Miedo aterrador

Volví a sentir ese sabor amargo subiendo por mi garganta. Mis pies aceleraban en ascendiente y mi cabeza no dejaba de girarse. Pasé por el lado de cuatro o cinco chicos que hablaban con dos chicas. Estaba asustada y tenía miedo. El corazón me subió hasta el cuello justo cuando al cabo de unos segundos miré hacia atrás y vi que me seguían. Miedo. No me detuve. Seguí, mis pies arrasaban. Iban de rápido como motos profesionales. No podía detenerme, estaba aterrada. ¿Y si me violaban? ¿Y si me mataban?

Una vez ya en casa, sana y salva me autopregunté: ¿Y si me hubiesen alcanzado? ¿Qué hubiese hecho? ¿Cómo hubiese reaccionado? ¿Qué les diría a mis padres? ¿Sobreviviría? Prefiero no saberlo nunca.

Porque mamá, ¿Cómo te quedarías si una noche llego a casa vacía y medio muerta? Desgarrada de alma. Porque, papá ¿Qué me dirías? ¿Me abrazarías diciéndome que ya pasó o me echarías la bronca como haces siempre? Por todas las cosas mal hechas que hago.

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