Etiqueta: escritor

  • El amor, y un poco de ron

    El amor rima con dolor, ¿Por qué le tengo tanto temor? ¿Será cuestión de romper los hilos? Esos del pasado, y pegarse tres tiros, después de que estalle el petardo. Sigo aquí, como cada jueves, quiero decir, viernes, estancándome en mi vaivén. De hueco en hueco porque me ahueco y, adueño, de yo que se qué. Siempre que puedo pico el anzuelo, caigo, muero y me encierro. El bucle parece algo sempiterno y, tanto, que continúo aquí. La poesía, sus versos, fueron aniquilados por la escritora que se suicida una y otra vez entre los manchas ennegrecidas del cielo. Parece que va a flotar la última gota que saldrá a posteriori de de entre mis pestañas, pero aguanta. Está guardándose, ocultándose. Se refugia en la cueva oscura, aguantando. Que sí, que no me mires así. Léeme del revés, quizás comprendas que contando hasta el número tres, culmines en el mismo lugar que no tiene ni hogar.

    ¿Será que el amor propio es quererse a una misma a pesar de cada defecto? Aunque, quizás crearse con efecto es otro suceso, pero yo ya estoy tan cansada de los secundarios, pues me van haciendo daño. Se han acojonado en mi propia cara. Si me florezco o si me dejo de florecer o si, por contra, me obligo a crecer porque las circunstancias vitales me lo ponen en bandeja y de otra solución no queda…

    ¿Qué? Café.

    Luego, y sin querer, saco la bandera roja que afloja y ahí se queda, plantada, pues la motaña rusa está tan alocada y girada y doblada, que acabo yendo a pata coja. Descuélgame esta, que me remata la conciencia y, de tantas cuestiones sin respuesta, el maldito vacío regresa. Yo ya no sé si dolor rima con amor, lo que sí siento es que todavía me aterra la idea de ser querida mucho y mal. Aunque con dos hielos y un poco de ron, quizás, se pasa mejor y el corazón en vez de quedarse atragantado en la garganta, se queda enganchado en el pulmón derecho para provocarte un una parada cardiorespiratoria y percatarte de un solo hecho: que aún le quiero mientras me voy queriendo.

  • Nuevo ambiente, otra yo

    Ayer fui a pasar el día a Barcelona y parece curioso, pero se me llenaron los pulmones de otro tipo de aire. Hacía meses que no iba, que me quedaba dentro de mi burbuja. Se lo agradezco a mi familia y a mi misma por echarle ganas, y actitud. Mi corazón se está ensanchando de donde van floreciendo sensaciones hermosas. Me voy sintiendo mejor. Así que te invito, te animo, a que salgas de tu pequeña zona de confort, que te arranques las alas, van a salirte otros vuelos sanos, inéditos, inaudibles y a la vez increíbles.

    Porque durante el trayecto fuimos charlando hasta llegar a la ciudad y perdernos entre las calles principales mientras buscábamos una librería en concreto. Después de media hora, que pasó a ras del cielo, acabé emocionada dentro de la librería tan bonita y a rebosar de literatura. Seguí mi camino descubriendóme entre los libros y terminé escuchando a un escritor asturiano que charlaba sobre su libro. Lástima que choqué con él ya cuando finalizaba su conferencia, pero, aún así, conecté. Me sentí bien, tranquila, en paz.

    A posteriori seguimos paseándonos y como era el mediodía decidimos ir a comer. Y fue una comida hermosa. Y ya por la tarde nos encontramos en la biblioteca de Gabriel García Márquez olfateando escritores, sintiendo palpitar las sensaciones positivas a flor de piel.

    Hoy es domingo, pero ayer, que fue sábado, fue un ambiente distinto siendo otra yo.

    Además, te comparto Aurora, ¡Únete a mi caos!

  • La mujer loca, Juan José Millás

    La mujer loca de Juan José Millás trata sobre «la locura» a través de las introspecciones del léxico que hace uno consigo mismo – en este caso Julia, quien dialoga con el propio vocabulario -, es decir desde la gramática y, acaba, el propio autor y, también narrador, definiendo y describiendo, el qué, el cómo y el porqué de un tipo de locura, de un tipo de trastorno mental desde sus crisis iniciales hasta ir estallando paulatinamente en chispazos de lúcidez. Así pues, el escritor nos explica cómo nace este libro, de forma indirecta, y a través de su curiosidad por querer entender qué es eso del «brote».

    Julia, la protagonista, quien trabaja en una pescadería, habla con los sustantivos y, mediante estos, va encajando sus teorías, aunque, al mismo tiempo, se desorienta ubicándose en otro mundo, es decir, en su propia paranoia. Al cabo de un tiempo, decide irse a vivir a un piso compartido y acaba conviviendo con Emérita, una señora destinada a fallecer a causa de su enfermedad sin cura, y Serafín, pareja de la enferma.

    Aunque hay varios finales sin concluir, Millás, termina en el vacío, en su bloqueo ya no como novelista sino como ser humano. Es una sensación que le persigue durante su trayectora para escribir algo que, finalmente, se convierte en una novela, concretamente esta, pero cabe cuestionarnos lo siguiente: ¿Qué es verosímil? ¿Y qué es una novela real, auténtica? ¿Y qué es verdad? ¿Y la realidad, en qué se fundamenta?

    En resumen es una novela con muchos intríngulis como, por ejemplo, las dos facetas de la muerte, ambas posiciones opuestas donde uno se coloca o ya se encuentra colocado por azares de la vida. O el concepto del ‘amor’ y del ‘acto de querer’ y el de ‘no quererse a una misma’ ya que cada ser humano lo percibe y lo transmite de forma distinta. O también la dualidad entre realidad y ficción…, entre otros temas a destacar.

  • No quiero

    -Papá, no quiero ir a clase.
    -¿Por qué hija?
    -Porque no me apetece. No es una rebelación. Es, simplemente, que no me apetece. Me disgusta la sociedad y cómo está formado el sistema educativo. Y ya me cansa. Y sé que, o me adapto a él o muero en el intento, de intentarlo.
    Además me apasiona escribir. Me quedaría todo el día escribiendo. Y también me gusta leer. En mis tiempos muertos lo hago y lo seguiré haciendo. A veces los provoco (los espacios en blanco) yo, así tengo más tiempo y leo más horas.
    Y sé que suena a excusa tonta: quiero ser escritora. Toda mi vida lo he dicho, lo deseé. Lo intenté. Hace poco que me he percatado de algo: ya lo soy. De hecho, lo estoy siendo porque escribo.
    Lo que me parece repugnante es que digan que de escribir no se puede vivir. Pero es que yo vivo de la escritura sin ganar ni un centavo, y vivo por y para ella (yo). ¿Me explico? Nadie nunca me ha apoyado, ni siquiera me han dicho que siga mi sueño, o quizás sí. Lo que no me dijeron es cómo. Y me doy cuenta que sin querer, por impulso, con necesidad y de corazón lo estoy logrando. Es tan reconfortante que me siento vacía. Fíjate tú la ironía.

  • Cicatrices

    Estoy llena de cicatrices incurables, porque son tan profundas que no se ven, y escuecen. -Duelen-.
    «Cuanto drama, princesa. Sube la cabeza que se te cae la corona», leí por ahí.
    Las bellas damas no existen y no es que camine cabizbaja porque sí.
    Se creen que el dolor es creado por amor al arte y, aunque a veces pasa, otras no.
    Muchas escritoras escriben porque sienten, tanto, que ya murieron tiempo atrás. Están ofuscadas, entristecidas.
    Tanto, que olvidan que la vida es bonita.

  • ¿Quién?

    Todo el mundo sabe poner palabras una detrás de otra pero -me cuestiono yo- ¿Quién es capaz de darle un doble significado, encontrar el mensaje e ir más allá?