Éxtasis

Hay personas que me desconciertan, que me sacan de mis casillas, que me desencajan. Aun así, sigo mi guerra. Porque nunca termina, porque no se detiene, porque sigue, sin parar. Es un ciclo oculto que continúa.

Hoy mis ojos no querían abrirse, se pegaron mis pestañas entre ellas, aun así, luego de un largo rato, senté la cabeza y me levanté. Bajé de mi cama poniendo un pie delante del otro. Subí la persiana y entró la luz de golpe por mi ventana. Era un día soleado, y mi alma ya no lloraba. Mi corazón estaba húmedo y no por las lágrimas, sino por el oleaje del amor del día anterior, que sigue presente en mi vida.

Entonces un desazón entró por mi esófago y mi estómago se removió, quedándose de piedra, siendo pesado. Aquel que hacía tiempo que no me decía nada, lo volvió a hacer. Regresó para jugar mal sus cartas. Esta vez no podría porque desistiría. ¿Qué se creía? El “rompecorazones” se hacía decir.

Y, luego de asearme, aquella se atrevió a desafiarme, a decirme y describir mi yo interno, afirmando que me conocía. Me sorprendió: ¿Cómo alguien podía conocerme si no lo hacía ni yo misma y si ese alguien ni se conocía a sí mismo?

Admiraciones que alteraban mi quietud.

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