No vas a venir tú a quererme, joder.
Pero vaya ojos.
Y qué sonrisa.
Todos tus versos, son melancolía y alegría.
No vas a venir tú a quererme, joder.
Pero vaya ojos.
Y qué sonrisa.
Todos tus versos, son melancolía y alegría.
Resucito en las cenizas de la eternidad, esta vez escribo para no llorar. Ya no se arruga el papel con mis lágrimas, ya no se moja, ya no se deshace.
Y me dices que sea más superficial, más sutil pero, querido, yo no puedo ser así. Yo soy de las que lo da todo y lo echa a perder. De las que se lanza al vacío sin querer. Soy un caos solitario quien ama su arte. No puedo, simplemente, no dejar relucir o resquebrajar mis palabras. Necesito sacarlas a flote, porque así me siento más libre.
¿Cómo te vas a enamorar de mí con todos los problemas que tienes? Pero que yo también tengo, joder. Es un simple querer.
Si nos besamos, cierto, los problemas no tendrán solución, pero, por un momento, se desvanecerán.
Te desnudas de la vida para que te queme hasta los sesos, los huesos. Te desnudas para que te agarre de mala gana y te tire al vacío para que caigas, sí o sí. No tienes opción y la vida tampoco. La has cagado tanto, estás tan rota, que ya no hay vuelta atrás. Y te hará llorar hasta que no puedas más que, cuando llegues al límite, te seguirá odiando. Nadie te querrá, ni tu misma. Todo el mundo te odiará, hasta el universo que conspirará en contra tuya. Joder, puta vida. Pura, quería decir.
Te desnudas para no sanarte jamás el alma, para tener roto el corazón hasta la muerte. Para quedarte amarga, sin alas. Para no ver el mundo, ni tu interior. Para vislumbrar en la lejanía negrura espesa. Te desnudas para que te queden cicatrices, y sigan creciendo como las ramas de los árboles.

Tal vez, sí sé ponerle sentimiento a los sentimientos.
Tal vez, sí sé quererme y querer.
Tal vez, sí sé dejar de sufrir, dejarlo todo en el olvido.
Tal vez, sí sé hacer muchas cosas pero no lo sé que lo sé poner, querer, dejar y hacer.
Estoy tiritando, no entiendo qué me está pasando. Tal vez es que me estoy enamorando, de ti.
Estaban en el césped del Parc Catalunya.
-¿Puedo besarte?
-Eso no se pregunta, se hace.
Se le escapó una sonrisa, haciendo relucir todo su rostro.
-Entonces…
Y la besó. Ella le siguió el beso.
El universo explotó, las estrellas bailaron y, los planetas, cantaron. El sueño, por parte de los dos, se hizo realidad.