada vengo. Luego me quedo latiendo solo con mirarte: se me ha estrellado la cotidianidad, y las estrellas que chispean, que chispean, han estallado. Entonces culmino narrándome, describiendo metafóricamente la forma, espesa que pesa, que mis latidos se han convertido en pétalos ya marchitos, muy muertos, derretidos. Mi otra yo, la poeta real, ha decidido colocarse, y descolocándose, los tacones, enchufarse a la música más rompedora y sanadora, y profundizarse, hundiéndose en aquel texto jamás verbalizado, aunque cicatrizado en el pecho izquierdo. Me van doliendo las costillas, pues se repiquetean tanto entre ellas, que no alcanzan a transmitir las mentiras más honestas. Así que, sencillamente cabe destacar que me he sentido menos querida, incluyéndome y, también, excluyéndome con un pesimismo abundante, y redundante. Y, precisamente, Burlando el tiempo, es un sitio donde ya no resido, o quizás aún sigo conviviendo con ese hueco. Bueno, me desvanezco.

  • Sorda, de corazón

    Más rota que coja, voy de cora‘ sorda. Aquel inciso, un pequeñísimo detalle: soy, me acabo de convertir en la muerte personificada. Lo siento, lo voy sintiendo tan adentro. ¿Que sonría? ¿Qué tipo de finalidad hay después de? ¿De qué? De todo el mísero, y maldito, caos. Vaya inmensidad, qué absurdez, y la brutalidad de tu serenidad, e indiferencia. Porque después de tomarme dos cafés, de los días consecutivos que se solapan; me sobran las mentiras, sí, mírame, continúo roja: mi costilla izquierda siente un dolor abstracto, pero muy, muy, muy preciso. Te está queriendo, te estoy queriendo en el jodido infierno sempiterno. ¿Y tanta eternidad para qué? Me sequé, me quedé fuera del latir: te quise y te querré a conjunto con el hueso hueco, que repiquetea entre lágrima y sonrisa amarga. Cómo abunda la soledad…, pues me siento tan solitaria. Gracias amor, por ser el erróneo. Gracias desamor por desatenderme y no corresponderme, por jamás llamarme y enviarme señales fuera de lugar, así, desconectados. Sí, porque llegaron a mí, pero distorsionados. Ya me estoy cosiendo, cogí hoja, hilo y cerebro y me marqué un triple: solté, te borré y te eliminé. Ahora estoy grapando mis dos cables inconexos. Están tan dolorosamente mal atados, los costados. Hablo de los costados… que están mal colocados. Antes se me sonrojaba la costilla derecha porque se había incendiado, estallando. El caso es que continúo rota y coja y colgada, también, de alma (por ti).

  • Ojalá

    Soy aquella, la del corazón sangriento que estalla como un vacío roto, a cámara muy lenta. Con él me pinté los tacones, ahora son de un color espeso, y me los puse y me convertí en un pibón volando hacia Plutón. Milagrosamente, las lágrimas estaban ausentes, aunque muy latentes. Sácate las lentes, vayámonos de forma pausada, precisa y concisa y firme para no caernos desde la repisa de la cornisa. Entonces, de escopetazo a bombazo y luego al estallido solo hay nueve letras y tres pasos, quizás, ya disecados. ¿Qué nos está pasando? ¿Estamos palpitando en otro repiqueteo de pies inéditos? Solo te quiero ver una vez más, solo una más, y que me observes del revés y por detrás y de arriba abajo y te detengas en mis labios para luego besarlos indiscretamente, y despacio para volar en otro espacio. Y con una pizca de pasión, me cuestiono si serás el único que me va leyendo entre mis líneas más inéditas, y escuetas. Estoy enternecida y encendida por cómo me miras. Y ojalá estemos a rebosar de verdades y no de mentiras.

  • Resuena, mi corazón

    Antes de que te vayas, otra vez, y me dejes con la sonrisa herida y entristecida y la tirita enrojecida. Antes de que, bueno, mi cora’ se marchite al son del atardecer, antes de florecer y después de que se vayan cayendo los pétalos, ¿Sabes? Justo ese instante, el preciso vaivén entre el irme o quedarme, entre besarte y deletrearte lo que sale de mi infierno, o ir esperándote. Dejaré todas las ventanas abiertas durante este noviembre hambriento, frío y eterno, para ver si te caes aquí, de pie, o del revés, que más da ya. Si ya está todo dicho y hecho y el invierno se asoma y parece que se marcha. Y la Navidad está a la vuelta de la esquina, solo con girar la página, con una sola lágrimilla resbalando por mi mejilla izquierda, porque el brillibrilli empieza y los villancicos resuenan y las campanas chocan entre ellas, pero, siempre continuará en mi ser esa nostalgia rara porque se acerca, sin querer, la época navideña, la pequeña, la más perra, y hueca, pues sigo aquí. ¿No me ves? Con una soledad entera, y la luna, brilla allá, convirtiéndose en una luz eterna, que ciega tanto que ensombrece. Quítate el sombrero, lo hiciste como un bruto, eso, lo de ir soltando indirectas y lanzando el anzuelo. Déjame decirte que ojalá volásemos yéndonos más allá del altar. Déjame decirte que aún te quiero.

  • Piénsalo durante dos escasos segundos

    En primer lugar, gracias a aquellos que os habéis descargado Burlando el tiempo y también a los que me váis leyendo. Por cierto, estos libros tengo. Y, en segundo lugar, no hay donde hallar o, mejor dicho, ubicar absolutamente nada. ¿Qué pasa…? Más preciso: ¿Qué significa cuando una no tiene cabida? Que se pierde aún más. ¿Me pillas? Pues yo…, yo voy yendo escopeteada y está bien y hay veces que está mal, es correcto equivocarse, desistirse, enterrarse para luego fruncir el ceño y entre pestañas deslumbrar otra escasa vez. He escrito, y sigo, varias pinceladas, así, absractísimas, que provocan el cambio. ¿Sabes? El impulso con un efecto intenso de ir queriéndose. Ese es tu único poder, entre otros. El sentir, sufrir, elegir, aceptar y, luego, dejar ir. Se le llama vivir. Bueno…, sencillamente me paseaba por aquí para agradecer que, oye, es un acto que debería ir haciéndose de forma habitual sin importar las figuras ni las maneras. Supongo que acabo de plasmar una pequeñísima, pero importantísima reflexión. Piénsalo por dos segundos y, al cabo de medio más, haz saber a ti mismo que estás siendo un ser, aunque de carácter humano, eres válido.

  • Es que te quiero

    Lucho por quererme, quererte y querernos, aún así me nace solo ese latir de ir a por ti pues mi corazón danza al son del enamoramiento en un gerundio sempiterno.

  • «Jane Eyre», de Charlotte Brontë: un clásico sobre el amor, la libertad y la fortaleza femenina

    ¿Por qué Jane Eyre sigue siendo una de las novelas más importantes de la literatura inglesa?

    Hay libros que sobreviven al paso del tiempo porque hablan de emociones universales. Jane Eyre, de Charlotte Brontë, es uno de ellos. Publicada en 1847, esta novela no solo narra una historia de amor inolvidable, sino también el proceso de crecimiento de una mujer que lucha por conservar su dignidad, su libertad y su identidad en una sociedad llena de desigualdades.

    En esta reseña comparto mi opinión sobre una obra que continúa emocionando a generaciones de lectores y que sigue siendo un referente de la literatura clásica.

    Ficha del libro

    • Título: Jane Eyre
    • Autora: Charlotte Brontë
    • Publicación: 1847
    • Género: Novela clásica, romántica y de formación (Bildungsroman)
    • Editorial: Alianza Editorial
    • Número de páginas: 656

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    ¿De qué trata? (Sin spoilers)

    La historia sigue la vida de Jane Eyre, una joven huérfana que, desde su infancia, debe enfrentarse al rechazo, la injusticia y la soledad. Tras crecer en casa de su tía y pasar varios años en el internado de Lowood, Jane decide construir su propio camino y acepta un puesto como institutriz en Thornfield Hall.

    Será allí donde conozca a Edward Rochester, un hombre tan enigmático como complejo, con quien desarrollará una relación que cambiará su vida para siempre. Sin embargo, el amor no será el único desafío al que deberá enfrentarse. Jane tendrá que tomar decisiones difíciles que pondrán a prueba sus principios, su independencia y la imagen que tiene de sí misma.

    Mi opinión

    Lo que más me ha gustado de Jane Eyre es que Charlotte Brontë construye una protagonista profundamente humana.

    Jane no es una heroína perfecta. Comete errores, siente miedo, duda y sufre, pero nunca renuncia a aquello que considera justo. Precisamente esa firmeza moral es lo que convierte su historia en una de las más memorables de la literatura.

    Aunque el romance entre Jane y Rochester es uno de los elementos más conocidos de la novela, considero que el verdadero corazón de la obra es el crecimiento personal de la protagonista. A lo largo de la historia aprende a valorarse, a defender su libertad y a no aceptar una felicidad que implique renunciar a sus propios principios.

    También me ha parecido especialmente interesante la forma en que Charlotte Brontë combina momentos de gran intensidad emocional con elementos de misterio y una atmósfera casi gótica, que aportan personalidad a la novela sin eclipsar el desarrollo de los personajes.

    Los grandes temas de la novela

    La búsqueda de la identidad

    Jane Eyre lucha por descubrir quién es y qué lugar quiere ocupar en el mundo, incluso cuando las circunstancias parecen decidir por ella.

    La independencia femenina

    Mucho antes de que existieran los movimientos feministas modernos, Charlotte Brontë creó una protagonista que reivindica su derecho a decidir sobre su propia vida y a ser tratada con igualdad.

    El amor

    La novela muestra un amor intenso, pero también complejo, donde los sentimientos deben convivir con la responsabilidad, la dignidad y el respeto mutuo.

    La superación

    A pesar de las dificultades que encuentra desde la infancia, Jane nunca deja de avanzar. Su capacidad para levantarse después de cada golpe es uno de los aspectos más inspiradores de la obra.

    Sobre Charlotte Brontë

    Charlotte Brontë (1816-1855) fue una novelista y poeta inglesa, considerada una de las grandes figuras de la literatura del siglo XIX.

    Publicó Jane Eyre en 1847 bajo el seudónimo de Currer Bell, convirtiéndose rápidamente en una de las voces más importantes de la novela victoriana. Su obra destaca por la profundidad psicológica de sus personajes y por la importancia que concede a la independencia y al desarrollo personal de sus protagonistas.

    ¿Recomendaría este libro?

    Sí, especialmente a quienes disfrutan de los clásicos, las novelas románticas con profundidad psicológica y las historias de crecimiento personal.

    Aunque fue escrita hace más de siglo y medio, Jane Eyre continúa resultando sorprendentemente actual gracias a la fuerza de su protagonista y a los temas que aborda.

    Mi valoración

    Jane Eyre es mucho más que una historia de amor. Charlotte Brontë construye una novela inolvidable sobre la libertad, la dignidad y la capacidad de mantenerse fiel a uno mismo incluso en los momentos más difíciles.

    ¿Merece la pena leer Jane Eyre?

    Sin duda.

    Si buscas un clásico que combine romance, misterio, desarrollo psicológico y una protagonista inolvidable, Jane Eyre es una lectura imprescindible.

    Charlotte Brontë consigue que la historia de Jane siga emocionando porque habla de cuestiones que nunca dejan de ser actuales: la búsqueda de la felicidad, el deseo de ser libre, la importancia de la autoestima y la necesidad de amar sin renunciar a la propia identidad.

  • «Voy a dejar de quererte»

    La única promesa que me hice la rompí.

    Spoiler: me enamoras cada vez más, así, in crescendo.

    Y me odio por ello y me siento culpable y me duele y me gustaría arrancármelo, que dejase de sangrar, pero es que me miras y se me sonroja hasta la herida, me provocas las cosquillas y mis costillas se van cosiendo, de donde les brotan las alas. Y de cicatriz en cicatriz voy, así, arrasando el infierno, por eso me marcho siempre, por miedo a perderte y va y me pierdo yo más, y va y te quedas atrás. Y justo cuando me giro solo veo a los demás porque tú ya no estás. ¿Alguna vez me quedaré? Es que tengo miedo a la profundidad del mar y al acto de amar y no sé si yo sabré quererte de forma sana, pues si no sé ni quererme. ¿De qué va a servir este lazo tan raro y complicado? ¿Para que el amor se convierta en algo bonito? ¿O ya lo está siendo? Me sale, sin querer, la lágrima y de golpe rima la sensación con esa mariposa nerviosa que está ansiosa, sí, por verte, tenerte, saborearte, sentirte. Culmino inerte, aunque tengo un pupurri de emociones y la más bonita es aquella que no necesita ponerse una tirita porque imagino, soñando fuerte, que cuando me beses floreceré con creces. Lo siento por quererte.