Retrospección

Entonces, sentada en el sillón de aquella habitación, cerró los ojos. Retrospección.

Immersión en una profundidad demasiada esclarecida.

La mujer, de cabellos anaranjados, empezó a hablar y ella, en su memoria, se imaginó a una niña -ella- en medio de un bosque en abundancia de sentimientos y un alma poco florecida. Descubrió como la tenía rota y vacía, muy vacía y muy rota, muy, muy, rota.

Descubrió como temía al mundo y a la vida, como temió, como se amó y se quebrantó. Era, sin más, una niña alcoholizada, vulnerable ante la immensidad de aquel mundo. Era, una niña astustada.

Y comenzaron a asaltar las preguntas, preguntas maleducadas, inadecuadas.

Después, después de que la narración terminara, al instante, abrió los ojos. Y, se encontró, otra vez, en la habitación sentada en el sillón.

La mujer, de pelo anaranjado, la invitó a sentarse en una silla. Aceptó y, al instante que lo hizo, segundos eternos y una mirada analizadora, se lo preguntó como una bomba, un disparo en el corazón. “Cuéntame qué has visto”. “He visto a una niña que era feliz”.

Ella, era yo.

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