Estoy, ahora mismo, con la cabeza llena de pájaros, de perdices, precisamente. Y si empiezo, no sé cómo, a analizarme por dentro, a caracterizarme, probablemente me pierda aún más. ¿En qué corazón cabe esa miseria extraña? Pues en la mía, ¡qué carajos! Vaya ojazos tienen algunos. Solo me voy recreando en ese vaivén, pero, por favor, ven, y que se acabe ya esa angustia. Es que las sienes me retumban… se encuentran enturbiadas, muy grisáceas. La facilidad con la que se recrea mi alma en ellas es brutal. Necesito sangrar, otra vez más. Me vuelvo a crear y a caer en aquel andén. Sin querer, de golpe y portazo… ¿Lo dejaré atrás? Háblale al milagro, que se haga mago y me hechice esto. Quiero decir, que, quizás, los chispazos de felicidad son solo eso, chispazos, y tan escasos… Ojalá la brevedad sea un poco más eterna, y yo me pueda quedar sin tanta bruma, que abruma y abunda, espesa. Porque duelen, los porrazos. Todo lo demás… ¿Serán los daños colaterales restantes? ¿Ah, que todavía deambulan en mi tristeza? Era una pregunta con intención de que no se respondiese sola, pero la escritora le ha colocado los interrogantes como si nada, y como Sí a todo. ¿Pero el qué? Se pregunta, indirectamente, mi subconsciente, que va alerta constantemente. El mismo que duda de si misma. ¿Qué escribo? Otro texto indiscreto que se encuentra fuera de contexto. Mira cómo mi cerebro, y aquel verbo mal conjugado, son algún sentimiento inédito.
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El del enamoramiento
Necesito llorar, necesito llorar, dice mi voz interna mientras suena esa conmovedora cancioncita de fondo que me saca la pena, o me la ahueca aún más en mi cabeza. Y luego, la cuestión externa, aquella que me sale por las orejas cada vez que se sincera, o lo intenta. ¿Qué le pasa, a la Anna? La pregunta de la respuesta que deambula incierta. Quizás, así, en tercera persona, en un estilo no tan directo escuece menos. ¿Por qué le trastorna tanto el cuerpo? Tal vez es aquel miedo. Míralo, se sonroja todo él. Con un simple hechizo, el objetivo se hizo mago. ¿No lo ves? El caso aquí es el suceso en sí, quiero decir, el poderío que abarca y aborda el asunto en cuestión. Vaya, qué maldita tensión. Préstame, ahora, si puedes y quieres, la atención: mírate las manos y los pies. ¿Los tienes colocados? Aprécialos, puede que al cabo de unos tres miserables segundos, empieces a atar los cabos, o se te acaben atando, allá, dentro de tu garganta. Tantos cables sueltos… probablemente se enganchen en varios momentos. ¿Culminarás en aquel verbo mal puesto o es un contexto muy inadecuado para plasmar el sentimiento aún desubicado?

El amor no es una ciencia
Se me están acumulando los recuerdos y los verbos conjugándose contigo, también. Vaya vaivén, pero quédate, y ven. Me observas, me cuidas. Será que me aprecias, que me admiras. ¿Será que de verdad me quieres? Tantas inseguridades se pasean por mi mente, ya demente. Son las dudas, que me escuecen y no les apetece si quiera detenerse ni tampoco pausarse. Pero tú, tú, estás aquí presente. Tengo un poco de vértigo en la punta de mis dedos. Mi corazón, juguetón, se acelera solo con pensarte. Imagínate con el simple hechizo de verte. ¿Estaré enamorada? ¿Iré ilusionada? Quizás es sonámbulismo crónico, ese que se inquieta de forma constante y contundente. Potente va ese sentimiento tan indiscreto que yo me quedo, que ya me he quedado entre tus varios acentos, los que te caracterizan por ser distinto por dentro. ¿Pero en qué momento apareciste? ¿De qué modales te pintas? Quiero conocerte, quiero entenderte, aunque eso signifique perderse más, o plantarse para a posteriori petrificarse, y ausentarse. Que no hay que mostrar tu debilidad, que no me vas a traicionar. Demuéstramelo, por favor, a ciencia exacta y muy cierta. El amor es una sensación inexacta e imprecisa, y demasiado destructible, pues se me quiebra cada dos por tres. Quédate, y aliméntame como si no hubiera un mañana, porque regresaré en el ayer añorándote. Tócame las pestañas, han dejado de estar húmedas. Ahora mi corazón parece que florece. ¿Será que ya se agradece?
Arte (im)perfecto
Quiero ser un arte perfecto para ti,
pero no lo soy,
porque estoy rota
y tengo heridas de guerra
sin tregua.
Muchas ojeras,
centenares de problemas
internos,
aún así,
me bebo los deseos,
a sorbos
o a bocanadas de aire.
Solo quiero volar
contigo aquí
a mi lado.


