No quiero

-Papá, no quiero ir a clase.
-¿Por qué hija?
-Porque no me apetece. No es una rebelación. Es, simplemente, que no me apetece. Me disgusta la sociedad y cómo está formado el sistema educativo. Y ya me cansa. Y sé que, o me adapto a él o muero en el intento, de intentarlo.
Además me apasiona escribir. Me quedaría todo el día escribiendo. Y también me gusta leer. En mis tiempos muertos lo hago y lo seguiré haciendo. A veces los provoco (los espacios en blanco) yo, así tengo más tiempo y leo más horas.
Y sé que suena a excusa tonta: quiero ser escritora. Toda mi vida lo he dicho, lo deseé. Lo intenté. Hace poco que me he percatado de algo: ya lo soy. De hecho, lo estoy siendo porque escribo.
Lo que me parece repugnante es que digan que de escribir no se puede vivir. Pero es que yo vivo de la escritura sin ganar ni un centavo, y vivo por y para ella (yo). ¿Me explico? Nadie nunca me ha apoyado, ni siquiera me han dicho que siga mi sueño, o quizás sí. Lo que no me dijeron es cómo. Y me doy cuenta que sin querer, por impulso, con necesidad y de corazón lo estoy logrando. Es tan reconfortante que me siento vacía. Fíjate tú la ironía.