Que solo pienso en ti,
que ojalá pienses en mí.
Que me puse a escribir,
solo apareces tú
en mi mente.
Las canciones de amor
van teniendo sentido,
uno infinito.
Yo qué sé.
Que solo pienso en ti,
que ojalá pienses en mí.
Que me puse a escribir,
solo apareces tú
en mi mente.
Las canciones de amor
van teniendo sentido,
uno infinito.
Yo qué sé.
¿Qué piensa un libro? O, mejor pregunta aún, ¿Cómo está pensando? Porque una obra de arte, como es un libro, ya ha pensado y ha sido por su autor; el escritor. Este, que suelta bombas como verdades, las suyas, y las plasma en el papel para contar aquello sentido y vivido. Es bonito, pero duele. El proceso de escribir es algo immesurablemente doloroso. Para conocerse hay que dejar reposar el sentimiento. Después, hacer una introspección, o más de una. Normalmente son muchas. Pero es no es lo importante, lo realmente destacable es lo que uno cuenta o quiere llegar a contar. Y lo bonito de todo esto es cómo se interpreta, cómo le damos significado a las palabras, a las frases y a los párrafos. Cómo concluimos el libro, para nosotros que, para cada uno, es un proceso distinto y muy hermoso.