Etiqueta: morirse

  • He muerto

    Voy mareada por mi existencia vital, pues mis alas, saciadas, y todos los pétalos, rotos, y vacíos, se han ido. Tanta sed y, al final, ¿Para qué? Para perderse en un bucle continuo y a rebosar de sequía. Desubícate, esta es la respuesta a todas tus cuestiones que van saltando en tu cerebro. Después, quédate agárrate, aférrate y abrázate con un tipo de cariño inédito, pero sincero.

    Porque de café a café voy perdiendo la fe. Un, dos, tres, reírte del revés. Precipicio ven a mí, ¿O me transformé en este y aquel y el de más allá? Supongo, por colocar alguna palabra absurda, que el pasado tan lejano aún late: se sigue escribiendo. El bolígrafo va dudando entre las certezas y las verdades. Las mentiras escupen realidades a mares. Bueno, enamórate, o enamórame. Bésame los destellos tan rotos, las ojeras ya aburridas de un cansancio inagotable, indesctructible, y sobretodo las alas de mi reflejo. Es que, es que…, de pretexto a paratexto en un bucle y tiro porque me alejo de las sombras. Aunque no lo parezca, me asemejo al reflejo del que todavía le falta latir. Otro partir, irse del poema enfermo, o convertirse en la lírica que está ya fuera del combate. Clavarse la bandera en el pecho, plantar la tristeza en una propia rareza.

    Quédate.

  • Muriéndome mientras te quiero

    Otra forma de morir, o de sanar. Con la bestia dentro, el monstruo se tranquiliza. Tu corazón brilla al son de aquella ola colérica, con furia. Mucha. Y la llama, que estalla, que aún estalla. Dime, solo respóndeme la pregunta:

    ¿Me estás queriendo al mismo tiempo que late el viento? 

    Porque yo sí, yo lo siento, aquí, en mi pecho. Y voy muriendo.

  • ¿Para qué existimos? ¿Con qué finalidad?

    Existimos y ya, ¿No? Así, latiendo de forma inerte en un vaivén de quehaceres que se quedan en ir diciendo y no haciendo. Voy recorriendo los amaneceres, recubriéndome de las nubes de algodón. Me corto aún más las cicatrices, profundizando en un verso interminable, o fugaz. Me regocijo, dirán. ¿Quiénes? Las voces de mi cabeza del pasado, aquel tan puntiagudo.

    El otro día paseé entre esos pliegues donde sangran mis recovecos -los muertos-. Entonces fui cuestionándome, allá, en un plural imperfecto, ¿O plusquamperfecto? Espera, me pierdo. Me ensanché de una tristeza alcanzable, demasiado palpable. Sonreí, ¿O se rio de mí ella? Se sació, tal vez, de mi monstruo inédito. O de mi manuscrito ya ido y hueco y dividido. ¿Partido o marchito? Ambos al unísono sordo.

    ¿Y latimos? Quiero decir, ¿Volamos por algo? ¿Volamos hacia alguien? Deberíamos, si pudiésemos, volar desde dentro hasta nuestro ser que bombardea, que estalla, para culminar en la explosión contínua de flores abriéndose, dejándose brillar. Siendo más que existiendo. Anque, si estás, pasa por tus propios intríngulis y quédate un tiempo inexistente. Quédate dejándote caer porque el acto de crecer tiene formas y facetas tan abstractas de florecer… Ve sintiéndote, existe como sepas, ya te convertirás en mariposa luego. Ahora, en estos días sempiternos, fluye, arrastrate como un gusano. O dos o tres. Total, ya has muerto como dos veces, no te va de matarte una tercera, ¿O sí?