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  • Los mejores libros sobre escritura creativa

    Los mejores libros sobre escritura creativa

    Introducción

    La escritura creativa se aprende escribiendo, pero también leyendo, analizando y observando cómo otros autores construyen sus historias.

    Un buen libro sobre escritura puede ayudarte a desbloquear una idea, comprender mejor la narrativa o simplemente encontrar nuevas formas de enfrentarte a una página en blanco.

    Por eso he preparado esta selección de libros sobre escritura creativa para diferentes necesidades y niveles.

    ¿Qué puedes aprender con un libro de escritura creativa?

    Dependiendo del título, puedes encontrar recursos para trabajar:

    • Creatividad;
    • Personajes;
    • Diálogos;
    • Estructura;
    • Estilo;
    • Descripción;
    • Planificación;
    • Bloqueo del escritor.

    No todos los libros sirven para todo el mundo.

    Por eso, más que buscar “el mejor libro de escritura creativa”, creo que merece la pena preguntarse:

    ¿Qué quiero mejorar?

    Para empezar: Mientras escribo, de Stephen King

    Si estás empezando a escribir, este puede ser uno de los primeros libros que recomendaría.

    Combina experiencias personales con reflexiones sobre el oficio de escribir.

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    Para trabajar la estructura: El viaje del escritor

    Christopher Vogler explica el viaje del héroe y sus diferentes etapas.

    Puede ser especialmente interesante para quienes tienen una historia pero no saben cómo estructurarla.

    Ver en Amazon

    Para desarrollar la creatividad

    Este tipo de obras pueden ser muy útiles cuando buscas:

    • Ideas nuevas;
    • Ejercicios;
    • Prompts;
    • Superar bloqueos;
    • Escribir con más frecuencia.

    Para aprender narrativa

    Manuales centrados en:

    • Estructura;
    • Personajes;
    • Puntos de vista;
    • Narrador;
    • Diálogos.

    Son especialmente interesantes cuando ya has empezado a escribir y quieres comprender mejor por qué determinadas historias funcionan.

    Recomiendo escritores como Virginia Woolf, Carlos Ruiz Zafón, Enrique Vila-Matas, Paul Auster, Jane Austen, Juan José Millás, entre otros.

    Conclusión

    No necesitas leer veinte libros sobre escritura para convertirte en lector, solo empaparte de literatura y desarrollar tu capacidad crítica y de análisis.

    Elige uno que responda a la pregunta que tienes ahora mismo y pon en práctica lo que aprendas.

    Después, cuando tu escritura evolucione, probablemente aparecerán nuevas preguntas.

    Y también nuevos libros.

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  • Y puntos suspensivos

    Y puntos suspensivos

    La falsa alarma aparece y se acciona en mi cara porque sí y sin motivo aparente. Quiero que se marche, que se largue, pero se queda y, aparentemente, me hace estallar. Vaya explosión tan mortal. ¿Qué pasa cuando creías que la novela era culminada? Vaya farsa, ¿Eh? Cuando te creías acabada… Resulta que aparece la estrella, la protagonista de la novela, y te recuerda que eres tu misma que aún te queda mucho recorrido por hacer y deshacer, por crecer y reconstruirte. Que te queda todavía camino por sanarte emocionalmente, porque, bueno, te han partido el corazón en dos, otra vez. Ilusa de ti, ilusa…

    Entonces, aquel texto donde sentenciabas que “la habías terminado o culminado”, qué gracia tan maldita, ¿No? Pues déjate seguir reproduciéndote en diferentes yoes y seres poéticos inimaginables y, también, en metáforas inéditas y oraciones subordinadas muy editadas, incluso eliminadas. Bórrate esa extraña sensación de querer terminarlo todo a la vez y de un simple portazo, porque, bueno, este conocimiento sencillamente consistía en que el penúltimo chispazo se diera por aquel mago embrujado. Que quizás la alocada eres tú, es decir, que iba a decir… pero se me fue de la mente, otra vez, la palabra adecuada al contexto, y al verbo.

    Sólo queda quedarse, y restarse o aumentarse las inseguridades. Es que una ya está cansada de tanta porquería… El caso aquí es que no, no he acabado la novela, sino que me he hundido y ahuecado con ella, y allá me he quedado, en su propio vavién. Pensé, ingenua de mí, que podía mover y transportar a la protagnoista como una simple marioneta, pero no: ella es la que me mueve a mí. Y puntos suspensivos.

  • Cómo crear una rutina de escritura que realmente funcione

    Cómo crear una rutina de escritura que realmente funcione

    Introducción

    Uno de los consejos que más se repite cuando alguien quiere escribir un libro es: escribe todos los días.

    Sin embargo, la realidad es que no siempre resulta tan sencillo.

    Trabajo, estudios, obligaciones o simplemente el cansancio pueden hacer que encontrar un momento para escribir parezca imposible.

    La buena noticia es que una rutina de escritura no consiste en escribir durante horas cada día, sino en encontrar un ritmo que puedas mantener en el tiempo.

    En este artículo comparto algunas ideas que pueden ayudarte a crear una rutina de escritura realista y sostenible.


    ¿Por qué es importante tener una rutina?

    La inspiración puede ayudarnos a empezar una historia.

    La rutina es la que nos ayuda a terminarla.

    Cuando escribir se convierte en un hábito, resulta mucho más fácil avanzar incluso en esos días en los que la motivación no acompaña.


    1. Empieza con objetivos pequeños

    Uno de los errores más habituales consiste en proponerse escribir miles de palabras cada día.

    En muchas ocasiones eso solo consigue generar frustración.

    Es preferible empezar con objetivos sencillos.

    Por ejemplo:

    • escribir durante veinte minutos;
    • completar una escena;
    • revisar un capítulo;
    • escribir quinientas palabras.

    Lo importante es mantener la constancia.


    2. Encuentra tu mejor momento

    No todas las personas escribimos igual.

    Hay quien necesita el silencio de la madrugada.

    Otras personas prefieren escribir por la mañana o aprovechar pequeños momentos durante la tarde.

    No existe una hora perfecta.

    Existe la que mejor funciona para ti.


    3. Crea un espacio cómodo

    No hace falta disponer de un despacho.

    Basta con un lugar donde puedas concentrarte.

    Un escritorio ordenado, una silla cómoda y un entorno con pocas distracciones suelen ser suficientes.


    4. Elimina las distracciones

    Las notificaciones del móvil, las redes sociales o el correo electrónico pueden romper fácilmente el ritmo de escritura.

    Cuando escribo, intento centrarme únicamente en el texto.

    Aunque solo sean veinte o treinta minutos.


    5. No esperes a sentir inspiración

    Uno de los mayores aprendizajes que deja la escritura es que la inspiración aparece muchas veces mientras trabajamos.

    Esperar el momento perfecto puede hacer que una historia nunca llegue a escribirse.


    6. Acepta que habrá días mejores que otros

    Habrá jornadas en las que escribir resulte sencillo.

    Y otras en las que apenas avances unas líneas.

    Eso también forma parte del proceso.

    Lo importante es no abandonar por un día complicado.


    7. Celebra los pequeños avances

    Terminar un capítulo.

    Resolver una escena.

    Escribir quinientas palabras.

    Todo suma.

    Las novelas se construyen poco a poco.


    ¿Cómo es mi rutina de escritura?

    Cada escritor desarrolla sus propios hábitos.

    En mi caso, intento aprovechar los momentos del día en los que puedo concentrarme mejor y avanzar poco a poco en los proyectos que tengo abiertos.

    No siempre escribo la misma cantidad de palabras ni sigo un horario rígido.

    Lo que intento mantener es la constancia.

    Porque, al final, escribir una novela es más una carrera de fondo que un esprint.


    Conclusión

    No existe una rutina perfecta.

    Existe aquella que se adapta a tu vida y que puedes mantener durante semanas, meses o incluso años.

    Es mejor escribir un poco cada día que intentar hacerlo todo de una vez.

    Con el tiempo descubrirás que las historias avanzan gracias a los pequeños pasos, no a los grandes impulsos.


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  • Los procesos

    Los procesos

    ¿Los procesos, de qué? ¿En qué momento se cayeron los sujetos? ¿Y los adverbios? ¿Ya conjugaste los adjetivos? ¿Y si mejor dejamos de lado a los procesos…? ¿Entonces, dónde nos ubicamos? ¿Y de dónde venimos? De los estados emocionales, supongo, nacerán los procesos creativos, ¿O no? Pero yo tiempo atrás ya escribí sobre ello, ¿No? Centrarme en el mismo error, o en el texto con escasez de contexto… Porque busco y busco y no encuentro. Me observo a mí en el reflejo del espejo, y vaya, qué palabra, qué maravilla, que me halaga, la niña de años atrás, que arrasa y no para.

    Así que, bueno, quizás vengo a escribir sobre los procesos en blanco, por denominarlo de alguna forma. Y extrayéndolo desde mi propio diccionario mental a conjunto con un vocabulario un poco extraño…, quiero decir, para no copiar y pegar la misma denominación una y otra vez. ¿Pero si ya lo he descrito, no? Digo, en el anterior párrafo. No, no confundamos con los “bloqueos” del escritor porque, cabe destacar, que un escritor como a tal no tiene bloqueos, sino espacios en blanco. Huecos, y ya. En definitiva, momentos temporales inconclusos y abstractos, como todo ser humano, ¿No? Aunque el artista se dedica a descifrarse ya quiera o no quiera…, por voluntad jamás, sino por impulsos y corazonadas que van saliendo del alma.

    Si pudiese definir, concretar y precisar…, los procesos son como fases, como etapas… O algo similar, quizás. Esta mañana…, que estoy muy dubitativa, porque hay que cuestionarse todo, o casi. Y mirarse mucho el ombligo, y el pescuezo, también. Más que nada, por si acaso, y por si las moscas, que aunque no pican, molestan.

  • ¿Y ahora qué?

    ¿Y ahora qué?

    Acabo de terminar la novela. ¿Y ahora qué? Pegarse tres tiros por placer, o no sé, o volver a leerla y decirse, convenciéndose a una misma de que… vaya miseria, sí, vaya sencilla, aunque dura miseria. Florecer antes, durante y después de ser piedra, incluso una convertida ya, tiempo atrás, en ella, no justifica absolutamente nada, pero pasar y traspasarse las pieles consiste en haberse caído varias veces y también en haber estado en varias crisis existenciales. Una ya no tiene diecisiete, ni veinte. Una ya va por casi los treinta, y vaya… cómo duele. Una, además, debería enorgullecerse. ¿O no? Pero no, no es así. Después de tantos intentos por seguir en pie, vete a saber una de qué manera y forma lo ha conseguido, si es que aún no está en el proceso de ir intentándolo en un gerundio muy presente y palpable.

    Nada, que yo sigo aquí. Y desconozco en qué punto me encuentro… si en el de mira o si justamente aquel donde te observan… ¿Pero desde atrás? O si, por contra, simplemente se ríen y ya. El caso aquí es que quizás nunca ha habido caso. Así que solo voy un poco muerta o medio cansada de esta, de mi existencia vital, porque arde, sobretodo la costilla izquierda, que quiere ser amada bien: de forma bonita, fiel, leal, honesta y real, y todo eso que se dice, pero que no se hace… quiero decir, porque no pasa, no pasa.

    Es que, perdóname el pequeño pretexto, yo, quién si no, lo he intentado unas cuantas veces y me he querido, vaya si lo hice, y de verdad que lo sigo haciendo, pero me he cansado. Voy agotada, hastiada y poco saciada de un amor bonito, de uno sano.

    Entonces, las nubes grisáceas van volando y quieren estallar… querían, como yo. ¿Sabes? ¿Comprendes o no de dónde sale este acento tan raro? Quizás también amargo… “¿Y ahora qué?” Se cuestiona mi mente que de vez en cuando va demente. Pues que me encuentro en este lugar una y otra, y otra, y otra maldita vez, y que continúo sin saber. Y me quedo en blanco, me convierto, sin querer, en la tabula rasa que arrasa, y mucho.

  • Mis rutinas creativas: qué hago cuando soy un caos

    Mis rutinas creativas: qué hago cuando soy un caos

    Ser creativa es algo mágico y la mayoría de veces contiene muchísimo desorden, porque hay momentos que mi cabeza está a rebosar de ideas, de listas pendientes, de emociones encontradas y, por si fuera poco, ruido externo. Sin embargo, en medio de ese caos, voy encontrando pequeños rituales ya adaptados a mi rutina diaria que me devuelven a la vida y también a la muerte y al ir sobreviviendo entre palabras y, gracias a ello, saco lo que llevo dentro y me voy describiendo. Al fin y al cabo, una escritora termina plasmando su ser, su esencia más interna. Por eso, hoy te cuento cuáles son estos procesos que parecen inéditos, pero que están muy presentes.

    1. Ponerme en modo «observadora»

    Cuando necesito inspiración, sin querer, observo, analizo mi alrededor, a las personas, a las situaciones…, voy divagando en un mundo distinto, el mío, porque me invento cómo sería yo en otros contextos convirtiéndome en la protagonista de mis propios sueños. Por eso, escucho breves diálogos de conversaciones ajenas, me fijo en los gestos pequeños, en los detalles inéditos…

    2. Tener siempre a mano una libreta

    Como el caos no avisa y tampoco las buenas ideas, siempre llevo entre mis manos una libreta (y el móvil) listos para anotar cualquier frase, palabra o imagen mental que me inspire.

    3. Micro-rituales para calmarme e inspirarme

    Cuando estoy nublada mentalmente, dibujo flores enredadas, y así regresa mi inspiración, de esta forma relajo a mi cerebro, le ayudo a sacar lo que mi corazón parecía estar ahogando, aunque siempre terminan brotando los sentimientos.

    4. Escribir sin juzgar

    Para juzgar ya estoy yo, que desde años me he dicho internamente que no soy escritora cuestiónandome qué es la buena literatura y qué está bien escrito. Así que con esa ínfima aunque imensa presión que llevo encima desde hace tiempo, mi meta es escribir algo y, luego, perfeccionarlo, adecuando los verbos a mis tempos emocionales. De eso se trata escribir, ¿No? De derramarlos todos, soltando la miseria a bocajarro como si te fuese la vida en ello y, más tarde, quizás un año, o tres absurdos segundos, editar el texto sin tanto pretexto.

    5. Aceptar mi propio caos

    Al final, todo lo que me toca el alma, lo que me confunde o me desordena se convierte en historia, personaje, metáfora o novela. El caos podría ser molesto, pero es lo único (perdóname por encajar en una caja muy pequeña tal adjetivo), que me ayuda a crear. Y de aquí, de mi corazón que bombardea vívido, van sangrando mis textos.

    ¿Te lanzo un secreto? Cuanta más contradicción interna, más arte abundará en tu literatura, porque de este detalle nace la honestidad conjugándose con tu verdad.

    Pd. ¿Y tú, qué haces para crear cuando tu mundo está desordenado, desubicado y enturbiado?

    Cuéntamelo en los comentarios, me encatará leerte.

  • Arráncame la hoja

    Y lo siento, lo siento tanto por absolutamente todo: por ser yo, por no serlo, por enamorarme sin querer y romperte y, al unísono, estrellarnos, de donde las siete puntas raspan hasta escocer(nos) a los dos. He dejado de llorar, ahora solo me van cayendo lágrimas secas, muy internas y espesas, hacia dentro, porque te sigo queriendo y, entonces, me muero, me muero mucho. También he dejado a un lado la acción de ir tirando flechas porque el flechazo acabó directo en tu regazo, me tienes comiendo de tu mano, solo si tú quieres, pero resulta que aún no me quieres. Se ve que me impulsas a morderme las entrañas, a arrancarme las pestañas y a sacarme del fuego, yo sola, las castañas. Estoy así, tan solitaria, y rota… que ni te percatas y si lo hicieses, si me observases entre líneas que, mírate tú, están borrosas y casi borradas, ensangrentadas, quizás me sabrías leer. ¿Acaso soy un libro cerrado? Será que me encierro tanto que soy fácil de describirme. Tal como dijiste: «Soy predecible.» Joder, si lo soy tanto como tú me hiciste saber: ¿Por qué no me arrancas la maldita hoja del desamor, del dolor a conjunto con el amor? ¿Por qué no te acercas, así, sutilmente, y me plantas en mis labios todos tus deseos? Eres un cobarde, y de serlo tanto, te empieza a herir la cicatriz y, con ella, que le sale la rosa medio roja, y corta, nos provocas un sufrir mútuo y absurdo, demasiado. ¿Te dije que me arreglo sola? Pues la acción de ir poniéndome tiritas en el cora‘… bueno, se han caído todas. Ahora me encuentro en una monotonía inédita, y tanto que de mi llaga quiere salir una mariposa hecha y derecha, pero la costilla izquierda está ya quemada, difuminada. Quiero decir, que de donde debería, mi yo-poética florecer, sencillamente es el otro ser: el monstruo. Se cree tanto lo increíble, que la verdad traspasa la realidad, y mata.

  • Sorda, de corazón

    Más rota que coja, voy de cora‘ sorda. Aquel inciso, un pequeñísimo detalle: soy, me acabo de convertir en la muerte personificada. Lo siento, lo voy sintiendo tan adentro. ¿Que sonría? ¿Qué tipo de finalidad hay después de? ¿De qué? De todo el mísero, y maldito, caos. Vaya inmensidad, qué absurdez, y la brutalidad de tu serenidad, e indiferencia. Porque después de tomarme dos cafés, de los días consecutivos que se solapan; me sobran las mentiras, sí, mírame, continúo roja: mi costilla izquierda siente un dolor abstracto, pero muy, muy, muy preciso. Te está queriendo, te estoy queriendo en el jodido infierno sempiterno. ¿Y tanta eternidad para qué? Me sequé, me quedé fuera del latir: te quise y te querré a conjunto con el hueso hueco, que repiquetea entre lágrima y sonrisa amarga. Cómo abunda la soledad…, pues me siento tan solitaria. Gracias amor, por ser el erróneo. Gracias desamor por desatenderme y no corresponderme, por jamás llamarme y enviarme señales fuera de lugar, así, desconectados. Sí, porque llegaron a mí, pero distorsionados. Ya me estoy cosiendo, cogí hoja, hilo y cerebro y me marqué un triple: solté, te borré y te eliminé. Ahora estoy grapando mis dos cables inconexos. Están tan dolorosamente mal atados, los costados. Hablo de los costados… que están mal colocados. Antes se me sonrojaba la costilla derecha porque se había incendiado, estallando. El caso es que continúo rota y coja y colgada, también, de alma (por ti).

  • Piénsalo durante dos escasos segundos

    En primer lugar, gracias a aquellos que os habéis descargado Burlando el tiempo y también a los que me váis leyendo. Por cierto, estos libros tengo. Y, en segundo lugar, no hay donde hallar o, mejor dicho, ubicar absolutamente nada. ¿Qué pasa…? Más preciso: ¿Qué significa cuando una no tiene cabida? Que se pierde aún más. ¿Me pillas? Pues yo…, yo voy yendo escopeteada y está bien y hay veces que está mal, es correcto equivocarse, desistirse, enterrarse para luego fruncir el ceño y entre pestañas deslumbrar otra escasa vez. He escrito, y sigo, varias pinceladas, así, absractísimas, que provocan el cambio. ¿Sabes? El impulso con un efecto intenso de ir queriéndose. Ese es tu único poder, entre otros. El sentir, sufrir, elegir, aceptar y, luego, dejar ir. Se le llama vivir. Bueno…, sencillamente me paseaba por aquí para agradecer que, oye, es un acto que debería ir haciéndose de forma habitual sin importar las figuras ni las maneras. Supongo que acabo de plasmar una pequeñísima, pero importantísima reflexión. Piénsalo por dos segundos y, al cabo de medio más, haz saber a ti mismo que estás siendo un ser, aunque de carácter humano, eres válido.