Etiqueta: inspiración

  • ¿Qué es “ser escritora”?

    ¿Qué es “ser escritora”?

    ¿Qué significado contiene? ¿El qué exactamente? ¿Su palabra en sí, su etimología o el acto del verbo? No lo sé, lo desconozco, aunque, si hay que encajar la expresión en algún cajón, lo dejaría cerrado para siempre, en el más allá. El caso es que, después de deshacerme varias veces y de morirme unas cuantas más, solo queda partirse en dos, o dividirse para a posteriori disociarse.

    Últimamente me quedo bloqueada, con la mente llena de nubes blancas. ¿Seré la “tabula rasa”? ¿Me estoy personificando en aquella? O, sencillamente, soy una más en este miserable mundo. Si hay que darle un contexto a este breve…, bueno, no alcanza a ser un texto, sencillamente son dos palabras unidas pero bastante rotas. Si hay que precisar…, la segunda se ahoga por ser ella misma, porque quiere abarcar tanto…

    Es que resulta que, y perdóname por el pretexto, se me ha escapado la próxima expresión y también la futura estación. Huyen de mí, ambas, como quien no quiere la cosa y va y resulta que a ras del suelo o del infierno se siente más acomodado. Vaya diccionario mental, y tan paranormal. Solo venía a… ¿A qué? Pues a describirte, Anna, porque eso eres, ¿No? Mejor cállate ya, mi querídisma conciencia.

    Entonces…, se me van acumulando las paranoias mentales y, después, acaban colisionando, estallando en varios chispazos inusuales de felicidad. No es que se hayan solapado, es que no podían más que han acabado matándose en vida. Así que si tengo que definir qué es ser escritora, pues para mí, es esto mismo: escribir y describirse y borrar y volver a empezar y, además, ir suicidándose con aquellas y las otras y las demás a rebosar de heridas perdidas. ¿O era al revés?

    El hecho aquí es que todas se van cayendo y se cuelgan de la comisura de mis labios o, bueno, ella, la del reflejo del espejo, se queda más colgada. ¿Por qué hablo en tercera persona? Porque en eso también consiste conrear letras: crear un jardín que va desde el interior hasta que a una le pete el corazón. ¿O no?

    En resumidas cuentas, como si se pudiera acotar la expresión en una sola oración, ser escritora va mucho más allá de colocar palabras secuencialmente y, a la vez, no, porque realmente es hacer esto. ¿Pero y verdaderamente? Pues, en verdad, estas mismas contienen algo de sentido, de sentimiento y un largo etcétera de sensaciones amargas, agrias y enturbiadas.

  • Y puntos suspensivos

    Y puntos suspensivos

    La falsa alarma aparece y se acciona en mi cara porque sí y sin motivo aparente. Quiero que se marche, que se largue, pero se queda y, aparentemente, me hace estallar. Vaya explosión tan mortal. ¿Qué pasa cuando creías que la novela era culminada? Vaya farsa, ¿Eh? Cuando te creías acabada… Resulta que aparece la estrella, la protagonista de la novela, y te recuerda que eres tu misma que aún te queda mucho recorrido por hacer y deshacer, por crecer y reconstruirte. Que te queda todavía camino por sanarte emocionalmente, porque, bueno, te han partido el corazón en dos, otra vez. Ilusa de ti, ilusa…

    Entonces, aquel texto donde sentenciabas que “la habías terminado o culminado”, qué gracia tan maldita, ¿No? Pues déjate seguir reproduciéndote en diferentes yoes y seres poéticos inimaginables y, también, en metáforas inéditas y oraciones subordinadas muy editadas, incluso eliminadas. Bórrate esa extraña sensación de querer terminarlo todo a la vez y de un simple portazo, porque, bueno, este conocimiento sencillamente consistía en que el penúltimo chispazo se diera por aquel mago embrujado. Que quizás la alocada eres tú, es decir, que iba a decir… pero se me fue de la mente, otra vez, la palabra adecuada al contexto, y al verbo.

    Sólo queda quedarse, y restarse o aumentarse las inseguridades. Es que una ya está cansada de tanta porquería… El caso aquí es que no, no he acabado la novela, sino que me he hundido y ahuecado con ella, y allá me he quedado, en su propio vavién. Pensé, ingenua de mí, que podía mover y transportar a la protagnoista como una simple marioneta, pero no: ella es la que me mueve a mí. Y puntos suspensivos.

  • Cómo crear una rutina de escritura que realmente funcione

    Cómo crear una rutina de escritura que realmente funcione

    Introducción

    Uno de los consejos que más se repite cuando alguien quiere escribir un libro es: escribe todos los días.

    Sin embargo, la realidad es que no siempre resulta tan sencillo.

    Trabajo, estudios, obligaciones o simplemente el cansancio pueden hacer que encontrar un momento para escribir parezca imposible.

    La buena noticia es que una rutina de escritura no consiste en escribir durante horas cada día, sino en encontrar un ritmo que puedas mantener en el tiempo.

    En este artículo comparto algunas ideas que pueden ayudarte a crear una rutina de escritura realista y sostenible.


    ¿Por qué es importante tener una rutina?

    La inspiración puede ayudarnos a empezar una historia.

    La rutina es la que nos ayuda a terminarla.

    Cuando escribir se convierte en un hábito, resulta mucho más fácil avanzar incluso en esos días en los que la motivación no acompaña.


    1. Empieza con objetivos pequeños

    Uno de los errores más habituales consiste en proponerse escribir miles de palabras cada día.

    En muchas ocasiones eso solo consigue generar frustración.

    Es preferible empezar con objetivos sencillos.

    Por ejemplo:

    • escribir durante veinte minutos;
    • completar una escena;
    • revisar un capítulo;
    • escribir quinientas palabras.

    Lo importante es mantener la constancia.


    2. Encuentra tu mejor momento

    No todas las personas escribimos igual.

    Hay quien necesita el silencio de la madrugada.

    Otras personas prefieren escribir por la mañana o aprovechar pequeños momentos durante la tarde.

    No existe una hora perfecta.

    Existe la que mejor funciona para ti.


    3. Crea un espacio cómodo

    No hace falta disponer de un despacho.

    Basta con un lugar donde puedas concentrarte.

    Un escritorio ordenado, una silla cómoda y un entorno con pocas distracciones suelen ser suficientes.


    4. Elimina las distracciones

    Las notificaciones del móvil, las redes sociales o el correo electrónico pueden romper fácilmente el ritmo de escritura.

    Cuando escribo, intento centrarme únicamente en el texto.

    Aunque solo sean veinte o treinta minutos.


    5. No esperes a sentir inspiración

    Uno de los mayores aprendizajes que deja la escritura es que la inspiración aparece muchas veces mientras trabajamos.

    Esperar el momento perfecto puede hacer que una historia nunca llegue a escribirse.


    6. Acepta que habrá días mejores que otros

    Habrá jornadas en las que escribir resulte sencillo.

    Y otras en las que apenas avances unas líneas.

    Eso también forma parte del proceso.

    Lo importante es no abandonar por un día complicado.


    7. Celebra los pequeños avances

    Terminar un capítulo.

    Resolver una escena.

    Escribir quinientas palabras.

    Todo suma.

    Las novelas se construyen poco a poco.


    ¿Cómo es mi rutina de escritura?

    Cada escritor desarrolla sus propios hábitos.

    En mi caso, intento aprovechar los momentos del día en los que puedo concentrarme mejor y avanzar poco a poco en los proyectos que tengo abiertos.

    No siempre escribo la misma cantidad de palabras ni sigo un horario rígido.

    Lo que intento mantener es la constancia.

    Porque, al final, escribir una novela es más una carrera de fondo que un esprint.


    Conclusión

    No existe una rutina perfecta.

    Existe aquella que se adapta a tu vida y que puedes mantener durante semanas, meses o incluso años.

    Es mejor escribir un poco cada día que intentar hacerlo todo de una vez.

    Con el tiempo descubrirás que las historias avanzan gracias a los pequeños pasos, no a los grandes impulsos.


    También te puede interesar

  • Descríbete, y verás

    Descríbete, y verás

    Escribe, escribe… ¿Pero de qué? Estoy cansada de sacar información de mi cabeza como si nada sucediera, cuando todo se acelera, en mitad de la curva de aquella carretera, donde una desconoce completamente cómo decirse Nena, frena. Y yo me cuestiono… ¿Para qué? Si lo que una quiere es matarse en mitad del cuento o del acto o del verbo ya lanzado. Del Te quiero enganchado en un corazón que danza medio moribundo, y bastante asustado y, aún así, el flechazo va tan directo al pecho, que ya está sangrando.

    Estaré, esta vez, ¿personificándome en ella? En la metáfora que todavía danza, y se esconde acojonada. Quería, quería, saciarse y hundirse en el sentimiento… Aunque la subordinada sale escopeteada y, de golpe, se da el portazo a raíz del balazo. Ahora va de cara y resulta que se le han caído todas las comas. Los puntos han decidido colocarse, y colgarse también y, entonces, abundan las yuxtapuestas, que se ponen, pero del revés. A ver si así… un, dos, tres… ¿Y qué?

    ¿Qué tipo de texto es este? Porque está tan out of the context, que ya me da igual, aunque me importa, un poco, la caracterización inexacta del hombre que representa que estaba conociendo. O, mejor escrito, que estoy conociendo en este presente, en este gerundio casi sempiterno. Quizás todo es un desconocimiento interno.

    Sólo quería “bloguear” y, al final, las palabras se han disparado solas, saliendo a escopetazos y a escupitajos desde mi ser interno. Parecía, otra vez, que ya estaba floreciendo. De verdad, y sinceramente, el jardín dio algunos de sus frutos, unos cuantos. Y, como si nada, se me salen las estrellas por las orejas. Deberé encajarlo en otro tema, digo, y luego, pienso.

    ¿De qué servirá tanto esquema? Si al final lo acabo rompiendo tanto que culmina descompuesto, como la dueña de detrás de esta maldita ilusión. Parece que vamos al son de la emoción, pero no, no. ¿Pero quiénes? ¿Tú, yo, nosotros, el reflejo del espejo o la maldita sombra? Será la maldición entera: está marchita, la ensombrecida.

  • Los procesos

    Los procesos

    ¿Los procesos, de qué? ¿En qué momento se cayeron los sujetos? ¿Y los adverbios? ¿Ya conjugaste los adjetivos? ¿Y si mejor dejamos de lado a los procesos…? ¿Entonces, dónde nos ubicamos? ¿Y de dónde venimos? De los estados emocionales, supongo, nacerán los procesos creativos, ¿O no? Pero yo tiempo atrás ya escribí sobre ello, ¿No? Centrarme en el mismo error, o en el texto con escasez de contexto… Porque busco y busco y no encuentro. Me observo a mí en el reflejo del espejo, y vaya, qué palabra, qué maravilla, que me halaga, la niña de años atrás, que arrasa y no para.

    Así que, bueno, quizás vengo a escribir sobre los procesos en blanco, por denominarlo de alguna forma. Y extrayéndolo desde mi propio diccionario mental a conjunto con un vocabulario un poco extraño…, quiero decir, para no copiar y pegar la misma denominación una y otra vez. ¿Pero si ya lo he descrito, no? Digo, en el anterior párrafo. No, no confundamos con los “bloqueos” del escritor porque, cabe destacar, que un escritor como a tal no tiene bloqueos, sino espacios en blanco. Huecos, y ya. En definitiva, momentos temporales inconclusos y abstractos, como todo ser humano, ¿No? Aunque el artista se dedica a descifrarse ya quiera o no quiera…, por voluntad jamás, sino por impulsos y corazonadas que van saliendo del alma.

    Si pudiese definir, concretar y precisar…, los procesos son como fases, como etapas… O algo similar, quizás. Esta mañana…, que estoy muy dubitativa, porque hay que cuestionarse todo, o casi. Y mirarse mucho el ombligo, y el pescuezo, también. Más que nada, por si acaso, y por si las moscas, que aunque no pican, molestan.

  • Del caos, y otras sensaciones

    Del caos, y otras sensaciones

    Hoy es un domingo caótico, por dentro, siempre por dentro, porque va lloviendo a cámara muy lenta. Ese fuego parece que se incendia y resulta que arrasa y se queda. Siento mi corazón cómo levita entre las cenizas casi muertas. ¿Se convertirán, algún día, en…? ¿En qué? Solo sé que ahora son la llovizna disecada, o ahuecada. Voy enturbiada, soy la alocada. Sí, es domingo de tristeza, de ir medio tuerta y con la costilla ya rasgada. Mis pulmones se asfixian de vez en cuando. No entiendo cómo, el porqué probablemente esté cerca. El suceso aquí es que el caso se encuentra cerrado, finiquitado. Me gustaría tanto explicarle a mi yo-poético del pasado, ¿O era el del futuro? Quiero decir…, narrarle o, mejor descrito, extriparle la sintonía de la alegría infinita. ¿Me sigues? ¿Me pillas? Pues, ¿Cómo devolverle a una la vida y a la vez quitársela? Enamorándose perdida y completamente, ¿O qué?

    Continúa, el domingo, arrancando y, la melodía es concreta y precisa, y el inciso se queda estancado y yo, sin querer, sigo, porque no me queda de otro remedio que seguir avanzando aunque sea del revés o a paso medio o… Entonces, sin querer, pienso en aquel título de aquel texto aún por escribir. ¿Escribirle una carta a mi ser de los diecisiete? Es que…, no sé si sabría, porque…, porque siempre, por impulso, acabo describiéndome. Eso estoy ya haciendo, ¿O qué?

    Bueno, solo me queda agradecer, pero no así en general, ni a quien quiera que sea o que pase. Ni tampoco con tanta sensación abstracta. Toca sacarme las entrañas y sincerarme aunque sean solo tres escasos segundos o un texto que va medio moribundo. ¿Algún día iré al grano? Pues que solo queda agradecerme por el valor, el poder y la valentía que saqué un día detrás de otro de mi alma durante largos años, y daños. Lo hice con un instinto de supervivencia y un estilo muy mío.

    Aún escribo, aún me percibo. Me siento viva y vívida y colorida, aunque a veces me convierta en un atardecer casi grisáceo, porque las nubes se han paseado sobre el cielo, ya raso, que va ennegrecido, y luego estalla. Créeme cuando la luz acaba saliendo, pero en el summum, siempre en él, que frecuentemente se oculta detrás de la luna que se cree diminuta, se cree, pero es más hermosa que otra cosa. Así redonda, brillosa.

  • Mis rutinas creativas: qué hago cuando soy un caos

    Mis rutinas creativas: qué hago cuando soy un caos

    Ser creativa es algo mágico y la mayoría de veces contiene muchísimo desorden, porque hay momentos que mi cabeza está a rebosar de ideas, de listas pendientes, de emociones encontradas y, por si fuera poco, ruido externo. Sin embargo, en medio de ese caos, voy encontrando pequeños rituales ya adaptados a mi rutina diaria que me devuelven a la vida y también a la muerte y al ir sobreviviendo entre palabras y, gracias a ello, saco lo que llevo dentro y me voy describiendo. Al fin y al cabo, una escritora termina plasmando su ser, su esencia más interna. Por eso, hoy te cuento cuáles son estos procesos que parecen inéditos, pero que están muy presentes.

    1. Ponerme en modo «observadora»

    Cuando necesito inspiración, sin querer, observo, analizo mi alrededor, a las personas, a las situaciones…, voy divagando en un mundo distinto, el mío, porque me invento cómo sería yo en otros contextos convirtiéndome en la protagonista de mis propios sueños. Por eso, escucho breves diálogos de conversaciones ajenas, me fijo en los gestos pequeños, en los detalles inéditos…

    2. Tener siempre a mano una libreta

    Como el caos no avisa y tampoco las buenas ideas, siempre llevo entre mis manos una libreta (y el móvil) listos para anotar cualquier frase, palabra o imagen mental que me inspire.

    3. Micro-rituales para calmarme e inspirarme

    Cuando estoy nublada mentalmente, dibujo flores enredadas, y así regresa mi inspiración, de esta forma relajo a mi cerebro, le ayudo a sacar lo que mi corazón parecía estar ahogando, aunque siempre terminan brotando los sentimientos.

    4. Escribir sin juzgar

    Para juzgar ya estoy yo, que desde años me he dicho internamente que no soy escritora cuestiónandome qué es la buena literatura y qué está bien escrito. Así que con esa ínfima aunque imensa presión que llevo encima desde hace tiempo, mi meta es escribir algo y, luego, perfeccionarlo, adecuando los verbos a mis tempos emocionales. De eso se trata escribir, ¿No? De derramarlos todos, soltando la miseria a bocajarro como si te fuese la vida en ello y, más tarde, quizás un año, o tres absurdos segundos, editar el texto sin tanto pretexto.

    5. Aceptar mi propio caos

    Al final, todo lo que me toca el alma, lo que me confunde o me desordena se convierte en historia, personaje, metáfora o novela. El caos podría ser molesto, pero es lo único (perdóname por encajar en una caja muy pequeña tal adjetivo), que me ayuda a crear. Y de aquí, de mi corazón que bombardea vívido, van sangrando mis textos.

    ¿Te lanzo un secreto? Cuanta más contradicción interna, más arte abundará en tu literatura, porque de este detalle nace la honestidad conjugándose con tu verdad.

    Pd. ¿Y tú, qué haces para crear cuando tu mundo está desordenado, desubicado y enturbiado?

    Cuéntamelo en los comentarios, me encatará leerte.

  • Adiós inspiración

    La inspiración ya no está, se ha caído, desvanecido, marchitado.
    Me encuentro aquí,
    queriendo florecer,
    renacer.
    Y duele no saber de qué escribir, no poder hacerlo.
    Porque… se fue.