Ideas varias, raras, vaya, se me acaba la inspiración… ¿O acaba de llegar, de arrasar? No lo sé, el suceso (indirecto) es que se me caen los verbos y, los adjetivos, aparecen, sin querer, pero del revés. Se han separado de sus hermanos, ya no quieren estar con ellos. Te hablo de los calificativos. Entonces me cuestiono el para qué. ¿Para qué el qué? Que…, y se me cuelga la conjunción y levita en cuestión de segundos. Solo quería, bueno, lo acabo de plasmar: quería, y va y sí, es en pasado. Allá se encuentra la maldita. Ahora te narro el secreto: va inédita. Silénciate esta, ya no vale la pena. ¿Por qué seguir? ¿Por qué escribir? Si estaba claro, Anna, lo estaba. Sí, otra vez, en pasado. Se me descuelgan los milagros, pues tenía tantos. ¿Los tenía realmente o estaban enganchados en la punta de la ilusión? Supongo que será la segunda opción, porque se me rompen, se me rompen, los sueños. ¿Y aquel ensueño? Está…, va quieto. De golpe surfeo entre la realidad porque he mirado hacia la calle, hacia delante, y me ha mirado, de reojo, ese señor. No, no sé quién es, y tampoco quiero saberlo. ¿Y sabes qué? Que se me desploma…, espera, quizás cabe colocar una palabra más precisa, aunque se me ha ido del cerebro. Así que…, así se va quedando. ¿Otra vez ese maldito gerundio? Es un tiempo verbal. ¿Y? ¿Y por qué pongo la cursiva? Será otro quererse inédito y, probablemente, el secreto. ¿Me lees? A mí me tienes pillada por la punta de mi corazón bastante…, ¿Cómo describirlo sutilmente? Eso, bastante quebrantado, de donde la punta aún puntúa, y raspa, mis costillas. Descuélgame las coletillas, que se creen pillas, y algo pícaras, pero se han agotado absolutamente todas. ¿De qué te hablaba, quiero decir, de qué te describía? Nada, es otro tipo de calibre, el asunto que camina, que deambula, sin tanto punto. Sencillamente, ¿Qué? Vaya interrogatorio más ¿Metafórico? Se está quedando afónico porque las palabras le salen por la garganta que se queda atragantada y ahogada en un tipo de suburbio, de zulo, bastante… ¿Cómo expresarlo? Variado.
Etiqueta: fragmento literario

Solucióname esta, vida
Ya ni me reconozco: las hojas de los árboles se desvisten de otros colores, y yo, pues me quedo arraigada en mi propio vicio. Hablo, estoy describiendo el bucle, quizás, cada vez menos grisáceo. Luego, salto. Me hundo ahogándome con aquella tristeza. Hoy decidí sostenerme los pedazos rotos, pero hay tantos, que ni se aguantan entre ellos mismos. Y, después, están los recovecos más sinceros, que abundan, que se abrigan y acurrucan en mi penúltimo chispazo. ¿Será la penumbra? Lo será, quizás. Voy tan agotada, joder, estoy extraviada: ni mi mísero ser me aprecia, se ha dedicado a burlarse de mi cara en mi ventana (que nunca lo fue). ¿Y sabes qué? Me gustaría, «me gustaría», a poder ser, sentirme querida. Me pregunto, «me pregunto» si soy tan difícil de querer. ¿Para qué continuar en ese vaivén? Tan fácil como cerrar las alas para el nunca más. Sí, dejar de batirlas. El pequeño, tan inédito inciso, consiste en que sigo aquí, aleteando a ras del suelo y cuestionándome si quiero seguir. Me voy sacando las lágrimas de las pestañas con las huellas de mis dedos y van dejando marca, provocándome unas ojeras muy amargas. (Estoy cansada). Y, todas ellas, querían rodar mejillas abajo. Prefiero hacerlo en mi cama (que tampoco es mía). ¿El amor lo podrá solventar todo? No estoy segura de la respuesta…, aunque, de momento, el dolor ha provocado el estallido, siendo tan brutal, que me ha dejado sorda de cora’.

El desamor llamando a mi puerta
¿Y qué es el amor si no es sufrir? ¿Será sentir a cámara muy lenta? ¿Quizás estrellarse con el corazón atragantado en la garganta? ¿Y que los pulmones dejen de respirar? ¿Qué es el amor si no es sufrir? ¿En qué consistirá? ¿Y si escribimos sobre su significado? Tal vez se derrumbe mientras las letras se van cayendo o incluso deshaciendo. Se les despelleja la pintura, que parecía estar bien enganchada. Aunque como la vida misma, siempre una termina por llorar a lágrima viva o amarga. El hecho, el suceso y el inciso, todos son lo mismo. ¿Me explico? La miseria se corrompe aún más, como si existiese la posibilidad, la mínima, o la única. Y, otra vez, sin querer, pero percatándome, la conjunción amanece varias veces. Quisiera yo, me gustaría. Ya ni sé el qué ni tampoco el cuándo. El caso es que ya me da igual el pretexto, se ha esfumado, borrándose completamente. ¿Alguna vez estuve entera? ¿Fui eterna? ¿Qué era el amor? Porque se fue, se fue. Quizás lo machaqué, tal vez lo iluminé, incendiándolo con mi tristeza tan palpable, que solo cabe un pedazo -roto- entre mis manos ensangrentadas.

El otro milagro
A veces me apetece arrancarme las pestañas de cara y, otras, tirarme por las vías del tren o descuartizarme en el siguiente andén. Hoy estoy triste y loca y rota, pero «todo va bien». El pequeño inciso, el problemilla, es que mi existencia vital está en aquella miseria, la del más allá. ¿Para qué quiero un cuarto oscuro si ya tengo las sombras dentro? Si el monstruo feo y arrugado y enturbiado soy yo. Tengo la mirada entristecida, voy con la humedad impregnada, que no se quita ni tampoco se marcha. Se desvanece un breve rato y ya, porque luego sigue molestando. Voy mocosa, también bastante frustrada. Tenía tantas ilusiones a tu lado… si estuviéramos juntos: tú conmigo, yo contigo. Vaya furia, qué días tan grises. Me hice amiga del insomnio, la depresión amarga se ríe de mí a carcajada libre. Intento alejarla, pero se siente cómoda en ese vaivén, mi miedo, que viene y se queda estancado.

Solo soy la loca
A veces apuesto por ti, otras, por mí. Hay momentos que necesito llorar y, ahora, es uno de esos. Saciarme entera de mucha espera, y café, tampoco sé ni quiero saber. Me sale la mala castaña, la amargura sola. Si alzo mi vuelo abriendo solo un poco mis alas, creo que muero, que caigo enferma o me convierto en eterna (sin siquiera estar). Me quiero quedar. El caso inédito, quizás, es que dejé de volar. ¿Sonaré burlesca? Que el romanticismo se vaya a la mierda, a la mismísima mísera mierda, y se convierta, absolutamente todo, en la incomprensión entera. Sí, porque estoy cansada, muy harta de esta chiquillada. Resulta que la calle va hablando, quiero decir, que va despertándose. Me encantaría tener una pizca de ella, convertirme en la bella o, al menos, ser aquella estrella, la denominada como reina. Sencillamente…, soy la luna, la opaca, la rota. En definitiva, la loca.

Inerte
Parece que vaya en blanco, pero mis pensamientos van volando muy alto. Y me gustaría, preferiría ser, quizás, la de la cicatriz y no la de la herida que sangra. Aún tengo varios miedos, creo. Voy, ando, dudando del futuro y posible milagro. Hace dos noches me sentía eterna. Ahora me quedo quieta.





