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  • Ahora, mi subconsciente

    Ahora, mi subconsciente

    El problema aquí, el que habita y abunda en mí, es que no dejo de huir. Es como aquella herida que parecía cicatrizada, pero que una, por arte del destino, de la magia o de un mal vicio, se la rasca continuamente y, entonces, no culmina, sino que ella, la chiquilla, es decir, la niñita del reflejo del espejo, se escuece una vez más. Entonces, como si nada y como si todo al mismo tiempo, se muere y se mata. ¿Me explico? Y, pues, vaya jodida sintonía, ¿No? Porque ir, así, del revés, y en un, dos y tres… segundos, pues ya no, no me ves. Vislúmbrate en el más allá donde ya ni estarás porque, bueno… ¿Hay que explicarlo absolutamente todo de forma milimetrada y calculada? Yo soy más del caos, de perderme y caerme como si la nada tuviese un hueco infinito. Ah…, ¿Que no lo tiene? Pero si yo creía…, si yo pensé… O sea, que no, no. Vaya desilusión, qué descomunal hinchazón. Sí, tú, lector, quizás ni lo veas, pero yo lo siento como si fuese ayer…, un día tan pasado y lejano que, de golpe, como si nada, pienso, qué bien. De golpe, y portazo, esta segunda vez, me siento, ¿Cómo describirlo a la precisión? Eso, que se me fue de mi cerebro el adjetivo a conjunto con el sujeto. ¿Estará elidido? ¡Yo qué sé! Me he cansado. ¿De qué? Se cuestiona mi subconsciente… Pues de crear monólogos interiores, de hacer soliloquios locos, como si me fuese la vida en ello que, realmente, me va y se me va. ¿Y sabes qué? Que se me escapa, muchísimas veces, la alegría, en donde aquel chispazo de sonrisas se me pierden y se marchan y se escapan de mi vida. Aunque, bueno, una no debería preocuparse tanto… sencillamente, la mujer tiene, si en la cabeza le cabe la idea, el poder de comprarse un vino, y ya, luego, después de un largo tiempo, podría bebérselo, ¿O qué? Y yo qué sabré… Anna, deja de hablarle a tu conciencia… Pero…, ¿No es eso lo que hacen las escritoras? Dialogan con su ser interno, y todo eso, con lo que conlleva. Ya, pero…, ¿Cómo decírtelo? El texto ya lo acabaste el martes… No te recrees más en él, porque ya lo dejaste salir en aquella tarde con tu café enfriándose, así que…, dale una patada y que se vaya volando, o llorando.