Acoso

Y tienes miedo, estás asustada y huyes. Pero el miedo sigue palpitano en tu corazón. No tienes tiempo de pensar, sólo reaccionar. Corres, corres con toda tu alma. Y vas girándote. Compruebas. Pero el miedo no se detiene. Sigue y sigue. Y cuando llegas a casa, sigue aun más. Tus ojos están cristalizados, ya desde hacía rato. Y tu cuerpo agotado de tanto correr sin parar. Y es que te metes entre callejones ¿cómo sabes si a la siguiente te lo vas a encontrar? ¿cómo sabes si va a haber otro psicópata? O, mira qué casualidad, el mismo que te persiguió. Que jodido miedo.

Porque es de noche y el cielo está estrellado, no te da ni tiempo a observarlo porque no te detienes. Esta vez no.

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