Otra yo

Salí a volar;
la arena húmeda bailaba con mis pies desnudos que, libres, sentían las piedras y la espuma del mar chocar contra ellos.
Llegaba el atardecer; el sol descendía y la brisa, fresca, hacía volar mis cabellos castaños.
Mis ojos, ya no tan helados, sonreían un poco al recordarte. Porque ya no estabas, te fuiste. A otro mundo, a otra era, a otro Universo.
Me quedé sola en un sinsentido de preguntas abstractas que no tenían respuesta.
Y recordé aquellos días donde vivíamos juntos, sentados en aquel peculiar sofá verde botella. Tú ausente, yo presente. Nos mirábamos ansiosos: tú con ganas de marcharte y yo con motivos para quedarme.
Luego mis esquemas se rompieron todos, quebrándose de golpe, y a pedazos.

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